De grande, ay, de grande...
Mirá, mamá, cómo hago un verso para que pegues en la heladera...
Mirá, pá, cómo me sé esa canción...
Y vivir, no sé, de vivir viviré
ya veremos dónde, ya veremos cómo
(de nadie eso, sí, vivir de nadie,
ser de nadie, eso bien lo aprendí).
Pero mirá, mirá mamá cómo miro bien antes de cruzar,
mirá que ya como algunas verduras más (algunas, vamos de a poco)
mirá todas las palabras que conozco para decir,
ya entendí eso de que son un atajo hasta el corazón,
por fin lo entendí, después de tantas velitas, de tantos cumpleaños.
Con ellas, a veces, juego un poco
hago algunos malabares, así, apenitas,
porque no me alcanza con tenerlas en la boca.
y por si así son más llamativas y alguno se da vuelta a verlas
y a verme jugar con ellas.
Mirá, papá,
¿has visto que ya he leído un montón?
Que ya podemos charlar de los libros de Soriano,
que entiendo tus novelas en francés;
que ahora 'discuto con fundamentos'
cuando me querés agarrar con esas teorías lingüísticas tuyas
que desafían ríos y ríos de tinta,
(a eso lo estudié, ¡qué te crees!).
Ya no necesito cuentos para dormir,
ni lloriqueo en la oscuridad,
y aunque todavía no corrijo la sonrisa chueca,
cuando me sonrío es porque el mundo me hace cosquillas
porque es grande y generoso, yo sé
como el que me mostraban a turucuto
algún domingo en la plaza con sol.
Miren, es verdad,
nunca me he callado la boca
y eso a veces me ha costado la cara
y otras me hizo el día,
¿quién dice lo que vale más?
Yo aprendí que el silencio nunca es una inversión.
Miren que no hubo con qué darle a mis pies planos
pero les juro, les juro por lo que me gustaba el nesquick en mamadera,
que cuando pisan es que ahí mismo quieren estar
y que ya no vuelan con cualquier brisita compradora
porque están enamorados de la tierra,
porque el barro que se hartaron de limpiar de mis zapatillas
todavía me llama a pisarlo,
como el mar, cuando está más bravo.
No es un capricho, otro de los míos,
es que yo siento que a veces es peligroso estar aquí
y hay que ensuciarse hasta el alma
porque en esa roña vive el riesgo
y en el riesgo se está vivo.
(a veces lo hermoso nos cuesta la vida, cantaba un señor).
Hoy, de grande
ay, de grande
no sé hasta dónde llega mi marquita en la pared.
Crecí a bordo de tantos sueños y de tantas sombras,
que no sé sentir otra cosa que agridulces,
que la palabra amor aún me suena a hueco
aunque muchas veces lo supe llenar,
que tengo en la mesita de luz un barco que es una cáscara de nuez
y que zarparé un día, van a ver,
saludándolos desde la proa
como agradeciéndoles el amor por lo que se queda,
por las pasiones y por los viajes.
Y vivir, lo que se dice vivir,
no sé de qué viviré
¡Miren qué pregunta me vienen a hacer!
De esta poesía, seguro que no.
Algo encontraré: sé contar,
sé decir 'jelou' y ' ye te'em'!
sé un secreto de cómo mirar
que quizá me gana una moneda, un beso,
una palabra sólo para mí.
Y de vivir,
viviré dentro de una canción
o en los vasos vacíos de mis amigos.
Viviré donde me dejé olvidadas alguna vez unas llaves,
un boleto, un corazón.
No se preocupen, yo me sé cuidar.
Pero, ¿no lo saben todavía?
Lo que más me gusta en el mundo es cantar
y escribir hasta el sueño todas las paredes de la casa
(perdón por los rayones de crayón en tu cocina, mamá).
Lo que más me gusta a mí es imaginar
y después contar, contarlo todo así como lo vi.
No viviré de imaginar, ya sé,
pero me parece que de tanto hacerlo
no me voy a morir más
y cuando me muera será imaginando que sigo acá.
Mirá, mamá, cómo hago un verso para que pegues en la heladera...
Mirá, pá, cómo me sé esa canción...
Y vivir, no sé, de vivir, viviré.
Yo hago versos.
Yo me sé alguna canción.
Y vivo, claro.
Voy a estar bien, créanme.
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