jueves, 22 de enero de 2009

Bitácora de viaje I

De vuelta estoy, después de quince cortos pero intensos días en el nórdico país boliviano.
Les presento aquí la primera parte de una suerte de bitácora de viaje en que fui, en su momento, dejando las impresiones que iba despertándome el camino. Creo que las conclusiones se irán dejando entrever línea a línea, así que dejo que mi 'yo viajero' (el que escribía como corresponsal frenético en el lugar de los hechos) hable por mí.

Bichos de altura (baja)

Lo primero para aclimatarse no es hacerse a la temperatura (los frescos, las lluvias fugaces, el sol bruto) sino a la altura nueva. Aquí, respirar se hace, por momentos, un trabajo coordinado, consciente y deliberadamente profundo, algo tan poco acostumbrado. Es paradójico (pero sobre todo admirable) que viviendo en las alturas a esta gente jamás se le haya ocurrido mirarnos desde arriba. Muy por el contrario, están mal acostumbrados (por quiénes habría que preguntarse) a mirarlo todo desde abajo.
La altura marea y duerme, y no deja ver, en ese malestar, lo maravilloso que es estar en las cumbres, en lo alto, casi casi en vuelo.
Se aclimata una, despacito, pero, aún así creo que no sé, no sabemos, estar a la altura de este mundo.

La mirada

La primera sensación es la mirada. Una se siente mirada y mira, no como turista visitador, sino como mero ser humano que se pregunta. Y ellos miran, no sé porqué, pero arriesgaría que por lo mismo, y por algunas cosas más. Sentirán, y no estarán tan errados seguramente, que no son los presentadores sino parte central del Show. "El Show", una idea amarga que ha de picarles la garganta. Pero no lo dicen. Quizás porque los han convencido de que lo suyo es el silencio (una vez más: quiénes, habría que preguntarse). Es fatalista, sí, pero también es lógico: no hay más que consultar los últimos siglos de Historia.
Me vuelve la novela de Arguedas, y los 'pongos' al servicio de los hombres blancos en Los ríos profundos (Perú, Bolivia, es igual: en ese sentido, América es la misma alma dolida). Quiero decir que hay algo como de respeto a regañadientes, de obediencia incuestionada (pero evidentemente cuestionable), de rencor arcano que no sale porque, al final, no es con nosotros justamente, pero sí con 'los nuestros'. Vale decir que en estos casos siento una culpa que no es mi culpa pero, sí, un poco lo es. Culpa de leñador a árbol, culpa de pescador a peces de aguas calmas. '...La vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser' vaya a saber cuántas cosas.
Qué manera de autodefinición chocarse con 'el otro' y no ser nunca más 'el uno'. Porque es mentira que haya cara sin seca, que se pueda vivir sin espejo, que el azul sea un solo color y sólo así se llame, que aquí los justos y allá los pecadores. Hasta la letra se vuelve ella misma cuando la leen en otro sonido, cuando es más tuya que mía.
Creo profundamente en la otredad, ni exagerada, ni inexplicable. Creo en las tonalidades y los matices que deja una historia de torpes pinceladas por artistas amateur de la espada y el poder. Pero presiento que una vez que se recojan, aún las piezas más dispares pueden volver a ser ese mismo origen, el 'uno' de todos sus 'otros', el espejo rearmado de todos sus vidrios rotos.

3 comentarios:

gemmacan dijo...

Bueno, este resumen está muy bien, y aunque nunca había pensado en ir para allá, siempre se le hace a una la boca agua cuando alguien le relata bellos viajes.
Pero, querida, me debes algo más extenso y personal :)
Que lo sepas.

Anónimo dijo...

Bolivia! que pais...no se si te paso lo mismo, uno vuelve distinto de ese viaje..las certezas no son las mismas...

La otra dijo...

Hermoso, hermoso país...
Claro que las certezas no son las mismas: de hecho, las destierra todas. Pero, queda la promesa y la mínima seguridad de que, quizá, ahora sí podemos construir certezas nuevas sobre terrenos más seguros.
Vamos de a poco encontrando las piezas, resolviendo el enigma...Y de paso, disfrutamos de tanta vista y tantas nuevas verdades.

besos!!