domingo, 8 de julio de 2012

Manchada de siesta



Me desperté con una mancha de siesta en la espalda y despacio, despacito, por donde rebotan las tormentas, merendé una canción fresca del día.


Me desperté de un soplo en los ojos y en su despiste de agua me puse a cantar, hasta que la tarde se hizo diapasón y afinaron todas las estrellas sobre la escalera, los papeles escritos y las tazas de café.
Entonces fue la noche, me tropecé con unas manos enredadas en mi cuello y mis muñecas, dueñas nadadoras de mi garganta y su respiración, y su pulso y su emborrachada voz.
Fue la noche y no me volví a dormir.
La mañana siguiente me enseñó una ventana, el acorde que faltaba y todo, todo lo que necesita una saber sobre la luz y su antídoto.


Todavía guardo la mancha de la siesta, apenas disimulada entre tanto abrigo y la armónica de Dylan sonando dentro de mis oídos, inventando el único calor posible en este julio.


I Want You by Bob Dylan on Grooveshark

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