Mostrando entradas con la etiqueta Actualidades. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Actualidades. Mostrar todas las entradas

viernes, 23 de marzo de 2012

Decir que no hay olvido

Quiero decir noche. Quiero decir miedo. Quiero inventarme la palabra y hablar de lo que no entiendo.
Quiero decir mi piel que no vivió para verlo, mi cuerpo parchado de memoria, mi sangre ahogada de grito sin nombre.
Quiero decir que la vida debe hacerse agua en la boca, que los pies bien plantados en la calle debieran ser nuestro derecho y nuestra obligación, nuestra celebración y nuestra lucha.  


Hay tanta muerte muerta, tanta ausencia de brazos cruzados, tanto silencio cosido a las bocas. Hay un mundo de cosas perdidas, de amores truncos, de proyectos desparramados. Hay corazones derrochados y pasiones con espasmos, a punto de dar su última bocanada en nuestros brazos.


Pero están mis ojos, charcos de turbia historia que no se quiere ir. 
Están mis manos para cuidar, con mimos torpes de niño, el mundo que quisieron legarnos, a mí, a mis hermanos, a mis amigos y hasta al tipo que hoy se quedará en casa, tan cerca de su cómodo sofá.
Están las palabras que cultivo todos los días, este intento de hacerme mayor, de estar a la altura de mi tiempo y, con esto, de honrar los sanos sueños de quienes hoy no están, dueños de un hechizo de amor y miedo, de ternura y libertad ('...porque donde unas cuencas vacías amanezcan, ella pondrá dos piedras de futura mirada...'). 


Todo eso y además tus ojos. Y además tus manos. Y tus palabras nuevas y enamoradas.


Y está, cómo no, la verdad contagiosa de que no hay olvido. Las ausencias nos besan en la boca y no hay manera de dejar de sentirlas nuestras. Soplos de memoria nos habitan.


Yo no me olvido. Nada. Nunca. 
Y el que olvide, algún día tendrá que dar cuenta del hueco que lleva encima, de la sombra que lo oscurece y de la triste, triste, suerte de ser a quien la Historia no le ha enseñado nada.


A 36 años del tropezón más atroz de nuestra historia, ni olvido ni perdón: memoria y justicia.
Por 30.000 personas que todavía nos duelen.



Yo voy a prender la luz 


''(...) No podré despedirte, vos sabés por qué. Nosotros morimos perseguidos, en la oscuridad. El verdadero cementerio es la memoria. Ahí te guardo, te acuno, te celebro y quizá te envidio, querida mía (...)'' R. Walsh

No voy a dejarte en la oscuridad. Es una promesa.
Yo voy a prender la luz. Yo y los que vienen conmigo, que somos varios...No muchos, pero yo digo que suficientes. Tendrá que alcanzar con nosotros. Con nosotros y los que con nosotros quieran venir, los que se dejen pintarrajear de memoria, los que se contagien de esto que duele sin reposo pero que tan vivos nos tiene...tan vivos...
Y si la luz es mucho, si se me escapa por las manos, si se derrite antes que llegar a vos, haré lo posible, lo otro, lo que sí esté en mis manos. Voy a ser la de las antorchas, los fósforos, las luciérnagas. Voy a ser la que invente el fuego, pero a oscuras no te vas a quedar.

Ya sé que suena a que no, a qué estás diciendo...pero si me conocieras mejor, me creerías.

Es que, de mí tenés que saber algunas cosas. Unas pocas cosas que me pintan de cuerpo entero, así de sencillo es mi mapa, unos cuantos caminos y todos a Roma (o a París, que me gusta más).
No sé hablar. Las palabras se me enredan todas, se alborotan por salir o se retoban, según el día y el interlocutor. A veces tengo un mundo en la boca y otras me anulo por miedo, por respeto, hasta por amor.
Y como hablo mal y pronto, entonces escribo. No lo elegí. Me vino como una pulsión primera, el acto reflejo del martillo en la rodilla, no lo sé. El caso es que cuando escribo siento que me escuchan, que algo se mueve dentro mío, que del otro lado hay algo más que viento.
Soy torpe para casi todo, y exagero. Tengo más miedos que años y sigo buscando, como en el fondo de un pozo, las razones que me pegan a la tierra, las cosas que me rompen en pedazos y las que me vuelven a armar. Me asusta tener que bucear para encontrarlas pero me aterroriza la posibilidad de que siempre hayan estado en mis manos y la verdad sea, al final, esta forma que tuve siempre de mirar a todos lados o la primera luz que se ve desde la ventana de mi cuarto.
Me envicio, me desvelo, me deshago fácilmente, me pierdo el rastro de vez en vez. Y también canto, cuando todo eso o cuando no, para curar o para que duela más, como una caricia o un alarido, canto...tan débil soy que cantar es mi mano alzada y fuerte...

Con todo esto nada más quiero decirte que no tengo fórmulas del éxito, pero juego a que me las invento. Así somos los tercos: cuando hemos perdido hasta el nombre, seguimos revolviendo el polvo. Con los ojos gastados de tierra y el corazón en la mano, seguimos, casi siempre, porque no hay otra. Por eso y porque hay algo que nunca nos quitan, que no se nos ensucia, que no se nos pierde. Y es la pasión. La tinta roja con la que escribo, la de mis banderas y mis puteadas, la que me empujó a hacer el camino inverso cruzando el mar.
La pasión de ser lo que se pueda, pero con fuerza y hasta el fondo. La pasión que me une los apasionantes, apasionados amigos míos. La que me mareó de colores algún día en la primera infancia, o más tarde, cuando el mundo se dio vuelta y quedé con los pies en el aire, bocabajo a un tiempo de sangre y cosas que no conocía yo.

Y con eso, con tan poco, voy a prender la luz. Será quizás intermitente y tenue, pero toda mía. Toda tuya. Yo te lo prometo. No sé hablar pero tengo palabra. No me conocés pero yo te sé de memoria. De memoria: ahí te guardo y te acuno.
Ya no me quejo, es una tristeza heredada y compartida; la historia es, dolorosamente, mucho más larga que vos y yo.
No me quejo pero tampoco me duermo. Cuando me descuido me despierta la sangre y su cauce que suena, a cosa vieja suena, y me da un sacudón. Me despierta para recordarme que mi compromiso es la luz. Cargarla. Y llevártela. Para que no te quedes en la oscuridad.

La memoria me prohíbe apagarme. Hay que alumbrar todos los frentes, el camino por delante y hacia atrás.
Y si todos se cansan, voy a quedarme igual. Yo voy a ser la del frasquito de luciérnagas, para que no te pierdas de vista, para que no te quedes en la penumbra que no elegiste, en la que te arrojaron sin preguntar.
Yo voy a cuidar que no te quedes en ninguna oscuridad.
Es una promesa.
No me conocés, pero es verdad.


(febrero de 2011)

domingo, 18 de diciembre de 2011

Otra vez del aire



A mi amiga Conti, con personal orgullo y gratitud. Y a todos los que, como ella, trabajan por la Verdad, la Memoria y la Justicia, desenterrando la Historia de todos.




¿Qué desprende de los cuerpos? ¿Qué química los hace cuerpos, los hace vida?

Miro los cuerpos amontonados sobre la tierra. Un sudor frío me recorre la espina dorsal. Siento que ya pasó el horror, que atrás quedo el espanto, la náusea, la pena honda de la muerta bruta, anónima y apilada.
Miro los cuerpos y siento el hueco que los atraviesa: el peor de todos, el intangible, hecho de tiempo maniatado, empujado hacia el fondo de lo oscuro.


Los miro y se me dibuja el misterio de lo que han sido, de lo que siguen siendo probablemente entre la tierra adormecida. Pienso en esas manos de acariciar, en el amor que durmió en ese pecho, en los libros de los que se adueñaron esos ojos. Pienso en la poesía que pudo caber en esos cuerpos, en el desborde, en la duda que los habrá habitado.
Pienso en las bocas y en las palabras que se habrán dicho. Y quiero llorar hasta que mi llanto llegue a la tierra y haga crecer flores por sobre la muerte sin velos ni tapujos.




Veo cuerpos exhibidos. Han vuelto a ser del aire. Han vuelto a ser nuestros, de los vivos.
Han vuelto a ser material de luz, como lo fueran cuando de sus pies se hacían pasos y los pasos querían despejarnos el camino, el de todos nosotros.


Sabrá la ciencia sacarnos más dudas, y decirnos nombres e historias en donde los ojos no ven más que huesos viejos y sobrevivientes. 
Sabrá la ciencia lo que de estos cuerpos se desprende.


Yo, mientras tanto, los veo encendidos, desprendiendo aromas de casa materna, de libros guardados, de cartas sin mandar perfumadas de tu piel.
Los cuerpos destilan palabras rotas, por si alguien las quiere venir a reparar.


Yo los miro y siento temblar la tierra: ese es su grito de amar la verdad.
Aprieto los puños y, con un manojo enamorado de tierra, salgo a caminar.

lunes, 18 de enero de 2010

La Virgen de Occidente

Anoche tarde ardió mi frente
bañada en fuego artificial.
Era la Virgen de Occidente
era la Virgen infernal.

Vino con todos sus ungüentos,
vino fingiendo ser la luz,
vino con átomos sangrientos,
vino demócrata y con cruz.



Qué van a hacer con la muerte...
Donde carajo les cabe la tristeza....
Y el hambre, como se revuelve el hambre hasta que se les olvide, comer, rogar, vivir.
Qué esperan los desesperados? A que vengan los semi-dioses de las promesas a decir "Aqui estamos, esto somos nosotros", y hagan algun gesto comedido. Y pongan su firma, y agreguen humanidad a su curriculum, y hagan y deshagan como es su deber, el de quién sabe quién les destino a ellos y solo a ellos.
Los semi-dioses son cortos de vista y no ven lo que pisan, lo que pisotean con el placer de la omnipotencia. Y tan fuertes, tan fuertes son, que hacen pactos con la tierra para que les de la razon y la oportunidad de salvar el dia.
Pero el dia, los dias, hace mucho que vienen muriendo, hace mucho que nacen muertos en algunos rincones del mar.



jueves, 5 de noviembre de 2009

Sin acentos

No me aguanto.
He cambiado de hemisferio, de horario, de continente...y lo que mas me afecta es haber cambiado de teclado.
Pasé un mes debatiendo conmigo misma, sin saber qué hacer: no soporto escribir sin mis acentos (excepto el de la 'e', que en francés, voila, existe) y haciendo esfuerzo por lograr mi querida eñie; y por otro lado no puedo estar sin escribir. Me hace mal ver desierto mi borrador de suspiros mientras los papales se siguen llenando de impresiones, emociones, ideas, idas y vueltas.
Asi es que, en una lucha interna y constante, he decidido publicar aun sin acentos. Queda en manos del lector poner las tildes donde corresponda, y en las mias, el no volverme tan loca.

A partir de hoy, entonces, queda inaugurado el borrador desde estas otras tierras. Le brouillon des soupirs...siempre en español, por supuesto, la lengua que es mi casa.

Sepan disculpar...espero darme alguna vez yo misma la absolucion :/ (colocar alli un gran acento).

lunes, 6 de julio de 2009

Historias con barbijo I


Nos enamoramos en lo que fue un ejercicio de la imaginación: tuvimos que adivinarnos las bocas detrás de los barbijos protectores, esos que sólo se los habíamos visto a los cirujanos de ER, y ahora llevaban todos, como un ultimísimo grito de la moda, y que salían convenientemente, el triple de lo que habían costado siempre. Pero no importaba: las sonrisas también se dibujan en los ojos y a mí, dentro de todo, me convenía para disimular la chuequera de mi boca cuando se pone nerviosa.
Tuvimos que aprender a tocarnos estratégicamente, a recorrernos con tacto precavido, con afecto desinfectado (no desafectado). Nos acariciamos con palabras ante el menor signo de un resfrío, y anticipábamos la fiebre con otras calenturas.
Y nos frotamos con alcohol en gel y nos soñamos despiertos, mientras dura la cuarentena y no queda otra que cambiar la vida por el tele, el té con limón y miel y los paños tibios.


Qué duro querernos en la enfermedad, hoy que se apaga y se guarda la ciudad. Nos cansamos de las salas de espera y pasamos directamente a la terapia intensiva: pacientes de riesgo de todo esto que no terminamos de entender. Por algo hay tanto escrito sobre el amor y la enfermedad. Será eso del contagio y el peligro, o la verdad universal de que es tan amargo el jarabe que lo cura, que preferimos soportar estóicamente el dolor agridulce, con diagnóstico reservado y bastante poco alentador.

A veces me parece que te trajo todo este apocalipsis, que viniste a ponerlo todo de cabeza, que es como decir que viniste a ser noticia, a dejar huella y también a asustar, claro, porqué no. Un susto que acelera el pecho y baja las defensas, con vos no sirve la inmunidad y una se deja caer en cama sin temer arrepentirse luego por su mala salud.
Un amor pandémico el nuestro, que va globalizándose porque hicimos que se enteren todos, de acá hasta Japón, de cómo nos conocimos y de lo contagiados sin remedio que ya estamos (con el agua hasta el pupo y chapoteando de gusto).


Yo sé, que la lluvia y la peste siempre se terminan. Yo sé. Pero quizá cuando todo pase aprenda mi cuerpo a convivir con ciertos virus, y cambie el signo y te hagas parte de mi metabolismo y no haya que temer otra recaída. Quizá. Cuando todo pase.
Mientras tanto, alguien deberá ir escribiendo sobre el amor en los tiempos de la gripe A. Otra página en la historia de la literatura. Y del amor, claro.

A Ceci, que se la vio venir... ("...Próximamente: historia de amor entre dos barbijos'...")

jueves, 18 de junio de 2009

Les cuento del resto de mi vida...



