lunes, 16 de enero de 2012

Sueño desinhibido



Me dormí tarde y agotada.
En mi sueño anduve por todas partes, a juzgar por las vueltas que di en mi cama, por cómo quedaron las sábanas y por el mareo de mi cabeza al despertar.


En alguna parte de tanta corrida, probablemente al final (porque soy buena recordando casi solamente los finales), me encontraba sola en una especie de pequeño anfiteatro frente a un montón de gente dispuesta en semicírculo, vestida de turista y de verano, mirándome a mí.
Alguien me empujó al centro, con la guitarra colgándome indecisa de mi correa de todos colores.
Se hizo silencio, sólo interrumpido por algún esporádico comentario casi en secreto de los turistas que hacían de audiencia.
Me temblaban las piernas de lo inesperado de estar ahí (¿a dónde? en el sueño tampoco lo sabía) y, lo de siempre, de tener que decir algo. Me enseñaron que es de mala educación no saludar y, entonces, con la voz en las rodillas dije 'Buenas tardes' mechado con media sonrisa que la gente me confunde con mueca y nunca me la creen.


Y otra vez el silencio. Los que me empujaron ya no estaban. Se me tapaban los oídos como cuando está a punto de bajarte la presión, y al frente seguían los turistas con cara de verano.


Entonces empecé a tocar. Canté mi canción prohibida y todos escucharon. No sé porqué fue esa y no otra la que se me escapó de la guitarra, pero la canté. Y, como suele pasar, volvió la calma. Las piernas se quedaron quietas, la guitarra firme sobre mi pecho.
La voz se me enredó en el aire y yo también fui un poco parte del verano.


La gente escuchó, con mucho respeto y mejor cara. Debe ser así como se premia la valentía, el arrojo. Será que crezco sin saberlo, desterrando el miedo, de decir 'esta boca es mía', y sacar al sol, a empujones y en un descuido, mi canción. Mi propia canción



No hay comentarios: