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jueves, 12 de abril de 2012

A caballo de la luna


'...a caballo, de tan necesario ,
me siento más revolucionario...'


No me digas que te vas, que ya te has ido.
No me digas que te hiciste de un silencio en el bolsillo, de un volantín y de un velero, y con eso zarpaste hacia donde hiciera mejor tiempo.
Debe ser un hermoso viaje, ya lo creo. No te olvides de mandarme una postal con tus ojos y todo lo que miraron ellos. A mí me encanta mirar a través de todas las cosas, las cerraduras, los espejos y hasta alguna mirada, cuando se queda corta y desprende secretos.


Yo iba a contarte de otro viaje. Uno que se me hizo azul en el sueño, azul con garabatos de estrellas, como me gusta a mí.
En el sueño ibas viajando, a caballo de la luna, con una flor y una hija para sembrar en donde duela. Nunca te ibas tan lejos porque la tierra te tenía agarrada a su tristeza, abrazada a su lucha de tierra sin-tierra, junto con tanta gente que cuida la vida sin esconder la mirada, allá en la luminosa Chiapas.


No me digas que te vas, en mi sueño tenías mejor destino.
A caballo de la luna ibas, creciendo en mi voz y en su latido.





''Hacia un nuevo amanecer'' - Beatriz Aurora.

Las palabras salieron solas, empujadas por esta pintura, de sus colores y de su lucha.




viernes, 23 de marzo de 2012

Decir que no hay olvido

Quiero decir noche. Quiero decir miedo. Quiero inventarme la palabra y hablar de lo que no entiendo.
Quiero decir mi piel que no vivió para verlo, mi cuerpo parchado de memoria, mi sangre ahogada de grito sin nombre.
Quiero decir que la vida debe hacerse agua en la boca, que los pies bien plantados en la calle debieran ser nuestro derecho y nuestra obligación, nuestra celebración y nuestra lucha.  


Hay tanta muerte muerta, tanta ausencia de brazos cruzados, tanto silencio cosido a las bocas. Hay un mundo de cosas perdidas, de amores truncos, de proyectos desparramados. Hay corazones derrochados y pasiones con espasmos, a punto de dar su última bocanada en nuestros brazos.


Pero están mis ojos, charcos de turbia historia que no se quiere ir. 
Están mis manos para cuidar, con mimos torpes de niño, el mundo que quisieron legarnos, a mí, a mis hermanos, a mis amigos y hasta al tipo que hoy se quedará en casa, tan cerca de su cómodo sofá.
Están las palabras que cultivo todos los días, este intento de hacerme mayor, de estar a la altura de mi tiempo y, con esto, de honrar los sanos sueños de quienes hoy no están, dueños de un hechizo de amor y miedo, de ternura y libertad ('...porque donde unas cuencas vacías amanezcan, ella pondrá dos piedras de futura mirada...'). 


Todo eso y además tus ojos. Y además tus manos. Y tus palabras nuevas y enamoradas.


Y está, cómo no, la verdad contagiosa de que no hay olvido. Las ausencias nos besan en la boca y no hay manera de dejar de sentirlas nuestras. Soplos de memoria nos habitan.


Yo no me olvido. Nada. Nunca. 
Y el que olvide, algún día tendrá que dar cuenta del hueco que lleva encima, de la sombra que lo oscurece y de la triste, triste, suerte de ser a quien la Historia no le ha enseñado nada.


A 36 años del tropezón más atroz de nuestra historia, ni olvido ni perdón: memoria y justicia.
Por 30.000 personas que todavía nos duelen.



Yo voy a prender la luz 


''(...) No podré despedirte, vos sabés por qué. Nosotros morimos perseguidos, en la oscuridad. El verdadero cementerio es la memoria. Ahí te guardo, te acuno, te celebro y quizá te envidio, querida mía (...)'' R. Walsh

No voy a dejarte en la oscuridad. Es una promesa.
Yo voy a prender la luz. Yo y los que vienen conmigo, que somos varios...No muchos, pero yo digo que suficientes. Tendrá que alcanzar con nosotros. Con nosotros y los que con nosotros quieran venir, los que se dejen pintarrajear de memoria, los que se contagien de esto que duele sin reposo pero que tan vivos nos tiene...tan vivos...
Y si la luz es mucho, si se me escapa por las manos, si se derrite antes que llegar a vos, haré lo posible, lo otro, lo que sí esté en mis manos. Voy a ser la de las antorchas, los fósforos, las luciérnagas. Voy a ser la que invente el fuego, pero a oscuras no te vas a quedar.

Ya sé que suena a que no, a qué estás diciendo...pero si me conocieras mejor, me creerías.

Es que, de mí tenés que saber algunas cosas. Unas pocas cosas que me pintan de cuerpo entero, así de sencillo es mi mapa, unos cuantos caminos y todos a Roma (o a París, que me gusta más).
No sé hablar. Las palabras se me enredan todas, se alborotan por salir o se retoban, según el día y el interlocutor. A veces tengo un mundo en la boca y otras me anulo por miedo, por respeto, hasta por amor.
Y como hablo mal y pronto, entonces escribo. No lo elegí. Me vino como una pulsión primera, el acto reflejo del martillo en la rodilla, no lo sé. El caso es que cuando escribo siento que me escuchan, que algo se mueve dentro mío, que del otro lado hay algo más que viento.
Soy torpe para casi todo, y exagero. Tengo más miedos que años y sigo buscando, como en el fondo de un pozo, las razones que me pegan a la tierra, las cosas que me rompen en pedazos y las que me vuelven a armar. Me asusta tener que bucear para encontrarlas pero me aterroriza la posibilidad de que siempre hayan estado en mis manos y la verdad sea, al final, esta forma que tuve siempre de mirar a todos lados o la primera luz que se ve desde la ventana de mi cuarto.
Me envicio, me desvelo, me deshago fácilmente, me pierdo el rastro de vez en vez. Y también canto, cuando todo eso o cuando no, para curar o para que duela más, como una caricia o un alarido, canto...tan débil soy que cantar es mi mano alzada y fuerte...

Con todo esto nada más quiero decirte que no tengo fórmulas del éxito, pero juego a que me las invento. Así somos los tercos: cuando hemos perdido hasta el nombre, seguimos revolviendo el polvo. Con los ojos gastados de tierra y el corazón en la mano, seguimos, casi siempre, porque no hay otra. Por eso y porque hay algo que nunca nos quitan, que no se nos ensucia, que no se nos pierde. Y es la pasión. La tinta roja con la que escribo, la de mis banderas y mis puteadas, la que me empujó a hacer el camino inverso cruzando el mar.
La pasión de ser lo que se pueda, pero con fuerza y hasta el fondo. La pasión que me une los apasionantes, apasionados amigos míos. La que me mareó de colores algún día en la primera infancia, o más tarde, cuando el mundo se dio vuelta y quedé con los pies en el aire, bocabajo a un tiempo de sangre y cosas que no conocía yo.

Y con eso, con tan poco, voy a prender la luz. Será quizás intermitente y tenue, pero toda mía. Toda tuya. Yo te lo prometo. No sé hablar pero tengo palabra. No me conocés pero yo te sé de memoria. De memoria: ahí te guardo y te acuno.
Ya no me quejo, es una tristeza heredada y compartida; la historia es, dolorosamente, mucho más larga que vos y yo.
No me quejo pero tampoco me duermo. Cuando me descuido me despierta la sangre y su cauce que suena, a cosa vieja suena, y me da un sacudón. Me despierta para recordarme que mi compromiso es la luz. Cargarla. Y llevártela. Para que no te quedes en la oscuridad.

La memoria me prohíbe apagarme. Hay que alumbrar todos los frentes, el camino por delante y hacia atrás.
Y si todos se cansan, voy a quedarme igual. Yo voy a ser la del frasquito de luciérnagas, para que no te pierdas de vista, para que no te quedes en la penumbra que no elegiste, en la que te arrojaron sin preguntar.
Yo voy a cuidar que no te quedes en ninguna oscuridad.
Es una promesa.
No me conocés, pero es verdad.


(febrero de 2011)

viernes, 16 de marzo de 2012

Mi amigo el tano



Rodeados de franceses, el tano y yo supimos hacernos nuestra burbuja de neo-cocoliche y risa. 
Fuimos los dos primeros en llegar (nueva casa, nuevo laburo), una por previsora, el otro por escaparse cuanto antes. 
Yo tenía la capicúa, 404, y él la 402. Nuestra primera noche de vecinos fue hablar en un francés arrastrado y sucio, de rock sinfónico y algo de literatura (aunque yo de Lafontaine sabía muy poco), pasarnos las copas y la viola.
Por él desvestí una guitarra que recuperamos, abandonada, y la volví a vestir para que la tocara él, zurdo, con un centavo de euro por púa. Inventamos una melodía que algunos días me vuelve en sueños y, cuando despierto y la quiero tocar, ya no está más.
Al mes ya planeábamos el concierto en 'ítalo-argentino' en la glorieta de la plaza frente al correo, la de la primera charla. Hasta allí también fuimos, una noche helada de diciembre, enfermos de nostalgia, a contarnos que todo iba a andar bien, que volveríamos más fuertes, que de esto nunca nos íbamos a olvidar.
Y así fue. Yo no me olvido más.



A veces pienso que de no haber estado en ese hemisferio, así tan lejos, tan idos, tan poco nosotros mismos, nuestra amistad hubiera sido imposible.
Impaciente, coqueto y mirón, mi amigo el tano soltaba la lengua para decirlo todo y a los gritos. Discutía a muerte con poco fundamento y se encaprichaba como un nene. Si jugaba el Milan o pasaba una francesa en falda corta, perdía el norte. Si se perdía la noche por la nieve y la tristeza, puteaba de todos colores.


Pero después me retracto: teníamos que ser amigos, teníamos que chocarnos el azúcar y la sal, su heavy metal y mi canción de autor, su impertinencia y mi cuidado. Por otras cosas, cosas más grandes y más fuertes, cosas que salvan el día.
Porque mi amigo el tano es esos tipos que se ríen a las carcajadas y se lo toma todo a pecho, orgulloso, con su cafetera y su pasta, con su música a todo lo que da: es esa costumbre de andar siempre con la vida entre las manos, de sentirla con cada fibra, de ser el que saluda al sol y le saca la lengua cada noche.
Mi amigo, nocivo en amores pero leal y entregado a la más sencilla amistad, la que se hace con los días sin nada más extraordinario que una sonrisa o un cigarro compartido, de esos que te dicen siempre que a la próxima cerveza, esa sí, la pagás vos.


Me retracto porque quizá sea cierto que nunca estuvimos tan lejos, pero también es cierto que nunca, como entonces,se es más uno mismo.


Se hizo mi amigo, casi mi hermano, porque así es como se dan las cosas. Porque en ese momento fuimos dos barquitos sueltos, frágiles y de papel. Por el humor, por la cerveza, por algún tema de Oasis y otro de Pink Floyd, por el concierto de Queen en Wembley que vimos una noche de abril. Y porque lloramos juntos. Porque desde un primer momento nos entendimos sin que ningún idioma se metiera en el medio.
Porque me dijo que yo era su hermana y, en un abrazo, así lo sentí.






...de mi cuaderno amarillo - 2010....



domingo, 18 de diciembre de 2011

Otra vez del aire



A mi amiga Conti, con personal orgullo y gratitud. Y a todos los que, como ella, trabajan por la Verdad, la Memoria y la Justicia, desenterrando la Historia de todos.




¿Qué desprende de los cuerpos? ¿Qué química los hace cuerpos, los hace vida?

Miro los cuerpos amontonados sobre la tierra. Un sudor frío me recorre la espina dorsal. Siento que ya pasó el horror, que atrás quedo el espanto, la náusea, la pena honda de la muerta bruta, anónima y apilada.
Miro los cuerpos y siento el hueco que los atraviesa: el peor de todos, el intangible, hecho de tiempo maniatado, empujado hacia el fondo de lo oscuro.


Los miro y se me dibuja el misterio de lo que han sido, de lo que siguen siendo probablemente entre la tierra adormecida. Pienso en esas manos de acariciar, en el amor que durmió en ese pecho, en los libros de los que se adueñaron esos ojos. Pienso en la poesía que pudo caber en esos cuerpos, en el desborde, en la duda que los habrá habitado.
Pienso en las bocas y en las palabras que se habrán dicho. Y quiero llorar hasta que mi llanto llegue a la tierra y haga crecer flores por sobre la muerte sin velos ni tapujos.




Veo cuerpos exhibidos. Han vuelto a ser del aire. Han vuelto a ser nuestros, de los vivos.
Han vuelto a ser material de luz, como lo fueran cuando de sus pies se hacían pasos y los pasos querían despejarnos el camino, el de todos nosotros.


Sabrá la ciencia sacarnos más dudas, y decirnos nombres e historias en donde los ojos no ven más que huesos viejos y sobrevivientes. 
Sabrá la ciencia lo que de estos cuerpos se desprende.


Yo, mientras tanto, los veo encendidos, desprendiendo aromas de casa materna, de libros guardados, de cartas sin mandar perfumadas de tu piel.
Los cuerpos destilan palabras rotas, por si alguien las quiere venir a reparar.


Yo los miro y siento temblar la tierra: ese es su grito de amar la verdad.
Aprieto los puños y, con un manojo enamorado de tierra, salgo a caminar.

viernes, 4 de marzo de 2011

Así estoy YO, Joaquín...

Una licencia...Y porque a mí también me pasa de estar así, tan así, sin ti...


Extraña como un jazmín en los rosedales
Torpe como un turista en un chamamé
absurda como la historia sin sus azares
vacía como la siesta de la niñez.

Oscura como las nubes de enero a marzo
negra como la viuda y cruella De Vil
febril como la carta de amor de un preso
así estoy yo, así estoy yo sin ti.

Perdida como Ariadna en el laberinto
como hinchada de la 25
entrando en cancha de San Martín,
huraña como la que no habla nunca en clase
como un cuento sin desenlace...
así estoy yo, así estoy yo, sin ti.

Más triste que un sojero
sin Cobos ni capital extranjero
Así estoy yo, así estoy yo, sin ti.

Vencida como las cuotas que no pagamos
lasciva como mirada en un cabaret,
furtiva como la otra de algún casado
inquieta como la mano del amateur ,

Errante como un taxi por el desierto,
quemada como mañana del día después,
sola como poeta en el aeropuerto
así estoy yo, así estoy yo, sin ti.

Inútil como un sello por triplicado,
o la defensa de los soldados
que dicen que hay ordenes por cumplir
violenta como esas marchas de fin de año,
como el perfume del desengaño...,
así estoy yo, así estoy yo, sin ti.

Más triste que un bolero
que bailan con nostalgia los abuelos...
Así estoy yo, así estoy yo, sin ti.


Amarga como la noche después de 4,
o la verdad de cualquier presagio
si no sabemos a dónde ir ,
macabra como una peli de Nosferatu
como los muertos en los retratos
así estoy yo, así estoy yo, sin ti.

Más triste que un arpegio
de cuerdas viejas y sin mucho esfuerzo
Así estoy yo, así estoy yo, sin ti.



La canción original, suena así. Así es ella sin mí.
("Así estoy yo sin ti" de Joaquín Sabina)

domingo, 5 de diciembre de 2010

Nadar de noche

Escuchando Nightswimming de R.E.M, nadando en esa corriente, escribiendo sobre tanta agua calma.

Me suena a los quince años. A los veranos de echarse a mirar las estrellas, de tirar colchones y contarse los sueños, del alcohol como una travesura y el amor como una promesa.

Me hace pensar en el momento ese tramposo de tener que aprenderse, de conocerse las miserias, de jurarse crecer. También de cuando nos gustaba vivir en los resquicios de lo posible, de cuando los libros no alcanzan, de cuando viajar era cerrar los ojos y tomar su mano.

Me suena a espantarnos los mosquitos y discutir lo que seremos cuando ya no seamos más esto que a veces nos duele, que a veces nos cura. Me vuelve al tiempo de los estirones y las bicicletas.
A enero bajo el agua, a febrero con los pies al borde de la pileta, al borde de otro año, al borde, en fin, del futuro nuestro, esa cosa indecisa que nos hacía temblar.

Pero nos reíamos. Nos reíamos y eso era el verano: el sentido de la posibilidad.


Nightswimming deserves a quiet night.
The photograph on the dashboard, taken years ago,
turned around backwards so the windshield shows.
Every streetlight reveals the picture in reverse.
Still, it's so much clearer.
I forgot my shirt at the water's edge.
The moon is low tonight.

Nightswimming deserves a quiet night.
I'm not sure all these people understand.
It's not like years ago,
The fear of getting caught,
of recklessness and water.
They cannot see me naked.
These things, they go away,
replaced by everyday.

Nightswimming, remembering that night.
September's coming soon.
I'm pining for the moon.
And what if there were two
Side by side in orbit
Around the fairest sun?
That bright, tight forever drum
could not describe nightswimming.

You, I thought I knew you.
You I cannot judge.
You, I thought you knew me,
this one laughing quietly underneath my breath.
Nightswimming.

The photograph reflects,
every streetlight a reminder.
Nightswimming deserves a quiet night, deserves a quiet night.


lunes, 18 de mayo de 2009

Se me ha ido el credo



"...está de más decirte que a esta altura

no creo en predicadores ni en generales

ni en las nalgas de miss universo

ni en el arrepentimiento de los verdugos

ni en el catecismo del confort

ni en el flaco perdón de dios


a esta altura del partido

creo en los ojos y las manos del pueblo

en general

y en tus ojos y tus manos

en particular..."


Se me ha ido parte de mi credo, ¡con lo que me cuesta creer!

No nos conocimos, pero qué ganas de haberme tomado un café (o una cervecita, por qué no) con Mario Benedetti, qué ganas de contarle todas las palabras que le debo, los amigos a los que me unió indefectiblemente...Decirle que fue un puente hacia muchas cosas y me ayudó a entender porqué cantamos y porqué vale la pena entregarse de lleno a una palabra, a un verso por defender la alegría, la poesía y la memoria.

Te voy a extrañar.

lunes, 23 de marzo de 2009

33 años de seguir cantando...

24 de marzo de 1976- 24 de marzo de 2009

A 33 años del golpe cívico-militar más sangriento de la historia argentina, quizá la única conclusión que salva es que de pie seguimos. Que no nos interesa 'reconciliarnos' porque nada bueno puede construirse estrechando manos cuando todavía, por debajo de los pies, corre la sangre. Que nos queda la memoria, que no es poco, y la voluntad de justicia, el puño cerrado y todos los gritos que en otro tiempo supieron callar tan estratégicamente. Que el sueño sigue intacto porque, como dijera el poeta, nuevos brazos y piernas han crecido de la carne talada, y todavía hay quienes queremos trabajar para la libertad. Que todavía cantamos y no estamos solos: muchos cantan con nosotros.


Si cada hora viene con su muerte
si el tiempo era una cueva de ladrones
los aires ya no son tan buenos aires
la vida es nada más que un blanco móvil
usted preguntará por qué cantamos...

Si los nuestros quedaron sin abrazo
la patria casi muerta de tristeza
y el corazón del hombre se hizo añicos

antes que estallara la vergüenza
usted preguntará por qué cantamos...

Cantamos porque el río este sonando
y cuando suena el río, suena el río
Cantamos porque el cruel no tiene nombre
y en cambio tiene nombre su destino

Cantamos por el niño y porque todo
y porque algún futuro y porque el pueblo
Cantamos porque los sobrevivientes
y nuestros muertos quieren que cantemos

Si fuimos lejos como un horizonte,
si aquí quedaron árboles y cielo,
si cada noche es siempre era una ausencia
y cada despertar un desencuentro
usted preguntará por qué cantamos...

Cantamos porque llueve sobre el surco
y somos militantes de la vida
y porque no podemos ni queremos
dejar que la canción se haga ceniza.

Cantamos porque el grito no es bastante
y no es bastante el llanto ni la bronca
Cantamos porque creemos en la gente
y porque venceremos la derrota.

Cantamos porque el sol nos reconoce
y porque el campo huele a primavera
y porque en este tallo en aquel fruto
cada pregunta tiene su respuesta.

(Por qué cantamos- letra: Mario Benedetti. Música: Alberto Favero)






A 33 AÑOS, NI OLVIDO, NI PERDÓN.

CÁRCEL COMÚN PERPETUA Y EFECTIVA A TODOS LOS GENOCIDAS: NI UN SOLO ASESINO MÁS CAMINANDO POR NUESTRAS CALLES.

lunes, 9 de marzo de 2009

La fe de mis mayores


Pensando en lo descreída que soy y revolviendo entre mis pocas creencias, me acordé de algo, de alguien en quien siempre he creído, quizás porque en él creyeron varios antes que yo.
Primero le creyó mi abuelo, hace mucho tiempo, antes de que lo censuraran en este país, que apenas lo estaba descubriendo.
Después fueron mis viejos, quienes tuvieron el placer de verlo volver a estos escenarios, a ese tipo que sin respirar estas calles parecía conocerlas como a las palmas de sus manos, y que cuando cantaba hacía que esas verdades le temblaran en la voz.
Lo mío entonces fue una herencia, ineludible y sumamente necesaria. Lo conocí desde siempre.
Los domingos con sol siempre sonaba su Fiesta, y mi papá me explicaba que ahí donde decía 'verdes' en realidad había querido decir 'lilas, rojas y amarillas', pero no lo habían dejado.
La primera vez que lloré con un poema fue cuando, de su boca, oí a Miguel Hernández lamentar la pérdida de su amigo, sintiendo más esa muerte que su vida.
Me enamoró Entre un hola y un adiós, quise llamarme Lucía, escribir yo la historia de ese que se enamora de un maniqui de cartón piedra, y hasta muy tarde no entendí realmente lo profundo y lo preciso que había sido al hablar de la soledad y el manojillo de escarcha.
Supe entonces que había que creerle, porque siempre había dicho la verdad (a mi abuelo, a mis viejos y a mí), porque los amigos son sueños imprevistos y el sol sólo es el sol si brilla en ti. Porque el valor no es el precio, y llorar siempre es mejor en el mar; porque no está bueno andar camuflado por nadie ni por nada, y porque la vida a veces nos gasta bromas y, otras, se nos da entera y en cueros, mágica y radiante...
Así es que, prosiguiendo con nuestro desfile de primeras figuras (que vienen a matizar un poco tanta palabra mal barajada mía), lo traigo al Nano, certeza irrefutable, fe de mis mayores.



Nota: Esto ya fue pegado una vez en el callejón, la casa vieja. Ocurre que dicen que lo sensible se renueva, y esto entonces, tiene (y tendrá) eterna vigencia. Un homenaje.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Y no me suelta...


Una buena amiga, que además tiene la deferencia de mantenerme informada sobre las novedades del mejor cine ibérico, me hizo pensar otra vez en el cine que me apasiona, el que me enamora, el que me queda picando y me pide que lo vea otra vez, y otra más.
Puedo contar esos creadores (porque son más que directores, son autores, magos, cuentistas, 'imaginautas', qué sé yo, tantas cosas) con los dedos de una sola mano y, de esa mano, el pulgar casi siempre es Julio Medem.
Son muchas cosas las que le debo, y van bastante más allá de una imagen preciosa, una frase justa o la emoción de una escena que se nos agarra por dentro y no nos suelta. Podría contar una parte de mi vida desde sus azares, y eso no es poco.
Así es que, ahora que lo pienso, no sé cómo dejé que pasara tanto tiempo en estos borradores sin el merecido homenaje a este señor.
Aquí abajo, una escena de la que fue la primera de Medem que vi. Por alguna casualidad, que no sé bien, llegó a mis manos y, a partir de entonces no pude más que zambullirme, de cabeza, en el ancho y hondo "Universo Medem".
Ya no sé decir si es la que más me gusta de todas, pero le tengo un cariño especial: fue durante esta escena, de esta película, que supe que ya había caído por el agujero, que más allá de los finales siempre querría reaparecer en mitad de sus cuentos, todos, cualquiera de ellos.


LUCÍA: Oye, ¿puedo hablar contigo?
LORENZO: ¿Ahora?
LUCÍA: Bueno, pues luego.
LORENZO: Es que estoy con un amigo... ¿sobre qué es?
LUCÍA: Verás...
LORENZO: ¿Te pasa algo?
LUCÍA: Sí
LORENZO: Dime
LUCÍA: ¿Ahora?
[Lorenzo se sienta en su mesa, y le pregunta]
LORENZO: Sí ¿Cómo te llamas?
LUCÍA: Lucía
LORENZO: Yo Lorenzo
LUCÍA: Ya lo sé, te conozco... he leído tu novela, varias veces y... ya no he podido leer nada más... se me ha agarrado por dentro y... no me suelta; pero, también te conozco de seguirte por la calle, cuando te veo, me gusta andar detrás de ti y saber a dónde vas, sin que me veas, hasta sé cual es tu portal... está aquí al lado, y a veces te veo en este bar ¿Te suena mi cara?
LORENZO: No (moviendo la cabeza)
LUCÍA: Yo soy camarera de ese restaurante, tú nunca has entrado... mi jefe está muy bien y es un buen cocinero... pero me ha propuesto que vivamos juntos, y la verdad es... que me ha hecho mucha ilusión, porque he sentido que me necesita, y ahora él hasta me gusta un poco así que he decidido...
LORENZO: ¿Qué?
LUCÍA: Pues que sepas que yo con quien de verdad quiero vivir es contigo, y no es porque te vea muy solo, es porque estoy completamente enamorada de ti, loca perdida, ya me ves...
LORENZO: Qué valiente eres.
LUCÍA: Pues sí. Y se acabó, yo ya lo he intentado... ¿te ha hecho ilusión? (se quedan en silencio) ¡oye te puedes ir cuando quieras eh!
[Lorenzo está sorprendido y después de abrir temblorosamente su cajetilla de cigarros tiene una última pregunta]
LORENZO: ¿Y algo más quieres de mí?
LUCÍA: Sí... que con el tiempo y la convivencia te acabes enamorando de mí, por supuesto.[Lorenzo se levanta de la silla y parece que se va; sin embargo, se acerca al rostro de Lucía]LORENZO: Eso está hecho Lucía... Ahora mismo nos vamos tú y yo a emborracharnos por ahí, que hay mucho que celebrar.

