viernes, 21 de septiembre de 2012

Sobre todo cuando es de noche

'...Wordlessly watching he waits by the window 
and wonders at the empty place inside...'


Son cosas que pasan,
sobre todo cuando es de noche.
Pero usted no tenga miedo,
deje medio abierta su ventana y que pasen,
que pasen cuando quieran
todos los que tengan que pasar:
Si no es más que uno, cuánto mejor,
si hacen cola, pues que se vengan igual.

Tómeselo con calma,
no será que se esté volviendo loco,
no será el sueño ni la evasión del día,
tampoco será, se lo juro, siquiera un trocito de melancolía.
No.

Pero sucederán,
no lo dude.
Sobre todo de noche,
cuando todos duerman.

Se harán por un momento carne en usted,
quizá tiemble,
quizá transpire frío,
quizá una cosquilla le haga soltar la lapicera
o algo se le desprenda de los ojos
para correrle, tal vez, la tinta del cuaderno
que venía escribiendo usted con tanta dedicación.

No se espante, 
es así como suele pasar.

Se asomarán, le hablarán en secreto
se tornarán de colores que usted no sabrá describir
todo lo que hay entre un azul encendido y el negro más oscuro.
Revolverán sus cajones, se pondrán sus medias,
olerán su ropa buscando perfumes ajenos
y de la misma manera escrutarán sus ojos
a ver si han cambiado de tanto mirar hacia otro lado.


Se disfrazarán con todo lo que tengan a mano,
se desnudarán para usted,
y a sus espaldas se quedarán
como velando sus desvelos
como esperando a que usted diga que ya es hora de irse a la cama
y entonces puedan mezclarse con las sábanas
y ser por fin cuerpo,
y ser corpóreos,
peligrosamente tangibles,
peligrosamente sensibles a sus manos
y a usted, que lleva una agitada semana
y muchas ganas de dormir.

Buscarán que ellas sientan taquicardia,
y en su pecho intentarán generar temblores de mal pulso.
Pero no se altere usted
a todos nos ha pasado

y nada pasará:
los fantasmas no aprenden a tocar
tampoco saben alargar las horas
ni acortarlas.

Los fantasmas no desarman la rutina,
no conocen los nuevos atajos al corazón,
siempre llegan tarde y por la puerta de atrás
y siempre dan un poco de miedo.

Pero no tema usted,
no tema porque, como buenos fantasmas,
no saben hablar
jamás le dirán una palabra,
no podrán más que pasar a través de usted,
a lo sumo, rozarán sus pulmones y su hígado,
se le harán humo o alcohol
como cualquier cigarro o como una copa más.

No se asuste ni siquiera cuando lo miren,

porque lo mirarán,
hacia el final de todo y desde el marco de la puerta lo mirarán,
profundo, profundísimo
pero siempre así como quien no quiere la cosa.
Lo mirarán como diciendo 'mirame, mirame, ¿no me querés mirar?'
Y usted levantará apenas la cabeza,
(sí, apenas, como para no ser irrespetuoso),
sentirá como un frío en los huesos que será incapaz de identificar
y luego,
con ademán de sacarse un sombrero que nunca tuvo,
bajará otra vez la cabeza
y se dejará vencer por el sueño.

A pesar de todo, dormirá como un bebé

se lo digo yo.

Son cosas que pueden pasar.
Sobre todo cuando es de noche
y unos vientos de estación
soplan tímidamente y entreabren las ventanas.

Ocurrirá.
No intente explicárselo.
No hace falta trabar su ventana,
deje que pasen:
También el olvido es un pestillo
y un candado,
también es usted uno que respira
y entre fantasmas no tiene nada que perder
nada que temer.

En todo caso,
abríguese de ese frío,
de ese mal rato.
Cuando cierre los ojos, 
se habrán ido,
se lo prometo yo.

Son cosas que pasan
sobre todo cuando es de noche.

Usted no se asuste.
Porque también hay otras noches,
en que pasan otras cosas;
que no necesitan del viento ni de las ventanas,
que no dan frío ni ganas de dormir.

Hay noches que se dejan tocar
y que miran profundísimo
y antes de que se lo pregunten
'¿me querés mirar?'
ya estará usted enredado de ojos,
enredando sus ojos
y dejándose enredar.







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