A mi amiga Conti, con personal orgullo y gratitud. Y a todos los que, como ella, trabajan por la Verdad, la Memoria y la Justicia, desenterrando la Historia de todos.
¿Qué desprende de los cuerpos? ¿Qué química los hace cuerpos, los hace vida?
Miro los cuerpos amontonados sobre la tierra. Un sudor frío me recorre la espina dorsal. Siento que ya pasó el horror, que atrás quedo el espanto, la náusea, la pena honda de la muerta bruta, anónima y apilada.
Miro los cuerpos y siento el hueco que los atraviesa: el peor de todos, el intangible, hecho de tiempo maniatado, empujado hacia el fondo de lo oscuro.
Los miro y se me dibuja el misterio de lo que han sido, de lo que siguen siendo probablemente entre la tierra adormecida. Pienso en esas manos de acariciar, en el amor que durmió en ese pecho, en los libros de los que se adueñaron esos ojos. Pienso en la poesía que pudo caber en esos cuerpos, en el desborde, en la duda que los habrá habitado.
Pienso en las bocas y en las palabras que se habrán dicho. Y quiero llorar hasta que mi llanto llegue a la tierra y haga crecer flores por sobre la muerte sin velos ni tapujos.
Veo cuerpos exhibidos. Han vuelto a ser del aire. Han vuelto a ser nuestros, de los vivos.
Han vuelto a ser material de luz, como lo fueran cuando de sus pies se hacían pasos y los pasos querían despejarnos el camino, el de todos nosotros.
Sabrá la ciencia sacarnos más dudas, y decirnos nombres e historias en donde los ojos no ven más que huesos viejos y sobrevivientes.
Miro los cuerpos y siento el hueco que los atraviesa: el peor de todos, el intangible, hecho de tiempo maniatado, empujado hacia el fondo de lo oscuro.
Los miro y se me dibuja el misterio de lo que han sido, de lo que siguen siendo probablemente entre la tierra adormecida. Pienso en esas manos de acariciar, en el amor que durmió en ese pecho, en los libros de los que se adueñaron esos ojos. Pienso en la poesía que pudo caber en esos cuerpos, en el desborde, en la duda que los habrá habitado.
Pienso en las bocas y en las palabras que se habrán dicho. Y quiero llorar hasta que mi llanto llegue a la tierra y haga crecer flores por sobre la muerte sin velos ni tapujos.
Veo cuerpos exhibidos. Han vuelto a ser del aire. Han vuelto a ser nuestros, de los vivos.
Han vuelto a ser material de luz, como lo fueran cuando de sus pies se hacían pasos y los pasos querían despejarnos el camino, el de todos nosotros.
Sabrá la ciencia sacarnos más dudas, y decirnos nombres e historias en donde los ojos no ven más que huesos viejos y sobrevivientes.
Sabrá la ciencia lo que de estos cuerpos se desprende.
Yo, mientras tanto, los veo encendidos, desprendiendo aromas de casa materna, de libros guardados, de cartas sin mandar perfumadas de tu piel.
Los cuerpos destilan palabras rotas, por si alguien las quiere venir a reparar.
Yo, mientras tanto, los veo encendidos, desprendiendo aromas de casa materna, de libros guardados, de cartas sin mandar perfumadas de tu piel.
Los cuerpos destilan palabras rotas, por si alguien las quiere venir a reparar.
Yo los miro y siento temblar la tierra: ese es su grito de amar la verdad.
Aprieto los puños y, con un manojo enamorado de tierra, salgo a caminar.
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