lunes, 2 de julio de 2012

Conversaciones VI (cantautores)

'...Pero es que ustedes los trovadores no saben ná de la vida...'

- El otro día los escuché cantar...Estuvo lindo, un buen espectáculo.
- Gracias...
- Me gustó...Pero ¡ustedes los cantautores hablan mucho!
- Eso dicen, sí
- ¿No les alcanza con cantar eso que les pasa?
- Parece que no: necesitamos destripar todas las canciones antes de cantarlas, por las dudas alguien no entienda lo que nos duele, lo que nos enoja, lo que nos pone a saltar en una pata...
- Es bueno que se rían un poco de ustedes
- Y...¡antes de que se nos rían otros, claro que sí!
- Pareciera que se sintieran dueños de algo cuando están ahí arriba
- No lo sé...Quizá un poco sí, de ese momento de la noche, de algunas palabras...
- Y de lo que ellas generan...
- ¡Qué sé yo qué generan!
- Es que de eso se trata: no podés saber qué cosas mueve en los demás. Es un tipo de magia, sabés eso ¿no?
- Me cuesta terminar de creerlo, pero lo sé. Hace un tiempo que trato de tomarme eso en serio, de hacerme cargo de lo que hace una canción. Al final, es lo que muchas canciones hacen conmigo también, y la razón por la que dejo andar las mías...
- ¿Para que hagan algo por el resto?
- Y por mí, primero por mí. Que me curen de las cosas que se pudren dentro, de mi torpeza al hablar, de la vergüenza que tengo al extender una mano o contar cosas mías...
- De la soledad...
- Siempre...¿O no es por eso que todo el mundo hace cualquier cosa, lo que sea que hace?
- ¿Para curarse de la soledad?
- Para sentir que se curan, al menos.
- Bueno, no todos tienen ese miedo.
- No es miedo...digamos que es respeto. Trato de no ser una ilusa con todo esto, pero creo que quizá funcione, que tal vez cantando...
. ¿Qué? ¿Llegue la fama y la fortuna?
- ¿Eh? ¿La qué y la cuánto? ¡No! Pensar eso es más que ser iluso, es ser bastante ingenuo y, hasta te diría, un tanto idiota...No, eso no tiene nada que ver con la canción. Yo hablo de otra cosa, una que debería ser mucho más sencilla...Quiero decir que tal vez cantando podamos ganar algo en verdad
- ¿Algo como qué?
- Algo como cualquier cosa, lo que sea. Desde un aplauso hasta un beso...Sí, ¿de qué te reís?
- ¡De nada! ¡Pero es que eso está trilladísimo!
- Sí, demasiado...Pero sigue siendo igual de cierto como la primera vez que alguien lo dijo: cantamos para eso, para que nos quieran. Para que alguien en algún lado nos quiera.
Pueden disfrazarlo como más les guste, y empezar a debatir si el arte por el arte o el arte comprometido, y contar cómo la música ha cambiado al mundo o cómo no ha hecho más que distraerlo, pan y circo...No lo sé, todo es un poco así, en su medida. Pero en el fondo, bien en el fondo, el día que empezamos a ventilar las canciones, a sacarlas a la calle, a mostrarlas colorados de pudor con los dedos temblando sobre las cuerdas, fue porque sentimos que quizá de esa manera, llegaríamos a arañar, aunque sea despacito y como de pasada, algún corazón.
- Vos decís que se trata de eso...
- Yo digo que sí. Después vienen muchas cosas, por supuesto. Eso de exorcizar los fantasmas de una, de hacerse grande y crecer desde los versos. Después viene la conciencia de una voz propia, de una forma de decir, y la posibilidad de pararse ante lo injusto, ante el horror, ante todo lo que pasa, y gritar dulcemente. Porque, al final, eso es cantar: gritar con ternura. Todo eso llega después, cuando uno empieza a acomodarse a todo eso que hace y que es casi sin querer.
- ¿Así se siente, algo que pasa 'casi sin querer'?
- No, retiro lo dicho, no 'casi sin querer', más bien 'casi sin darnos cuenta'. Eso es. Al menos eso es lo que me ha pasado a mí. Un día, cuando quise darme cuenta, ya se me había hecho costumbre cargar la guitarra al hombro o hacer alquimia con los tres o cuatro acordes que conozco. O las noches en los bares, y brindar después de tocar cada noche, y pasarse canciones entre los amigos, y escuchar las propias en voces ajenas. Sin darme cuenta, eso se ha vuelto parte de mí también. Abrir y cerrar los bares apurando los últimos tragos, volver caminando la noche, desarmando todo lo que pasó, las letras equivocadas, las nuevas caras, los amigos ausentes o en primera fila, los ruidos y también los silencios respetuosos. 
- Mirá vos... Es como una ola que te arrastra...
- Sí...y por la que vos te dejás arrastrar, con gusto.
- Son muy verborrágicos ustedes, debe ser de tantas madrugadas entrenando esos desvaríos...
- Ja...debe ser...Nos sobra la noche, nos queda grande y, por llenarla, hablamos de todo, de cualquier cosa... con suerte, después tenemos una nueva canción de todo eso.
- ¡¿Y así pretenden que los quieran, que los escuchen?!
- Ja ja... Así mismo, sí. Sabemos que es difícil, pero queremos creer que no es imposible. Hay que creer en la magia, ¿no?
- ¿Les funciona? Toda esa cursilería de arañar corazones, digo...
- A veces, sólo a veces. Y cuando pasa, no sabemos muy bien qué hacer con todo eso. Nos da miedo, nos da terror que puedan ver a través de nosotros y se encuentren con que las canciones son eso que son solamente, que se den cuenta de que no hacen la primavera ni salvan los planetas, que vean que sin la guitarra y las luces encima, somos unos caracoles asustados que apenas asoman las antenas hacia afuera.
- Digamos que les da miedo romper el hechizo...
- Algo así, sí. Es que, al final, de eso se trata, de hacer durar un hechizo de letra y música...Y esperar que después de eso algo cambie. Que se apague la ciudad, que todo se derrumbe y no quede nada más que la canción entre nosotros. Que se olviden todos del lunes, de la gripe y de los amantes; que las angustias, los calambres y las excusas queden a un lado. Que paren todos los relojes, que las señoritas inalcanzables bajen la guardia y los muchachitos tímidos se olviden la vergüenza en la puerta de casa. 
- Bueno, no piden nada ustedes, ¿eh?
- Es un montonazo, ya sé. Pero no podemos más que esperar eso. Cada noche que desenfundamos la guitarra esperamos que pase todo eso, que ésa sea la noche reservada hace rato en algún viejo arcón de tiempo. Que el hechizo ese del que hablás surta efecto y sólo nos quede subir. Es eso lo que da cuerda a nuestra voz, la espera, un tanto necia, de que alguna noche todo todo explote y volvamos a casa un poco más buenos, más enteros, más iluminados.
- Llevando la guitarra en una mano, y otra mano en la otra...
- ¿Llevando a alguien de la mano? Quizá... creo que con un guiño entre verso y verso nos conformamos. Pero es eso lo que esperamos,'a simple twist of fate', diría don Dylan.
- Es lindo esperar algo así. No sé si llega, o cuándo...pero esperarlo suena a lo único noble y sincero que se puede hacer. Y seguir cantando.
- Eso. Mientras, tratamos de convencernos de que cantando nos hacemos más fuerte, de que, aún siendo frágiles como un papel, no nos desarmamos ni con la peor de las lluvias. Porque cantamos. Porque nos basta el hueco de cualquier guitarra para seguir naciendo...
- ...
- ¿Qué pasa?
- Ay, ay... Nada, nada... Mirá que me caen bien, ¿eh?...¡Pero es que ustedes los cantautores no saben nada de la vida!



Ustedes Los Trovadores by Frank Delgado on Grooveshark


No hay comentarios: