Que se muere gente en la calle. De frío, de hambre, de andar sin remedio.
Que están los que lloran sus mares, los del desierto y la brújula rota.
Que está la gente que se ha perdido, que se la tragó la tierra y flamean en nuestras banderas y gritan en nuestros gritos y ya no hay quien pueda traer de vuelta.
Que hay avestruces, cobardes, hombres que se sienten gigantes cuando levantan un puño y dejan cicatriz.
Que los deseos de las velitas no siempre se cumplen, que cuesta llegar a fin de mes, que un poco más cuesta crecer y romper los cascarones.
Que somos detalles de un detalle que alguien dejó olvidado en el boceto de un mundo más o menos habitable.
Que sí, a todo eso lo sabemos.
Que de algunos lugares no se vuelve. Que se puede morir de miedo y de incertidumbre.
Sí.
Pero también están los vivos contra todo pronóstico. Los que ofrecen su techo y su abrigo.
Los que nadan su mar y, de un impulso esforzado, salen a flote.
Que no se te olvide que están los que buscan defendiendo lo cierto, los valientes que salen a la batalla con el corazón en la mano, y la batalla es cualquier día, y el corazón es un cartoncito frágil y artesanal.
Que hay empeñados deseadores de un acaso, sin garantías, embarrados caminadores de los senderos más jodidos, que saben que han de ensuciar sus zapatos y pisan el mundo igual.
Que quizás tengan que vernos con una lupa, pero cuando nos vean, cuando nos vean, tendrán que cuidarse los ojos: tan fuerte será la luz que se proyecte, tan fuerte, que no les va a quedar otra que encenderse. Como nosotros, que somos gente encendida. Y ése es un fuego irrenunciable.
Y que hay lugares a los que volveremos siempre porque se han hecho parte nuestra. Y que también se puede morir de amor, y de la certeza peligrosa y hermosa de que es una dulce forma de morir y de haber vivido.
Y de la ternura.
No te olvides nunca de la ternura. La que está en la calle y en las canciones. La de los libros que me enseñaron a crecer.
La que me queda.
La que hacés aparecer.
La que nos espía desde lejos y, cuando no estamos mirando, nos rompe en un montón de acordes. Así...
1 comentario:
Que bonito. Ojalá nadie de olvide jamás de la ternura.
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