sábado, 30 de junio de 2012

Una tarde y Juarroz




La vida se revuelve como un niño loco
para soplarme el corazón.
Pero yo tengo un lugar en la tarde,
un lugar de vientos detenidos,
en donde todo estaría muerto
si no estuviera así.

La vida se ha caído como un hueso trasijado
para ahuecarme el corazón.
pero yo tengo un hueco sin padre ni madre,
de vidrio sin vidrio,
en donde los charcos se detienen como éxtasis
y todas las niñas del mundo
se enamorarían por primera vez.

La vida se ha comido las estrellas, desahuciadas y rotas,
y se ha clavado en microscopios
y se malsangra en carteles
para encorvarme el corazón.

Pero yo tengo un horizonte sin bocas
y un suavecer sin horizontes
y un deletreo de latidos
para morirme en corazón. 



Y si no hubiera sido esa tarde, y si no hubiésemos leído a Juarroz (si no te lo hubiera leído yo, al oído, como una cosquilla de poesía, por si así me querías más), y si no nos hubiésemos parecido tanto al viento que golpeaba todas las ventanas sin poder abrir ninguna, las cosas se habrían parecido al peor naufragio. Yo creo que sí, que son esos detalles los que salvan.
Por eso fue un resumen del tiempo todo lo que pasó dentro de ese poema mientras pasaba dentro nuestro. La poesía tiene esa manera hermosa de atarnos de pies y manos y encabritarnos, como cuando me sopló la sombra de los ojos y los tuyos fueron a dar al cielorraso para esquivarme el amor. Si no hubiera sido por Juarroz el futuro habría sido esa mirada esquiva tuya y quién sabe qué otros fracasos.
Pero las conjeturas no importan. El mundo es luminoso porque sí, porque hubo un día un poema que justo fue a hacernos bajar la guardia, y porque fue esa tarde y no otra la de los juegos y el silencio sin tristeza, la de adivinarse sin adivinanzas, la que alunizó en mi voz.
Y porque todo eso dura en la mano que lleva la mía por la calle, cuidándola de las baldosas flojas y la soledad.

Cuando digo que la poesía me salva, me refiero a ciertos pocos poemas, a ciertas largas tardes, y a cierto viento que no abre ninguna ventana, pero corre hasta que todo se vacía, y hasta que arrastra todo el mundo hacia mi garganta, para que pueda yo morirme en corazón.