A los amigos de siempre, a los curiosos leedores de siempre (que son amigos sin que yo lo sepa, claro), a los que sólo pasaban por aquí por primera vez (de muchas, esperemos), y a los archi-enemigos que por ahí siempre andan, rondando:
les cuento, he inaugurado nuevo blog. Antes de que se olviden para siempre de cómo era éste, les aclaro que no piensa el nuevo desplazar a éste: van a ser dos blogs paralelos pues el uno no tendrá nada que ver con el otro.
Aquí seguiré colgando más de lo de siempre, esperando que, si no mejora la calidad, al menos a algunos siga entreteniendo.
Allá voy a emprender el duro pero no por eso menos emocionante proyecto de una novela, con forma de blog. Algo que no inventé de ninguna manera (ya existen muchas y muy buenas) pero que, con mucho gusto, quiero explorar. Una bloguela, o noveblog, o blog-novela o novela enblogada, o blog novelado... ya no sé. Pero, eso: una historia, más o menos larga, con un suspenso más o menos sostenido/sostenible, cuyas partes iré subiendo cada tanto.

Va entonces la invitación formal: entre los links de la derecha encontrarán uno que los llevará directamente a ese nuevo lugar. Responde al nombre de 'Del resto de mi vida'.

Lo primero ya está arriba y listo para sus mordiscos, feroces críticas, tibias devoluciones, emoticones ininteligiles o respetuosos silencios, lo que se les ocurra será aceptado por comentario...que es, al final, el motor de todo este ida y vuelta de palabras.


Saludos cordiales y reverencias para todos,


zoe.-

domingo, 3 de mayo de 2009

Amanecer más vieja


Amanecer más vieja es mentira. Nadie crece así, tan de sopetón. Es un poco más difícil hacerse grandes, no se puede dormir y con dos o tres vueltas en la cama, despertarse del lado mayor de la vida. Porque es que la vida tiene esa cosa de pedir que la anden y le den vueltas, que le saquen el jugo como a una naranja o, en todo caso, que la acaben a mordizcos rabiosos. La vida no se duerme ni se amanece, por más temprano que una intente despertarse.
De cuando le tenía miedo a los años (miedo que, sospecho, volverá cuando éstos sean cada vez más) me quedaron muchas cosas escritas, como me ocurre con todo: la mala maña de escribir no te permite olvidar muchas cosas. Y el terror a los años era terror al cambio, a que algo se me diera vuelta, a que se quebraran los esquemas, y se cayeran los castillos de arena y de aire, a que me robaran el sueño o, peor, a que lo renunciara yo solita. No me culpo, eso todavía me asusta un poco. Pero hoy conozco algunos secretos, algunas cosas que me dan por sobrevivir y por celebrar que tengo tiempo para seguir hablando, tropezando, rompiendo a llorar y agradecer. Sé, por ejemplo, que el tiempo sólo se lleva lo que puede, que derrapa, sí, como la creciente de un río, pero hay cosas tan mezlcladas dentro, tan atoradas en el pecho de una, que no hay caso. Y a veces todo nos desgarra, y sufrimos los arañazos más hostiles del calendario, pero lo de adentro no, y no se toca, y no hay quién pueda, y no hay quién deba, dejarlo partir.
Sé que adelante estamos nosotros también, los mismos, los de siempre, y temerle al espejo es una torpeza. Es mejor pensar que mañana es un mundo habitable, como dijera el trovador, y buscarlo de a trocitos, de a retazos, en las cosas buenas que hoy nos hacen guiños, y en las cosas torcidas que tendremos que enderezar. No sé si contaremos con muchas manos, pero están las tuyas, y están las mías, y las de algunos más, quiero decir, están las nuestras...y si no es suficiente, entonces, es una pena, porque tendrá que alcanzar. Tendrá que alcanzar.
Cuando tenía, ahora, 8 años menos, escribí para cuidarme, para resguardarme del olvido, del cambio, de los años, y del miedo de que todo se terminara y no quedara un rastro de quien era entonces. Creía que venía esa creciente de río y que iba a quedarme sin hogar. En cambio, ocurrió que la creciente no logró inundarme la habitación, ni me deshizo los papeles ni me embarró el camino aquel por donde volvía de la escuela, el de la casa de los amigos, el de la mía propia que es, y esto es lo mejor, todavía la misma.
A los 16 años escribía yo:

Te voy a hacer un mapa de lo que soy yo en este momento.
Quiero que te acuerdes bien de las cosas de las que hoy estoy segura:
No sé olvidar, todavía no lo aprendo aunque lo busco.
Por propia experiencia, soy capaz de asegurarlo: La única libertad que le queda a la gente hoy en día, es la libertad del alma.
Las personas nunca dejan de sorprenderme.
El abandono tiene que ser algún tipo de “deja-vú”.
Intentar burlar al destino, se está convirtiendo en una especie de misión para mí.
A veces cuando lloro alcanzo a sentirme vacía, y eso es sano.
A veces cuando lloro alcanzo a sentirme demasiado vacía y eso es preocupante.
Me gusta masticar un chicle de menta todos los días. Ahora sospecho que con eso estoy matando toda la ansiedad.
En el fondo no entiendo nada de nada, pero estoy casi convencida de que, en realidad, los otros tampoco.
Silvio Rodríguez, a fin de cuentas, tiene razón: eso de lo eterno es un invento, o como dice él “La eternidad no es más que un truco para continuar” (¿era así, no?)
Siempre me guardo los boletos de ómnibus, aunque ni me fijo si me tocó capicúa.
El tiempo tiene que ser una ilusión, igual que la muerte.
Quiero dedicarme, de ahora en más, a conocer: todo, lo que sea, no me importa. Me imagino que para eso se está, ¿o no?
“Escapad gente tierna, que ésta tierra está enferma. Y no esperes mañana lo que no te dio ayer, que no hay nada que hacer”
Quiero saber cómo será en realidad, ver hasta dónde morir es dejar de existir y desde dónde morir es renacer en otro y de otra forma. ¡Lo que no daría porque así fuera!Tengo ganas de ser otra aunque de nada de mi vida me arrepienta.
Quiero saber lo que es alcanzar una meta, si realmente es como tocar el cielo con las manos o esa es sólo la imagen que nos venden.
Quiero tener que morir de pie.
Es verdad eso que vos decís, que hablo sola. Y sé que no soy la única. Nosotros, yo y todo los que hablan solos como yo, somos la prueba viviente de que el deseo de soledad absoluta no existe, porque es insoportable, hasta para mí.
Sartre siempre tuvo la razón, o por lo menos, a mí me cierra perfectamente.
Cuando hablo de dios algo me tiembla adentro, como si por alguna parte me estuvieran amenazando con un cuchillo: “Cuidado con lo que vas a decir...”Y en una de esas es así, ¿O no viste como cada vez que alguien dice “no creo en dios” donde sea que esté todos los ojos cercanos se dan vuelta para mirarlo?
A esto de tener la capacidad de repeler cierto tipo de gente, siempre lo vi como una desventaja, y sin embargo empiezo a darme cuenta de que dentro de todo es un buen negocio...o por lo menos me garantiza que nadie que se me acerque puede ser tan distinto a mí...al contrario...
Hablando ya de frivolidades, me gusta mucho más el azul que el turquesa, y el rojo que el fucsia; me gusta caminar por la lluvia hasta que las zapatillas hagan ese ruidito al caminar llenas de agua adentro; me gusta reírme a carcajadas y hasta que me duela la panza; me gusta el viento; me encanta cuando las dos, vos y yo, decimos la misma palabra o la misma frase al mismo tiempo y vos me mirás extrañada como si no supieras que parecemos nacidas de lo mismo y que nuestras conciencias trabajan juntas, consultándose.
¿Nunca sentiste que todos somos más simples de lo que creemos? Y no nos vamos a terminar de descubrir nunca porque estamos hechos para cosas más complicadas.
Tengo miedo de estar por morirme y que, en ese momento, en el que la vida entera pasa frente a tus ojos, no vaya a ver más que un par de imágenes tristes del pedacito, ese mínimo, de almas y de lugares que llegué a tocar y a pisar, que tenga que ver, sintiéndome lástima, nada más que el mundito que conocí, y que siempre fue el único para mí.
Creo que sí existe, claro que existe, el fin de toda fuerza humana, el último y final “me rindo”, el ineludible dejarse vencer y para siempre tirar todo, porque a esa altura nada lo vale. Y creo que la gente ha llegado a eso sin darse cuenta, muchas veces más de lo que se imagina.
¿Viste como las presencias de las personas están siempre en ciertos lugares, los que son de propios de ellos, sus lugares particulares, pero las ausencias, todas, cualquiera de ellas, te persiguen y están en todas partes?

A los 23, lo firmo, todo. Todo está intacto. Hoy sólo querría agregar algunas obviedades que entonces no aclaré (quizá porque a la adolescente que era le parecían evidentes).
Y entonces quiero decir que me gusta latir, aún con toda la taquicardia que me aqueja, porque sospecho que estar viva es un juego y una promesa, una apuesta y un paseo, y habría que ser bruto para no querer probarla.
Me gusta cuando mis amigos se me adelantan en lo que voy a decir. No es magia, es sólo (y no es poco) tiempo y afecto compartidos, mucho de ambos. O sí, es magia.
Me gustan los nocturnos de Chopin, el claro de luna de Debussy, ese llanto musical que sabe componer Morricone: música desnuda de palabras que me habla de la tristeza, de un domingo a la tarde o de las cosas que a la fuerza se agarran al alma y no se pueden arrancar.
Me gusta, me encanta, este barrio, y esta casa: conservar el lugar donde di los primeros pasos y me choqué a los primeros miedos, salir a ver el cielo desde el mismo balcón.
Me gusta la casa sola y los crepúsculos, la música y el mate mientras corre el aire, suenan llamadores de ángeles y todo huele a sahumerios.
A veces me da por llorar bajo la ducha, para que no lo sepa nadie. Hay que llorar cuando el cuerpo así lo pide. Llorar para hacerse fuertes contra el llanto, algo así como una vacuna contra la enfermedad.
Soy azul oscuro, casi, casi, negro. Estoy buscando los colores y las luces. Buscar es mi signo, yo sé, nací bajo esa estrella y renegar de una cosa así, sería inútil.
Lo que quiero es conformar al espejo, a las ilusiones, a este tiempo. Quiero creer que el amor es para todos, que se tropieza, que se demora y al final, más temprano que tarde, nos hace el guiño que faltaba. Y no basta con desearlo. Lo que quiero es oirlo, de una vez, oirlo.

Lo que quiero es vivir a la altura de mis ojos, de mis manos y de las caprichosas exigencias de mi corazón, que me pide terremotos y eso de nunca estarse quieta.

Hoy que 'amanezco más vieja', lo que quiero es vivir.

viernes, 3 de abril de 2009

A 27 años de un olvidado desembarco


"La guerra de Malvinas es como una gran cámara oculta que filmó a los argentinos en calzoncillos. O desnudos: en pelotas. Nos dejó con todas nuestras miserias y todas nuestras grandezas al aire. Eso es Malvinas. La cara y la moneda de lo que somos. La cara que mostramos y la cruz que llevamos. Las dos caras de la moneda. El coraje y la cobardía. El corazón valiente y la ropa sucia. Las dos islas que son un solo corazón. La melancolía de la Soledad y la euforia de la Gran Malvina.
Vistas desde arriba, las islas son como dos aspirinas en el mar de nuestro dolor de cabeza nacional. Son como la escarapela temblando en el pecho del guardapolvo de un chico argentino, con el pelo engominado y las medias tres cuartos, que canta el himno y afirma con una certeza celeste y blanca: 'Las Malvinas son argentinas'.
Las hermanitas perdidas. La tierra irredenta. Las Malvinas. Como si nuestra identidad tan buscada estuviera fuera del continente. Fuera de nosotros. Más allá. Allá en el frío, en el sur, en el mar y entre gente que habla inglés.
- Subí la ventanilla, nene. Apurate, mirá para otro lado. No, señor, no necesito curitas...Sí, sí...ya sé que usted es un ex combatiente de Malvinas. Lo sé y lo respeto. Pero no necesito curitas, gracias señor. Gracias, disculpe, el semáforo ya se puso en verde. Gracias, disculpe.
Malvinas es la patria que se nos sigue muriendo. Esas Malvinas. Es la patria que se suicida. Ya son más de 200 los ex combatientes que se mataron y casi ni salen en los diarios. Los barrimos debajo de la alfombra, como aquella noche que llegaron. Ni bola: yo, argentino, si te he visto no me acuerdo. Entraron por el patio del fondo, por la puerta de servicio. Casi clandestinos, como si fueran delincuentes. Con sus heridos, con sus muertos, con sus mutilados. Vencidos, derrotados, rendidos, o juremos con gloria a morir.
O a sus plantas rendido un león. Malvinas es nuestro espejo más brutal. El espejo en el que menos nos gusta mirarnos. Porque ahí está un general como Galtieri, valiente para la tortura de mujeres indefensas, majestuoso para los Estados Unidos y borracho de soberbia, borracho de ignorancia, caricatura de dictador que quiere eternizarse y es capaz de cualquier cosa para lograrlo. De tomar las Malvinas, por ejemplo. De tomarlas de un trago, sin pensar, sin creer, sin vergüenza, sólo con el mínimo objetivo de engañarnos y quedarse.
Pero en este espejo también están los colimbas argentinos. Los que conocieron por primera vez el frío y murieron congelados. Los que gritaban sapucai en las trincheras para calentarse por dentro. Los del coraje mesopotámico, los de abajo, los de la esperanza.
Es verdad que están los Astiz y los Menéndez, los que se rindieron en el primer amague y los que no tuvieron dignidad para hacerse cargo de la derrota. Pero yo no me olvido de los pibes que fueron estaqueados por robar comida, o los que están sepultados en el mar después del hundimiento del Belgrano.
Yo no me olvido de Malvinas. O por lo menos creo que no debo olvidarme. No se olvide de Malvinas. Fueron 74 días de guerra y todavía hay gente que dice que este país no perdió ninguna guerra.
Quizás Malvinas sea la confirmación de lo que otros dicen de nosotros: que los argentinos somos buenos de a uno, que somos buenas individualidades. Como César Milstein, como Atahualpa, como Maradona, como los aviadores militares, verdaderos valientes, ingenieros del aire, como cada colimba que luchó sólo con su hambre, como Gardel, como Borges, como Cortázar. Como Sábato y Favaloro.Eso dicen de nosotros: que por eso hay argentinos buenos en todos lados y que, sin embargo, no hay una Argentina buena. Dicen que en equipo nos cuesta construir un país digno. Que de a uno valemos la pena pero que de a muchos damos vergüenza.
¿Será que necesitamos subordinación y valor para entender a la patria?
'-Papá, ¿es cierto que les robaban los chocolates y la plata que se juntó para los soldaditos? ¿Es verdad que ni las cartas les llegaban a los pobres? ¿Vos escuchaste a los periodistas que decían 'vamos ganando' mientras nos estaban destruyendo? ¿Se puede creer todo eso, papá?'
Insisto: Malvinas es un argentino desnudo frente al mundo. Sin psicoanalista que valga. Cantando en un acto de plaza de Mayo que 'tras un manto de neblina no las hemos de olvidar'. Gritando '¡Ar-gen-ti-na!' aferrados a una bandera con un sol de guerra, entre los tanques, entre las tumbas, entre los militares, entre los asesinos sin ver claramente qué ocurre más allá de nuestras narices patriotas.
Malvinas también es la plaza reprimida, es la plaza con la espalda rota a bastonazos, es la plaza de la protesta, del grito y del reclamo. Malvinas es también tomar conciencia, sumar el rock a nuestra cultura, pedir con Charly que no bombardeen Buenos Aires y cantar con León, entre miles de pibes temerosos en Obras, que sólo le pedimos a Dios que la guerra no nos sea indiferente.
A ese Dios que, como todos saben, es argentino. Todos lo saben, menos los ingleses."

