agosto de 2007
Aquí dentro, un arlequín. Aquí, una sombra leve que te
quiere y que te miente por necesidad. Aquí, el ombligo que no es centro de
ningún mundo, sino apenas el submundo, sucio y extraño, que te tiene por único
cielo.
De este lado los besos, todos, el gusto a almendras tostadas
y mi tobillo atado a tu parachoques.
En este rincón el que pierde hoy por puntos, mañana por
knock-out, el que pierde y tiene una flor mordida en la boca y un álbum de
invernos con las figuritas difíciles por completar.
De este lado de tu corazón está este loco sin calesita ni
balada, y una tabla de ouija que no dice nada o deletrea silencios como si
supiera otra cosa o quisiera decir...
En este pedazo de la noche vive el embrujo que te mantiene
joven y hermosa, tu nombre acurrucado en las peores horas, hecho un nudo sin
poder huir de los atascos y las malas intenciones.
Sobre esta mesa destartalada, la pesadilla que te sueña
despierta, el buen amor atragantado de pasiones, los nocturnos de Chopin
haciendo cola para arrullarte en la siesta o en la noche que vos prefieras.
En esta cajita de cartón, borradores y volantines, y
cachorros sin collar y primaveras sin lapachos pero con tus lilas y tus
blancos, tus amarillos brillosos y tus rosas entregados.
Acá se quedan tus asuntos más privados, tus dientes
apretando los labios, los infartos sin buenos resultados. Y se quedan también
mis espasmos, eso de no verte, el cuarto en plena mudanza y una foto tuya,
juntando polvo detrás del placard.
Aquí dentro,el mundo todo, la quintaesencia de un delirio,
las ruinas muertas de lo perdido.
Aquí, enterrada, la piedra última de un imperio, un abanico
de alivios haciéndote juego, y la mejor vista de la ciudad, lista para tus
flashes de buenos recuerdos.
Acá, en este extremo del tubo del teléfono, ese al que
siempre le da ocupado en tu casa, o contestador aburrido, o un tono eterno que
nunca afina con la nota dominante (aunque no autoritaria) de tu voz.
Debajo, en este sótano, el inventor sin taller, triste de
proyectos fracasados; el que cuando era un enano te vio pasar por esa feria y
quiso convidarte de su algodón de azúcar y pedirte que lo esperaras a que
creciera para empezarlo a querer.
Atrás, al final de la fila, la duda disfrazada de certeza
irrefutable, la luna en cuarto creciente, siempre a un paso de ser hecho y
completo, como te merecés vos.
La exacta trayectoria de tu risa, desde el principio hasta
la carcajada; el despiste intuitivo de pensar que estás; la habitación limpia
de medias y culpas ajenas; mis dedos sin tu espalda y el olor a barniz de la
madera que tallamos todos estos años.
Acá, el juglar que se duerme sin que le cantes, aunque
cueste.
Aquí, quien busca siempre la vuelta de tuerca que lo deje en
tu órbita de planeta autosuficiente.
Aquí, sentado en un callejón de lluvias, hace guardia el más
perdido, el que espera el guiño, el brillo, el silbido que te haga aparecer.
Y allá...¿cómo sigue todo por allá?
Aquí dentro, un arlequín. Aquí, una sombra leve que te
quiere y que te miente por necesidad. Aquí, el ombligo que no es centro de
ningún mundo, sino apenas el submundo, sucio y extraño, que te tiene por único
cielo.
De este lado los besos, todos, el gusto a almendras tostadas
y mi tobillo atado a tu parachoques.
En este rincón el que pierde hoy por puntos, mañana por
knock-out, el que pierde y tiene una flor mordida en la boca y un álbum de
invernos con las figuritas difíciles por completar.
De este lado de tu corazón está este loco sin calesita ni
balada, y una tabla de ouija que no dice nada o deletrea silencios como si
supiera otra cosa o quisiera decir...
En este pedazo de la noche vive el embrujo que te mantiene
joven y hermosa, tu nombre acurrucado en las peores horas, hecho un nudo sin
poder huir de los atascos y las malas intenciones.
Sobre esta mesa destartalada, la pesadilla que te sueña
despierta, el buen amor atragantado de pasiones, los nocturnos de Chopin
haciendo cola para arrullarte en la siesta o en la noche que vos prefieras.
En esta cajita de cartón, borradores y volantines, y
cachorros sin collar y primaveras sin lapachos pero con tus lilas y tus
blancos, tus amarillos brillosos y tus rosas entregados.
Acá se quedan tus asuntos más privados, tus dientes
apretando los labios, los infartos sin buenos resultados. Y se quedan también
mis espasmos, eso de no verte, el cuarto en plena mudanza y una foto tuya,
juntando polvo detrás del placard.
Aquí dentro,el mundo todo, la quintaesencia de un delirio,
las ruinas muertas de lo perdido.
Aquí, enterrada, la piedra última de un imperio, un abanico
de alivios haciéndote juego, y la mejor vista de la ciudad, lista para tus
flashes de buenos recuerdos.
Acá, en este extremo del tubo del teléfono, ese al que
siempre le da ocupado en tu casa, o contestador aburrido, o un tono eterno que
nunca afina con la nota dominante (aunque no autoritaria) de tu voz.
Debajo, en este sótano, el inventor sin taller, triste de
proyectos fracasados; el que cuando era un enano te vio pasar por esa feria y
quiso convidarte de su algodón de azúcar y pedirte que lo esperaras a que
creciera para empezarlo a querer.
Atrás, al final de la fila, la duda disfrazada de certeza
irrefutable, la luna en cuarto creciente, siempre a un paso de ser hecho y
completo, como te merecés vos.
La exacta trayectoria de tu risa, desde el principio hasta
la carcajada; el despiste intuitivo de pensar que estás; la habitación limpia
de medias y culpas ajenas; mis dedos sin tu espalda y el olor a barniz de la
madera que tallamos todos estos años.
Acá, el juglar que se duerme sin que le cantes, aunque
cueste.
Aquí, quien busca siempre la vuelta de tuerca que lo deje en
tu órbita de planeta autosuficiente.
Aquí, sentado en un callejón de lluvias, hace guardia el más
perdido, el que espera el guiño, el brillo, el silbido que te haga aparecer.
Y allá...¿cómo sigue todo por allá?
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