martes, 2 de octubre de 2012
Las cosas tienen movimiento
Yo creo que, de andar, andamos mucho.
Todo el tiempo estamos embarcándonos, haciendo las valijas, corriendo al andén, perdiendo el pasaje.
Todo el tiempo estamos planeando el viaje, y después quedándonos en casa porque con la plata no llegamos, o alguien se baja, o se pasa para otro mes menos frío, más barato y más lejos, que suele ser ninguno.
Tengo en la espalda una rosa de los vientos, el círculo que muestra los rumbos del horizonte. Si me pierdo, me encuentro en mi dedo meñique, más temprano o más tarde, lo mismo da. En general siempre es de noche cuando me encuentro, y es por una calle que nunca vi pero que se parece a todas las calles juntas, y donde yo me destiño si suena cierta canción.
Se va uno de casa, se desarraiga, se desprende a tirones lo que ha sido y empieza un día nuevo. Y aunque se cuenten los sueños (como ovejas y como cuentos), uno siempre está inexorablemente del lado de los despiertos, del lado en donde alguien dice 'prendé un cigarro, fumemos uno entre los dos', de lado en que nos desperezamos y desayunamos protocolarmente, del lado de una media risa y de lo que cuesta hacerse grandes.
Yo pego mi nariz a la ventanilla, como los chicos, y veo los arbolitos moverse del otro lado. Pienso entonces en lo raro de ser de los que echan raíces, en lo extraño de que existan todavía los que duren siempre abrazados a lo que han elegido o a lo que les ha tocado en suerte. Yo, con mi nariz en la ventanilla, necesitaría algo de árbol también, y cambiar este mal pulso por la firmeza de una sola de sus ramas.
Todo el tiempo estamos viajando, aún los que hacen todo lo posible por quedarse quietos.
Cuando yo viajo, cuando me viajo, todo se me amontona a un costado del pecho y ahí se queda, relegado. Si hay ruido, no lo escucho. No quiero saber de nada, ni de nadie. Las cosas se escapan como jabón entre mis manos mojadas, pero a mí me da igual.
Yo quiero ser, viajando, la que entienda que las cosas tienen movimiento (como decía una canción) y que yo, entre tantas cosas, por suerte, también.
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