miércoles, 25 de enero de 2012

Refugio


Ellos tienen un lugar para quererse.
No es que no se quieran un rato cada día, en una vereda que es cualquier vereda, detrás de una palabra que son muchas más, en el suspiro que es un secreto.
Pero además y a pesar de eso, tienen un lugar. Allá donde la ciudad se termina y se cae por un agujero de silencio compartido, sin el ruido de motos y prejuicios. 
Un lugar a donde van los colibríes a inventarse el vuelo. Un lugar donde hacerse fuertes.
Lo llevan consigo en la historia que no cuentan en las reuniones familiares, en el tatuaje debajo de la ropa, en el sol que saluda en colores después de la tormenta.


Ellos tienen un lugar y un lugar los tiene a ellos, mareadas marionetas buscando, con sus hilos enredados, un momento sólo de ellos. Pececitos fuera del agua, boqueando la promesa de verse otra vez. Como si la lluvia del mundo pudiera llorarse en una noche en un lado de la cama, y secarse de madrugada, del otro lado de la cama y del amor.
Como si la vida se detuviera en seco para dejarlos pasar, para ser esa mentira de patas cortas que sabe correr, que no se deja alcanzar por el susto ni la cordura.


Tienen un lugar para quererse porque, de otro modo, deberían dar por perdida alguna batalla. Porque hasta en esta ciudad jodida de humo y sombra, puede la ternura latir como una lucecita intermitente sobre el mapa arrugado.


Es su lugar para quererse. Cuando les falte, tendrá el amor un gusto amargo y será un sin-techo, huérfano de todo menos de corazón.


Por ahora, tienen sus pasos un destino para el descanso, para la libertad y la fragilidad de ser ciertos, de sacarse los zapatos y el escudo, de mirar a los ojos al miedo y matarlo del susto.


Ellos tienen un lugar para quererse. Y con eso basta.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Un lugar, una guarida.

La otra dijo...

una burbuja, un rinconcito!

Anónimo dijo...

Una tregua, una isla!

La otra dijo...

un beso...una canción (:

Anónimo dijo...

Un suspiro... Una sonrisa (: