miércoles, 11 de julio de 2012
Aquí ya es otro lado
¿Cuántos lugares serán los lugares a los que no habremos nunca de volver?
Yo voy por todas partes haciendo memorias y tactos, haciendo besos secretos y perfumes escondidos. Voy haciendo rebotar mi voz por los huecos por donde cabe y se infiltra y se hace piel, si me dejan, si me dan tiempo.
Pero yo sé, esta baldosa que hoy tan gentilmente le hace un lugarcito a mis pies, un día no será más que otra baldosa cualquiera en donde, alguna vez, alguien alguna vez parecido a mí, fue a posar su pie.
No es difícil verlo, el tiempo da todos los argumentos. Hay casas que son un muerto porque dentro de ellas se respiran cosas muertas y el que entra, sin darse cuenta, se va muriendo un poco. Me ha pasado de entrar en habitaciones en donde ya no hay más flores y, en cambio, el aire está viciado de algo parecido al espanto. El cuerpo, entonces, se retoba, los pulmones se pegotean de alquitrán, y algo como un golpe seco en el centro del plexo solar nos hace salir corriendo.
Afuera, el mundo vuelve a pertenecernos. Volvemos a los lugares nuestros de hoy, los que nos bailan en la mirada, los del buen augurio, los de las canciones enamoradas, los que vienen con el sol.
Pero hay que estar atentos para no entrar ni recorrer, ni hojear ni hacer parada, ni desvestir ni dibujar, ni cantar o nombrar los lugares viejos. Son el terreno de una sombra, un mal signo, el resumen del tiempo desperdiciado.
No hace falta ni ponernos metafísicos, hasta un nene sabe la verdad de la milanesa: hay lugares a los que, aunque volvamos, no volveremos nunca más.
Me acuerdo de cuando volví a la escuela, casi diez años más tarde. No encontré más que un espacio conocido, unas cosquillas compañeras, unos pasos que me sabía pero que ya no eran más los míos. Lo único que vi fue a una adolescente de guardapolvo blanco y pintitas azules, que me sacaba la lengua desde el reflejo de uno de los ventanales que ayer solía mirar desde adentro.
Me sacaba la lengua con esa cara que tan bien le conozco, la del 'vos no aprendés más'.
Es que ella ya escribía entonces, en sus hojas Rivadavia, con letra despareja, aquella frase de Dolina:
''...es por eso que debes saber que sólo regresa el que nunca se fue".
Por eso, mientras me hagan un lugarcito, yo me quedo en todos lados.
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