Lucía y el sexo (Julio Medem)



domingo, 15 de febrero de 2009

Canciones para la nostalgia

Que no es lo mismo que canciones del recuerdo. Éstas tienen a la nostalgia por tema y son, junto con algunas buenas canciones de amor, las que tienen la vía más directa al corazón de la gente. Es que de extrañar no se salva nadie, ese dolor agridulce que lo mismo te hunde y te salva, que, como el recuerdo, viene con lágrimas de un solo ojo o una sonrisa de media cara.
Soy capaz de hacer una vasta lista de canciones para la nostalgia pero por ahora va solamente una.
Los temas de este tipo sonaban en los bailes, a la hora de los lentos, en la época en que mis viejos estaban apenas de novios. Muchos años después lo descubrí yo y aprendí también a enamorarme de su sonido: tiene esa capacidad, casi instantánea, de traerme paz. Me encanta su estampa y su sencillez, su voz que acuna y esos ojazos.
Nunca estuve en Carolina pero lo mismo da
¿Quién no se imaginó volviendo otra vez a casa?

...A silver tear appearing now
I'm cryin' ain't I ?
Gone to Carolina in my mind...





James Taylor, Carolina in my mind

domingo, 25 de enero de 2009

Palabras invitadas

Como acostumbraba en el callejón, aquí también voy a invitar cada tanto a las palabras de otros. Hoy, la murga 'Agarrate Catalina' con un texto que se recita con un fondo de guitarra antes de empezar la canción de ese mismo nombre, 'La niebla'. Sencillo, triste y hermoso resumen de lo que es, quizá, tal vez, volverse viejos.


Domingo 32 de otoño, la niebla. La niebla lo invade todo: este cuarto que no eligió, este mundo que no es el suyo, y esos ojos desconocidos que la miran, que la buscan y que aseguran conocerla. Acá la niebla, más allá también la niebla: sobre sus manos viejas como de piel de papel sobre los huesos de antiguo barro valiente todavía caminando. En el medio de toda esa niebla, ella. Ella, de espalda a las ventanas herrumbradas de su presente baldío, de frente al abismo de su pasado, al velatorio continuo de sus memorias desvencijadas, famélicas, suicidas.
A veces un sorbo de sol tibio la separa de la niebla, y una lucidez con vida de mariposa de dos segundos, desesperada y heroica, consigue traer de nuevo a sus padres, juntar nombres con rostros, y revivir un domingo hecho de tiempo en que su amor está siempre vivo; en donde siempre hay baile, en donde siempre hay risa, en donde siempre es feliz como era. Un instante más, y la mariposa caerá aplastada bajo el plomo implacable de una niebla invencible. Besa su mejilla, ahora incalculablemente distante.
Ella pregunta ‘quién soy’.

La niebla, otra vez, lo invade todo.

"La niebla" - Agarrate Catalina


miércoles, 3 de diciembre de 2008

"Les nuits de Paris"


Estos borradores, de ahora en más, también se dedicarán a la complicada industria de la risa (que a la del llanto ya se vienen dedicando hace rato) de manos, claro, de todos aquellos que, considero, son los mejores en ese campo.
Acá vamos, entonces.

Del espectáculo "Humor, dulce hogar", de Les Luthiers: 'Las noches de Paris'.