jueves, 6 de septiembre de 2012

En caso de pérdida



Esto lo encontré en un cuaderno que creía perdido.
Todas sus páginas llevaban escritos para casos de emergencia. 
Éste, en particular, empezaba con la advertencia: 
''Por si un día pierdo el rumbo y por si hay quien me quiera ayudar a volverlo a encontrar."


Si yo me pierdo, si llegara a perderme, acérqueme el encendedor que tengo en el cajón de la mesita de luz. Préndalo para mí y deme la mano, porque seguramente ya andaré tropezada, de jeta al piso y haciendo pucheros. Soy muy maricona cuando me pierdo, eso también, sepa entender.

Si me pierdo, vístase de azul, que es un color que no olvido. Vístase de azul y deslúmbreme, en el sentido más literal de la palabra: con un golpe de azul que venga de usted yo abro los ojos. De azul y de usted, yo sano.

Si ando perdida, si me ve manotear el aire, tema por mí. No es que me vaya a morir, no. Pero cuando me pierdo suelo romperme un poco y tomar rumbos al ta-te-ti. Cuando me vea con ganas de perderme, no me deje salir sin las llaves de casa, cuídeme los olvidos, deme el beso de las buenas noches. Cuando esté en la puerta, recuérdeme el camino de vuelta, dibújeme un croquis borroso. Con eso me alcanza.

No es tan raro, suele perderse la gente por error, por fuerza o por propia voluntad. La gente suele perderse o estar perdida, virar de rumbo, guardarse, hacer las valijas, correrse de la estadística, salirse de la ruta. 
Yo me pierdo porque es un riesgo de esos ineludibles, como emborracharse, como desnudarse, como respirar hondo y sumergirse, cuando es eso todo lo que queda por hacer.
Yo me pierdo a veces porque hay días en que encontrar y encontrarse son dos verbos que no se pueden ni ver.


Pero, en fin, si un día me pierdo y estas indicaciones se le caen del bolsillo; si no llega a leerlas porque se las roba de las manos algún pajarito, si es sólo que me he perdido y no que me le pierdo, o si decide hacer caso omiso por pensar que exagero; si eso pasa y algún día me pierdo, entonces, al menos, sepa tomar nota y enterarse de mi errar, de mi andar lejos.
Quiero decir que si un día me pierdo y no tiene para mi un encendedor, ni se viste de azul, ni teme por mí, ni me recuerda de las llaves y el croquis, ni me da un beso de las buenas noches, entonces, al menos, deme por perdida.
Créame y avise a las autoridades que ando por ahí, tropezada quién sabe dónde, y que sea otro el que se encargue. Y lávese bien las manos de todo el trámite de tener que encontrarme o de ayudarme a volver.

Si así fuera, y si además me ocurre que tengo al menos un poquito de suerte, este mensaje será de otro, de quien corresponda, de quien lo vaya a leer. Y de quien vaya a inventarse el encendedor, el azul y el beso por verme aparecer.

Entonces será este mensaje de quien lo encuentre, de quien me quiera encontrar.




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