Alfredo Leuco, periodista argentino.





lunes, 23 de marzo de 2009

33 años de seguir cantando...

24 de marzo de 1976- 24 de marzo de 2009

A 33 años del golpe cívico-militar más sangriento de la historia argentina, quizá la única conclusión que salva es que de pie seguimos. Que no nos interesa 'reconciliarnos' porque nada bueno puede construirse estrechando manos cuando todavía, por debajo de los pies, corre la sangre. Que nos queda la memoria, que no es poco, y la voluntad de justicia, el puño cerrado y todos los gritos que en otro tiempo supieron callar tan estratégicamente. Que el sueño sigue intacto porque, como dijera el poeta, nuevos brazos y piernas han crecido de la carne talada, y todavía hay quienes queremos trabajar para la libertad. Que todavía cantamos y no estamos solos: muchos cantan con nosotros.


Si cada hora viene con su muerte
si el tiempo era una cueva de ladrones
los aires ya no son tan buenos aires
la vida es nada más que un blanco móvil
usted preguntará por qué cantamos...

Si los nuestros quedaron sin abrazo
la patria casi muerta de tristeza
y el corazón del hombre se hizo añicos

antes que estallara la vergüenza
usted preguntará por qué cantamos...

Cantamos porque el río este sonando
y cuando suena el río, suena el río
Cantamos porque el cruel no tiene nombre
y en cambio tiene nombre su destino

Cantamos por el niño y porque todo
y porque algún futuro y porque el pueblo
Cantamos porque los sobrevivientes
y nuestros muertos quieren que cantemos

Si fuimos lejos como un horizonte,
si aquí quedaron árboles y cielo,
si cada noche es siempre era una ausencia
y cada despertar un desencuentro
usted preguntará por qué cantamos...

Cantamos porque llueve sobre el surco
y somos militantes de la vida
y porque no podemos ni queremos
dejar que la canción se haga ceniza.

Cantamos porque el grito no es bastante
y no es bastante el llanto ni la bronca
Cantamos porque creemos en la gente
y porque venceremos la derrota.

Cantamos porque el sol nos reconoce
y porque el campo huele a primavera
y porque en este tallo en aquel fruto
cada pregunta tiene su respuesta.

(Por qué cantamos- letra: Mario Benedetti. Música: Alberto Favero)






A 33 AÑOS, NI OLVIDO, NI PERDÓN.

CÁRCEL COMÚN PERPETUA Y EFECTIVA A TODOS LOS GENOCIDAS: NI UN SOLO ASESINO MÁS CAMINANDO POR NUESTRAS CALLES.

lunes, 2 de marzo de 2009

Des-eduquémos

Hay muchas cosas en el mundo que no entiendo, pero hay una en particular que detesto profundamente no entender porque la lógica me dice que debería ser mucho más sencillo de lo que es: el tema de la mala educación.
Y no me refiero a la gente que no saluda, que no sabe decir gracias o que no conoce ni una mínima regla de conducta social (todo lo cual me parece tentadoramente discutible, pero para otra vez).
No, me refiero a la mala educación de salir de las escuelas, las universidades o cualquier otro centro de estudios, sin haber aprendido más que a repetir, a callar y difundir ese silencio, esa resignada automatización.
Maleducados estamos cada vez que un profesor nos pide las lecciones 'de memoria', cuando se nos exige desaprender las pasiones, móviles absolutos de todo lo que vale la pena.
No sirve la escuela cuyos papeles de fin de año da lo mismo guardar o quemar, y los libros que admiten una sola lectura porque así lo dicen los jefes de cátedra, los críticos o la academia. No sirve la universidad de los mudos (o de los amordazados), la que come de las frustraciones y augura el peor de los futuros posibles.
No es verdad que 'las cosas son así', ni es definitivo ningún discurso, por alto que esté el podio de su autor. Y tenía razón la canción, al mundo lo habían partido en dos, los sueños se desangraron y en la escuela nadie se enteró de nada.

Si vamos a ser categóricos digamos otras cosas. Digamos, por ejemplo, que la educación no sirve si no es para la libertad, porque libres deben ser los hombres que sepan confiar en sus manos y su voluntad de torcer los rumbos. No sirve educarse maniatados.
Es inútil tener un pizarrón y una burbuja, la maravilla de la letra sin nada verdadero para decir. Y cuando digo verdadero me refiero a lo que pasa allá afuera, a eso de que haya calles y tantos mundos como caminantes y tantos caminantes como verdades.
Me refiero a practicar, a ser expertos, en la propia y desordenada caligrafía porque hace falta que alguien diga algo sin que se lo soplen al oído. Quizá, de una vez por todas, haya que cambiar la estrategia y empezar a pensar que la vida y el sueño son, en realidad, dos caras de la misma moneda, y que los soñadores empedernidos (los que no dejan de tender puentes, de llorar del esfuerzo, de cantar ilusionados a su sueño) no son los idiotas que se atreven a creer que hay otro mundo posible.
No puede ser que las aulas se dediquen a ajarnos las alas, a coartarnos el brillo, a convencernos de que todo tiempo pasado fue mejor, que llegamos para el postre y es mejor pasar por la fiesta de bajo perfil. Las aulas deben ser talleres llenos de espejos, un lugar donde no se divorcie el arte de la ciencia ni a la cabeza del corazón, un lugar donde crear no sea de 'chantas' sino de alquimistas que tienen mucho que decir a los que vendrán.
Qué enferma está la educación que nos tiene a todos en cuarentena, encerrados en teorías obsoletas, en cuestiones inútiles, bajo techos que se llueven y a merced de gente que hace agua por todos sus discursos. Gente a la que parece que la historia no les ha enseñado nada, dinosaurios anquilosados que aprendieron lo necesario para estar allí donde están y es eso mismo lo que nos quieren decir: que, básicamente, a la vida también puede aprobársela con cuatro.
Hay que hacer otras cosas pero saber hacerlas. Sirven, entonces, todos los libros, siempre que no se lean con los lentes que nos tienen prohibido no usar, siempre que no mandemos a dormir la pasión y las convicciones mientras nos desvelamos con las lecturas obligatorias. Hay que hacer con fundamentos para saber dónde nos aprieta el zapato y preparar así la mejor defensa.
Y ser sensibles, munirnos de ternura porque, ya es hora de que lo vayamos sabiendo, la ternura también es antibalas.
Ser memoriosos y pensar que algún día, tal vez, las canciones sí lleguen a salvar los planetas, y no lleguen siempre últimos los mismos, y caminar con las manos se vuelva una costumbre.
Saber que no están muertas las horas que pasamos, que seguiremos pasando, en bares y en plazas cuidando la noche y urdiendo estrategias contra todos los males de este mundo.
Saber, con la certeza de todos los libros viejos de todas las bibliotecas nacionales, que estamos vivos y buscando, buscándonos.
Que mientras haya luces en la calle habrá puertas abiertas o al menos zaguanes que nos curen de la intemperie.
Que aprendemos a todas horas en cuadernos borradores que no quedan en ninguna parte.
Que no habrá que olvidar esos apuntes porque salvan.
Porque ya es hora de que la educación para la libertad se ponga de moda.

"Oubliez tout ce que vous avez appris. Commencez par rêver"

"Olvídense de todo lo que han aprendido. Comiencen a soñar"

(Pintada del Mayo Francés)

miércoles, 18 de febrero de 2009

Un payasito

No hay caso, muchachos, hay gente que es divertidísima, el humor es verdaderamente lo suyo y hay que resignarse: nunca seremos tan buenos como ellos. Si no me creen, miren a éste que, encima de todo, llegó a primer ministro.

"Parece inaudito y no es imposible que, como hace siempre, Silvio Berlusconi niegue haber dicho lo que dijo. Pero esta vez se pasó de la raya con un chiste que ofende la memoria de los desaparecidos y "alivia" la mano de sus asesinos. En Cagliari, la capital de Cerdeña, dedicó una parte de su discurso en un mitin de la campaña electoral, el sábado pasado, a su plato fuerte: los chistes, o como dicen los italianos le barzellette.

Inesperadamente le llegó un nuevo tema sobre el que nunca había hablado, ni siquiera en serio. Los miles de desaparecidos durante la dictadura militar argentina. Muchos fueron arrojados de los aviones. "Eran bellas jornadas, los hacían descender de los aéreos".

No fue clara la razón para haber dicho semejante cosa. Pero el enviado del diario L'Unita, Marco Bucciantini, informó en una crónica de la frase infame.

De aquel discurso debe haber una versión grabada. Si Berlusconi no hizo otro de sus chistes terribles, el gobierno argentino no deberá pedir explicaciones y protestar tras investigar el caso.

Puede ser que haya querido Berlusconi burlarse del tema desaparecidos. La justicia italiana estudia la extradición del almirante Emilio Massera, represor que dirigía a los verdugos de la "Fuerza de Tareas" de la Escuela de Mecánica de la Armada. Por las mazmorras de ese campo de exterminio pasaron 5.000 detenidos y la mayoría desaparecieron tras sufrir tormentos y "traslados". Entre ellos, la sobrina de este corresponsal, Patricia Villa Algañaraz, de la agencia Interpress Service, arrojada de un avión.

Massera era como Berlusconi miembro de la logia masónica Propaganda Dos, P2, dirigida por el Maestro Venerable Licio Gelli, que fue disuelta por el Parlamento italiano tras contaminar la vida del país más que ninguna otra organización. Esa adhesión a la P2, que al principio Berlusconi negó hasta que la justicia le probó lo contrario, era tal vez otro de sus chistes.

La colección de gaffes y metidas de pata es enorme porque "il Cavalliere" no puede con su genio. Una de las últimas fue llamar "bronceado" (que en Estados Unidos es un insulto racial) al presidente Barack Obama. Por supuesto dijo, guiñando un ojo con su vasta sonrisa, que era un cariñoso adjetivo.

Otra vez, a un periodista inglés, que es actualmente el alcalde conservador de Londres, le dijo que la única represión de Mussolini había consistido en mandar de vacaciones a los opositores a varias islas. Se refería a los confinamientos. Después lo negó, pero sus amigos ingleses insistieron en que lo había dicho.

Durante la campaña electoral de 2006 se hizo el gracioso con los chinos. Pidió a la multitud que leyeran el libro rojo del comunismo. "Descubrirán que Mao no se comía a los chicos crudos pero los había hervido para fertilizar los campos", dijo. El gobierno de China no lo apreció.

La mayoría de los italianos le perdonan todo, ríen con él. También en 2006 dijo que confiaba en la inteligencia de los italianos cuando fueran a las urnas y esperaba "que no haya boludos capaces de votar contra sus intereses". La izquierda protestó inútilmente, cada día cosecha menos votos.

A veces hace líos en las citas, pero esto aumenta su popularidad. "Los fundadores de Roma fueron Rómulo y Rémolo", dijo en otra ocasión causando hilaridad por su retorsión histórica contra el pobre Remo. Las mujeres son su especialidad y le costaron una pública crisis matrimonial cuando su esposa Verónica le exigió en una carta abierta un público pedido de excusas, después de que en una fiesta de sus redes de televisión dijo a una actriz que hoy es ministro: "Si no estuviera ya casado te pediría de esposarme".

El primer ministro Berlusconi manifestó también que había "seducido" a la presidente de Finlandia, una señora que quedó estupefacta, para obtener el voto de Helsinski en favor de Parma como capital de un centro de agricultura europeo. El gobierno finlandés protestó oficialmente. "

Julio Algañaraz- Diario Clarín- Miércoles 18 de febrero de 2009

sábado, 14 de febrero de 2009

No es nada personal pero...


... Y es todo lo que voy a decir al respecto...

lunes, 26 de enero de 2009

Bitácora de viaje (parte III)

Vagabundear

Para mí siempre es un poco más duro de lo que cantaba Serrat. Por alguna razón torpe que me gustaría algún día llegar a entender, apenas pongo un pie fuera de mi tan vituperada ciudad, siento cómo se me estruja la nostalgia, o un espacio definido que hay en el pecho, la garganta y los ojos. Irse tras de una nube y sentirse en casa en todas partes no me surge naturalmente, es un ejercicio de todos los años, ejercicio que me hace repetirme (como para convencerme) que disfrute de las cosas nuevas, que no me gane el miedo a estar lejos, que al final todo queda cerca. Muchas mentiras pero, en mi cabeza, suena mucho mejor.Viajar es parecido a pedir prestado otra vida, una en donde una vive al día e incurre en excepciones a su regla, y el tiempo (eterno, todo, regalado) está sólo al servicio del placer. Viajar es un paréntesis. En la eterna línea recta, es la curva que asusta y emociona, la del grito en la montaña rusa.



Una urbe en las alturas

Es fácil enamorarse de La Paz, casi tanto como de su nombre y su sonido.
Una ciudad de recovecos pero sin reveses. De altos y de bajos pero más de bajos, seguramente. Todas las cosas resbalan y escalan, como una misma que, a veces, se deja caer del asombro o se trepa a una nueva coincidencia.
Me gusta que sea tan ella, tan la misma para el de siempre y para el turista, la ciudad de la belleza modesta, como una mujer que se ve más linda cuanto más natural.De noche, y otra vez como una mujer, también es otra. Se iluminan sus altos y sus bajos se oscurecen tenues para dejarte pasar sin vergüenza.
Este enero me gusta La Paz haciendo campaña por el sí, que es el no a mucho cosa vieja, anquilosada, triste y ojalá, en algún momento, derrotada. Con su barrio indígena y su barrio español, su iglesia de piedra y trabajo del nativo, su canto de todas las voces, su pregón y su ajetreo de ciudad haciendo agua con su sencillez de aldea pequeña (parecida sólo en lo que de esto puede ser bueno a mi Tucumán). Con todo, todo esto, es dulce La Paz.
Por momentos, y aún sin conocer a pie clavado aquella otra ciudad, dan ganas de cantar como El Trovador: "Tú me recuerdas las calles de La Habana vieja..."



El cielo, la tierra y el mundo de abajo

Lo mejor de la Historia es cuando no se cansa de sobrevivir.
Hay pueblos que parecen empeñarse en dejar huellas, y se hacen piedra y se hacen aire en las alturas. Pueblos mimados por los dioses fueron, y luego pateados por malos designios, por poderosos y conquistadores.
Las ruinas de Tihuanaco son apeñas el guiño de una cultura que jura haber sido fascinante, allá cuando grande, cuando eterna y cuando una, fuerte y segura.
Geniales astrónomos sin saberlo, los Hijos del Sol se perdieron en el tiempo el mismo día en que dieron por fragmentarse, plato caliente que devoraron los de afuera.
Lo que queda de ellos es apenas el eco de un ruido, de un antiguo estruendo, un paisaje como de sombras o contornos de una luz que fue.
Lo que queda es una ofrenda, un regalo, a ver si todo es cierto y, además de revivirse las almas, renace todo un pueblo para volver a ocupar el "nuevo mundo", para llenar de vida y espejos el cielo, la tierra y el mundo de abajo.


Bitácora de viaje (parte II)

La otra lengua

Se oye poco la otra lengua. No le gusta callejear, es más bien de puertas adentro: algo que ver con el calor del hogar, con los besos antes de dormir, con los olores a comida en la cocina y los abuelos y sus historias. Se habla poco (cerca de mí, al menos), quizá a modo de muralla, de refugio y cuidado.
Lo entiendo pero me temo que el silencio puede ser la peor tumbra de las palabras, de cualquiera: así como los tequiero callados retrasan el amor, también la lengua, toda, que no se dice, más que resisitir se está colgando a sí misma de un hilo (aunque no le convenza el suicidio).
Yo creo que de a poco empieza a asomarse por debajo de las camas, como un niño asustado. Creo que más temprano que tarde saldrá a llenar todo el aire, a escribirse y poblar las bibliotecas, a caretearla en la tele como toda lengua popular, a aprenderse en las aulas por necesidad, por gusto, porque sino ¿qué más?
Por ahora todavía hace respetuoso silencio. No decir no es negar, pero se vuelve bastante parecido a un sí lleno de concesiones.



Bombos y trompetas

En Uyuni, por azar o por conveniencia económica, el hostel quedaba justo frente a la 'Villa Militar': un muro por donde se asomaban soldaditos verdes al sol del altiplano.
Una de las mañanas, me despertó el himno de Bolivia y una que otra marcha militar, el canto bruto y mecánico del batallón. Sin embargo, estoy segura de haber oído (más temprano), entre girones de sueño, cómo el soldadito de la trompeta ensayaba tempranito 'Bésame mucho' con peligrosa insistencia.
En Uyuni, la trompeta del joven soldado regalaba boleros.




El oro blanco

Los romanos y, en general, todo el mundo antiguo la tenían por una de las cosas más valiosas del mundo, por lo escasa y por lo necesaria, seguramente.
En Bolivia hay más de kilómetros y kilómetros de pura sal. Es tan largo, que se hace blanca la mirada y el azul de arriba se vuelve pálido y tímido ante la magia del suelo.
La ciencia tiene una historia de placas tectónicas, montañas, océano y erosiones formando bancos de sal. A mí me gusta el otro cuento, el de la diosa huérfana de hijo que vacía sus pechos cuando ya no hay quién tome de esa leche.
Blanco, como esa parte del ojo, como los hombres que bajaron de los barcos, como la nieve y tan parecida, aún sin serlo. Un lugar que recuerda al escenario donde se hacen los sueños, el espacio en que nos habla la conciencia, una eternidad de reflejos del mismo sol, lágrimas blancas de la diosa sin hijo, material de las estatuas en donde van a parar los afanes de durar por siempre en el tiempo.
(Salar de Uyuni)

jueves, 22 de enero de 2009

Bitácora de viaje I

De vuelta estoy, después de quince cortos pero intensos días en el nórdico país boliviano.
Les presento aquí la primera parte de una suerte de bitácora de viaje en que fui, en su momento, dejando las impresiones que iba despertándome el camino. Creo que las conclusiones se irán dejando entrever línea a línea, así que dejo que mi 'yo viajero' (el que escribía como corresponsal frenético en el lugar de los hechos) hable por mí.

Bichos de altura (baja)

Lo primero para aclimatarse no es hacerse a la temperatura (los frescos, las lluvias fugaces, el sol bruto) sino a la altura nueva. Aquí, respirar se hace, por momentos, un trabajo coordinado, consciente y deliberadamente profundo, algo tan poco acostumbrado. Es paradójico (pero sobre todo admirable) que viviendo en las alturas a esta gente jamás se le haya ocurrido mirarnos desde arriba. Muy por el contrario, están mal acostumbrados (por quiénes habría que preguntarse) a mirarlo todo desde abajo.
La altura marea y duerme, y no deja ver, en ese malestar, lo maravilloso que es estar en las cumbres, en lo alto, casi casi en vuelo.
Se aclimata una, despacito, pero, aún así creo que no sé, no sabemos, estar a la altura de este mundo.

La mirada

La primera sensación es la mirada. Una se siente mirada y mira, no como turista visitador, sino como mero ser humano que se pregunta. Y ellos miran, no sé porqué, pero arriesgaría que por lo mismo, y por algunas cosas más. Sentirán, y no estarán tan errados seguramente, que no son los presentadores sino parte central del Show. "El Show", una idea amarga que ha de picarles la garganta. Pero no lo dicen. Quizás porque los han convencido de que lo suyo es el silencio (una vez más: quiénes, habría que preguntarse). Es fatalista, sí, pero también es lógico: no hay más que consultar los últimos siglos de Historia.
Me vuelve la novela de Arguedas, y los 'pongos' al servicio de los hombres blancos en Los ríos profundos (Perú, Bolivia, es igual: en ese sentido, América es la misma alma dolida). Quiero decir que hay algo como de respeto a regañadientes, de obediencia incuestionada (pero evidentemente cuestionable), de rencor arcano que no sale porque, al final, no es con nosotros justamente, pero sí con 'los nuestros'. Vale decir que en estos casos siento una culpa que no es mi culpa pero, sí, un poco lo es. Culpa de leñador a árbol, culpa de pescador a peces de aguas calmas. '...La vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser' vaya a saber cuántas cosas.
Qué manera de autodefinición chocarse con 'el otro' y no ser nunca más 'el uno'. Porque es mentira que haya cara sin seca, que se pueda vivir sin espejo, que el azul sea un solo color y sólo así se llame, que aquí los justos y allá los pecadores. Hasta la letra se vuelve ella misma cuando la leen en otro sonido, cuando es más tuya que mía.
Creo profundamente en la otredad, ni exagerada, ni inexplicable. Creo en las tonalidades y los matices que deja una historia de torpes pinceladas por artistas amateur de la espada y el poder. Pero presiento que una vez que se recojan, aún las piezas más dispares pueden volver a ser ese mismo origen, el 'uno' de todos sus 'otros', el espejo rearmado de todos sus vidrios rotos.

domingo, 4 de enero de 2009

Milonga pa' irse

Qué mejor forma de despedirse que con música de fondo muy del arrabal, aunque una se haya criado con otros folclores.
El hecho es que partimos: hacemos los bolsos; ponemos pies en polvorosa (o como se diga); se vamo'; nos tomamos el buque; nos oxigenamos y, en fin, cerramos porque no hay quién quede a cargo del local. Si se lo piensa bien, ésta es la forma de cierre más alentadora: porque es provisional y porque es por vacaciones. Las otras (cierres por lutos y los de los fracasos, es decir,los definitivo) son un tanto más tristes. Éste viene con promesa de reapertura con bombos y platillos y una suerte de crónica de viaje (o lo que vaya a salir de estas manos que no saben lo que les espera).

Nos tenemos que ir, pero seguiremos garabateando borradores hasta que toque la vuelta.
Que pasen ociosas, dulces, creativas, distintas, divertidas vacaciones. Y que vuelvan, sintiendo que es un soplo la vida.





La Chicana, 'Nos tenemos que ir'

martes, 9 de diciembre de 2008

En democracia

Un 10 de diciembre de 1983 la Argentina volvió al 'menos peor' de los sistemas políticos. Han pasado 25 años de eso.
25 años de serios tropezones y de urnas que llenamos a regañadientes. Y de estafadores, de vendepatrias. De cagones que se escapaban en helicópteros de la rosada. De la descorazonada 'obediencia debida' y el 'sabio' no mirar atrás. De embajadas volando en pedazos. Del imperio de la impunidad. Pero 25 años de elegir (mal, eso seguro) y de intentar reconstruir, y de seguir intentándolo.
No me cuento entre los utópicos, yo sé que eso de 'gobierno del pueblo' es apenas una gastada etimología. Sin embargo no me canso de decir que tuve la suerte de nacer en democracia y de haberla vivido, así de torpe como viene siendo, todo lo que llevo de vida.
Armé este compilado de razones por las que seguir defendiéndola, con una canción que a mí siempre me sonó a esto. Será porque habla de renaceres.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Morados

Llorar es recomendable. Y salir de casa, a tomar aire, sólo a tomar aire, cuando él no esté, o se haya quedado dormido. Cuando duerme, él es suave y respira despacio. A veces hasta suspira en sueños, él, el de los gritos de trueno.
La primera vez que tuvo miedo, de verdad miedo, fue cuando le faltó el aire. Lo vio todo negro, él estaba más oscuro todavía y colorado, desencajado, con una vena marcada en el ceño. Eran patadones de esos que los amos dueños de estancia le dan a sus perros cuando no les hacen caso y dejan que los zorros se coman las gallinas. Y ella se quedaba, como los perros, hecha una bolita en el rincón, ensayando aullidos y atajándose por si el amo se enojaba otra vez.
"¿Dónde te duele?" Y se señalaba la zona de los riñones, del hígado y a veces, arriesgaba, la parte donde quedaba el corazón. Pero sólo a veces porque hacía tiempo que el corazón había comenzado a ser subsidiario. Ya no lo llevaba en la mano como antes, como cuando sintió que él se lo robaba y eso era bueno, y eso estaba bien, y era romántico. Era romántico, como algunas novelas de la siesta. El corazón ya no tenía voz ni voto. Ya no bombeaba pasión sin nombre, ya no soltaba las mariposas ni generaba el temblor. Se dejaba dormir por la tolerancia, el respeto unilateral y los silencios prudentes. Pendía del hilo peligroso de aguantar hasta la noche, otra vez. Vivía de prestado, como tanteando los espacios de luz cuando salía a la calle y en el súper estaban todos los ingredientes de la cena, y se daba el gusto de un helado en el parque, mientras él trabajaba o se cruzaba al bar.
Cuando se toca con muecas doloridas entiende todo esto, del amor como último orejón del tarro. Porque los patadones en la boca del estómago duelen más que el desencanto, que el desamor, que los cuernos. Duelen más los riñones y no poder encontrar una posición en la cama porque está todo el cuerpo maltratado. Mirarse después al espejo lastima, cubrirse ciertas marcas, inventar excusas. Todo eso y el terror de esperar que hoy fuera un buen día para él, que a la comida no le faltara sal y en la casa estuviera todo en su sitio.

Los moretones en el cuerpo, que son los golpes que se ven, cuentan muchas historias. Se las puede leer de cualquier manera, el orden es indistinto, al final es siempre un cuento que termina mal. Si las amenazas también se volvieran moradas y se le adhirieran a los brazos, al vientre y al cuello, le harían saber a todos, en la calle, en el súper, en el laburo y en casa de sus padres, que ella no puede salir de ahí, que es una puta, que más vale que cierre la boca porque cualquiera va a creer que no te merecés todo lo que te pasa. Si fueran morados las miradas de desprecio, los embistes violentos en una cama, las risotadas cínicas que acostumbra él cuando ella le cuenta alguna buena noticia. Si hablara todavía más la piel y ella decidiera creerle, a la piel maltratada, y juntara sus cosas y empezara a correr, y el corazón bombeara otra vez, y el miedo fuera otro, algo de novela de la siesta, como enamorarse otra vez.