lunes, 30 de julio de 2012

De adioses y bichito


Mientras escribo, una vaquita de San Antonio me camina por el brazo derecho. 
No es la primera vez que me pasa, me visita seguido. Y siempre me alegro de verla.
En su particular manera de bichito, se ríe un poco de mi torpeza, de eso que tengo yo de tropezarme de sólo estar quieta, de mi mala suerte de hierro y de mis hábitos de encierro. Se ríe de tanto conocerme, eso quiero decir.


Hoy ha venido a hacerme cosquillas, justo a mí, la más cosquillosa de todas, mientras intento escribir con muchísimo esfuerzo una despedida. Ella me hace cosquillas y se me escapan rayones en el cuaderno, tachoneando todas las mariconeadas que venía de escribir.


Ya la conozco bien, lo que busca es distraerme, así, disimuladamente, como para alejarme de las hojas y de esa solemnidad que a veces me pica. 
Es como si quisiera que me tragara yo todos mis adioses, los metiera en la caja de cosas rotas y saliera a jugar.


Se entretiene yendo y viniendo por mi brazo hasta mis dedos, sobrevuela la habitación y va a posarse sobre las cosas que juntan polvo en las repisas. 
Hay un disco de Los Caballeros de la Quema que rayé de tanto escuchar. Hay papeles escritos en los bordes, y una carpeta de guitarra de hojas amarillas llena de zambas en la menor. Hay una pila de fotos de unas nenas alérgicas a crecer, con pantalones carpinteros y remeras pintadas con aerosol.
El bichito va posando sus patitas en mis recuerdos guardados, como quien se arrima a lo cierto, y no me deja mirar hacia otro lado.
En vano intento yo concentrarme en mi mala letra triste de adioses. En vano creo poder escribir mi desborde de nostalgia, mi capa caída, la mezcla rara de palmadita en el hombro y de mueca chueca hacia abajo que me provoca esta despedida.


Eso es porque sabe, con certeza de bicho andador y colorido, que yo escribo demasiado, que no sé hacer otra cosa: a veces hasta dice que me envidia, dice que tengo algo así como los párrafos exactos y que nunca se me traba la lengua (no es cierto, pero por las dudas no se lo discuto).
A mí de ese bichito me gusta que dice las cosas andando, de mi casa a la suya, del verde a las luces de la ciudad, del aire de los volantines al suelo de las bicicletas. También andando el tiempo, cuando descubro que ha estado siempre ahí, mientras yo escribía, mientras agarraba por primera vez la guitarra, mientras, como un secreto grande y peligroso, crecía sin muchas ganas.
A mí de ese bichito me gusta que canta conmigo, que se hace anunciar con tambores, que me saluda con sonidos que nadie más entiende, que sabe de memoria el camino a mi casa, que mueve su culito de bicho pequeñito cuando suena de lejos un candombito, que conoce las historias de la vergüenza y también las del orgullo y por ahí las lleva, bajos sus alitas, cuidando mi pasado, que es también el suyo.


Bicho de lo más friolento, y muerto de tanto andar el día, y un poco mareado del vino que nos tomamos mientras repasábamos cajas y recuerdos, cae desmayado en mi sillón. Yo lo arropo con una frazadita esperando que no lo haga estornudar, y vuelvo a mis papeles.


He perdido el envión, la idea y el coraje necesarios para lo que me toca.
Las despedidas me parten en dos. Nunca voy a tener edad para asumirlas elegantemente. Me muerdo los labios para no hablar de más, mientras dejo que a mi ánimo apocalíptico se lo lleve el viento fresquito de este invierno que tenemos el gusto de compartir.
Porque todo lo que hicimos nos dibuja hacia adelante, porque estamos cosidas a la misma estrella (decía un poeta), y porque el mundo es redondo, nos volveremos a encontrar.
Nos veremos otra vez, claro que sí, y será ése el día feliz que está llegando, el tiempo de conejos, el día de duendes en añejo de la canción.

Cómo me cuestan las despedidas.
'Te voy a extrañar' escribo. Y me atraganto sin más que agregar.


Desde el sillón tose el bichito dormilón.
Mañana andará acariciando el cielo con sus alitas y su culito candombero.
Que tenga un viaje musical, bichito amigo. No se olvide del camino hasta mi casa.


Retrato del mismo, de manos de la que suscribe
5x8cm (aprox)
Año '97(?)...o algo así
Técnica: Fabercito sobre hoja Rivadavia.





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