- Tu crois au coup de foudre ?
- Ouais.
- Naïve.
El famoso coup de foudre...
Y...qué te puedo decir, no sé...Es de esas preguntas que te ponen de un lado o del otro, ¿no? Aquí los románticos, allá los escépticos. Y yo no sé, no sé...
Pasa que yo me pasaba los veranos leyendo. Yo era ése tipo de adolescente. Lloraba de noche y mi mamá tenía miedo de que fuera a convertirme en una persona triste y guardada, que no sabe ni decir a dónde le duele.
Culpo a los libros. Un poco sí. Bastante sí. Tenía problemas para distinguir realidad de ficciones ¡imaginate los tropezones que me di! Leyendo la vida como a través de los ojos de algún personaje de una novela de Sábato, así de muy, así de tan...La obsesión, la fatalidad, el amor como una espina, las preguntas existenciales. Todo, todo junto.
Y sí, culpo a los libros. Hay gente que culpa a las películas de lo mismo. No sé, cada uno sabrá dónde le aprieta el zapato.
Lo que sé es que después hubo que pisar la vereda. Y era cierto lo que decía, qué ironía, otro libro más: la vida estaba en otra parte. Y no tenía nada que ver con nada de lo que yo había leído. Ni siquiera el bueno de Cortázar me había dado una mano: la Maga no existía por ninguna parte y creerlo así era como desoír el ruido de todas las personas que caminaban delante mío en la calle, las que me cruzaban en las colas del banco o se emborrachaban conmigo en el mismo bar. Creerlo así era cerrar los ojos a toda esa gente que, sin ser La Maga, era capaz de otros hechizos.
Su compromiso, el de Cortázar, era con la belleza, no con la verdad, por eso la Maga. Pero a eso lo entendí mucho después.
¿A qué iba yo con todo esto?... ¡Ah! Esto del rayo ('...que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio...', de esa frase, fijate, no me olvidé más), del nosequé-quéséyo, cierto.
No lo sé...¿Qué tendría que decir? ¿que es como con las brujas: "No lo creo, pero que los hay, los hay"? Dicen que es lo primero que llega y lo último que se va.
Yo digo que tiene que ser un poquito más complicado que eso. A un lado el lirismo, con lo lindo que puede quedar: tiene que haber algo más, más difícil y más esforzado y, por eso, más hermoso al fin.
Pasa que, con el tiempo, aprendí a enamorarme de otras cosas. Me gustan más las lluvias finitas que las tormentas, es eso. La primera te acaricia, la segunda te revuelve... Todo está muy bien, cuánto de hermoso debe haber en revolverse (si lo han escrito tanto, es que vende, y si vende, es porque lo han escrito tanto). Pero a mí me gusta la caricia, siempre, porque es un mimo que se sostiene en el tiempo y un detalle que se queda en la piel (shhh, no se lo cuentes a nadie pero eso es así: tocarse es dejarse marcas, dejarse marcas es quedarse y...bueno, ya sabés todo eso que sigue y de lo que conviene hacer caso omiso, porque tiene más de verdad poética que de verdad verdadera).
Yo creo en otras cosas.
Allá en la adolescencia, allá en los libros, Alejandra y Martín se enamoraban de la manera en que yo hoy me engripo: esa suerte de fiebre que es delirio y dolor en el cuerpo.
Yo crecí para sentir de a poquito. Me gusta dosificar lo sentido y que vaya haciéndose su espacio sin prisa pero sin pausa, como quien no quiere la cosa.
Me gusta sorprenderme. Ni a primera ni a segunda vista. Ningún rayo, ninguna flecha: yo no tengo buena puntería, y temo, por otro lado, no ser un blanco fácil.
A mí me gusta cuando algo asoma tímido, como un yuyito que no sabíamos que estaba creciendo en alguna maceta del patio. Me gusta iluminarme despacito, igual que me apago.
Y siempre se me ha dado por los cauces más inesperados: hace falta más que una mirada, aunque luego más tarde sea justamente éso lo que jamás vayamos a olvidar.
Y ya empiezo a delatar mi costado novelero, ¿verdad?
No me hagas caso, es igual.
Yo creo más en esto de tomarse un mate y hablar de la lluvia en septiembre. O pensar un viaje ("...éste es el momento de largarse a otro lugar..."), o destripar los recuerdos como para exorcizarlos. Yo creo en que todo se parece más a pisar baldosas flojas que a volar en un globo de colores por el quinto cielo, y eso me parece más digno de escribirse que todas las novelas y poemas que me edulcoraron el pasado.
Porque de cada baldosa floja yo hice un cuento, más o menos legible, más o menos enamorado o dolido, pero todo mío, mucho más mío que la Maga que no queda en ninguna parte.
Pero la magia, la magia sí. La magia, otra, siempre, sí.
Así es que, el coup de foudre...Quién sabe...Pero, qué querés que te diga...
Franchement, je m'en fou...
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