La primera vez que tuvo miedo, de verdad miedo, fue cuando le faltó el aire. Lo vio todo negro, él estaba más oscuro todavía y colorado, desencajado, con una vena marcada en el ceño. Eran patadones de esos que los amos dueños de estancia le dan a sus perros cuando no les hacen caso y dejan que los zorros se coman las gallinas. Y ella se quedaba, como los perros, hecha una bolita en el rincón, ensayando aullidos y atajándose por si el amo se enojaba otra vez.
"¿Dónde te duele?" Y se señalaba la zona de los riñones, del hígado y a veces, arriesgaba, la parte donde quedaba el corazón. Pero sólo a veces porque hacía tiempo que el corazón había comenzado a ser subsidiario. Ya no lo llevaba en la mano como antes, como cuando sintió que él se lo robaba y eso era bueno, y eso estaba bien, y era romántico. Era romántico, como algunas novelas de la siesta. El corazón ya no tenía voz ni voto. Ya no bombeaba pasión sin nombre, ya no soltaba las mariposas ni generaba el temblor. Se dejaba dormir por la tolerancia, el respeto unilateral y los silencios prudentes. Pendía del hilo peligroso de aguantar hasta la noche, otra vez. Vivía de prestado, como tanteando los espacios de luz cuando salía a la calle y en el súper estaban todos los ingredientes de la cena, y se daba el gusto de un helado en el parque, mientras él trabajaba o se cruzaba al bar.
Cuando se toca con muecas doloridas entiende todo esto, del amor como último orejón del tarro. Porque los patadones en la boca del estómago duelen más que el desencanto, que el desamor, que los cuernos. Duelen más los riñones y no poder encontrar una posición en la cama porque está todo el cuerpo maltratado. Mirarse después al espejo lastima, cubrirse ciertas marcas, inventar excusas. Todo eso y el terror de esperar que hoy fuera un buen día para él, que a la comida no le faltara sal y en la casa estuviera todo en su sitio.
Los moretones en el cuerpo, que son los golpes que se ven, cuentan muchas historias. Se las puede leer de cualquier manera, el orden es indistinto, al final es siempre un cuento que termina mal. Si las amenazas también se volvieran moradas y se le adhirieran a los brazos, al vientre y al cuello, le harían saber a todos, en la calle, en el súper, en el laburo y en casa de sus padres, que ella no puede salir de ahí, que es una puta, que más vale que cierre la boca porque cualquiera va a creer que no te merecés todo lo que te pasa. Si fueran morados las miradas de desprecio, los embistes violentos en una cama, las risotadas cínicas que acostumbra él cuando ella le cuenta alguna buena noticia. Si hablara todavía más la piel y ella decidiera creerle, a la piel maltratada, y juntara sus cosas y empezara a correr, y el corazón bombeara otra vez, y el miedo fuera otro, algo de novela de la siesta, como enamorarse otra vez.
3 comentarios:
Ay amiga, como tántas, otra vez me hizo llorar, pero esta vez fue distinto, no tengo mucho para decir, se me hizo un nudo la garganta, un nudo tremendamente doloroso, porque se trata de ese dolor que genera leer lo conocido.... leer a alguien querido en una narración tan tremenda. Saludos, espero que me reconozca.... y que alguna vez los hijos de puta tengan lo que merecen.....
SE VEMO YEPS
Esas heridas, si no llegan a matarte, se acaban cerrando, pero sólo exteriormente porque en el interior, en la memoria y el comportamiento, perduran toda la vida. Dejan una huella que te acompañará siempre en todas las demás relaciones, un miedo que se queda anclado sin saber dónde y que aparece cuando menos lo esperas con formas diferentes.
El verdugo, el maltratador, no sólo hace un daño presente, no sólo ha de ser castigado por los golpes demostrables, el maltratador destroza también el futuro de su víctima, su caracter, su actitud, sus ilusiones, la confianza en los demás...
Siento verdadero asco por ese tipo de hombres, y desgraciadamente son muchos más de los que creemos.
Falta mucha pedagogía aún, hay machismo mires donde mires de la sociedad, y debe ser repudiado, denunciado y perseguido sin tregua.
Un abrazo.
Y ojalá todos los pelotudos, opinólogos que creen que es tan simple como armar el bolso y mandarse a mudar empezaran a hablar con un poquito de conocimiento de causa o tuviesen la modestia de escuchar algo de los que se les dice. Es complicado entender ciertas cosas, ver que algunos aguanten malos tratos pero más difícil es estar en el otro lado, ser víctima, o ver sufrir a alguien querido.
NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO A TODO TIPO DE VIOLENCIA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
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