sábado, 11 de agosto de 2012

Conversaciones VII (veo veo)


- Lo primero es que cierres fuerte los ojos.
- Ajá ¿Y después?
- Y después, que me mires.
- ¿Cómo es eso?
- Con las manos, que me mires.
- ¿Como si aquí estuvieras?
- Como si ahí estuviera, sí. Imaginate que me dibujás la cara con las manos...¿qué es lo que más te gusta de mí?
- Tu nariz.
- ¡¿En serio?! ¿Mi nariz? Nunca me habías dicho eso.
- Sí, la forma de tu nariz...Nadie más tiene esa nariz. Y entra justo en el huequito entre mi mandíbula y mi cuello.
- ¡Mi nariz!... Bueno, imaginate mi nariz, y no dejes de mirarme con las manos.
- Eso hago...¿Y ahora?
- Ahora, decime qué cosas ves.
- ¿Cómo que qué veo? ¡Te veo a vos!
- No, no mientas. Yo estoy muy lejos, ¿te acordás? Detrás de todas las puertas que vas cerrando a portazos, de las paredes que escribís todos los días, de los mensajes equivocados, de las llamadas mudas del otro lado, de los alfabetos imposibles...
- No te burles: esas pesadillas me despiertan agitada en medio de la noche, son una cosa seria, como las ausencias...
- No me burlo, tus malos sueños me arden un poco a mí también pero, shhh, ese va a ser nuestro secreto: no está bueno mostrar la hilacha... De todas formas, vos ya tendrías que saberlo, ''...lo que te falta te abandona menos...''
- ...
- Te decía, ¿qué ves? ¿qué cosas ves? Conmigo, además de mí y de mi nariz...
- Me dijiste que no puedo ver tu nariz, de acuerdo. Ni tus ojos, que son un esfuerzo de imaginar...No me mires con esa cara que ya te conozco, pero sí, me he ido olvidando de tus ojos.
- Uff...nada de armas blancas en este juego ¿eh?... escondé ese puñal, porque duele.
- Bueno, tus ojos no, es cierto. Pero veo un montón de cosas, no creas que no. Veo lo que se veía desde una ventana a través de las cortinas cuando era muy de mañana y el día empezaba a desenredarnos. Veo la palabra equivocada, la desafortunada, y el espacio de silencio entre todas las demás. Veo los espejos mentirosos y el reverso de lo que nos dijimos. La basura que se va acumulando en los lugares que nunca barremos...
- Todas cosas espantosas...
- Todas cosas ciertas...¿O vas a decirme que no?
- Voy a decirte que es triste que veas todo eso.
- También veo otras cosas. Veo, por ejemplo, los caminos que hice por tu espalda. Los roces, el apuro, la historia de unos besos, las calenturas...
- Uy, ¿y eso? ¡Qué cosas dice usted!
- Digo lo que digo: las calenturas, los trayectos secretos de una mano...No se me va a caer el nombre por ver otra vez, como por el rabillo de una puerta, alguna noche en que fuimos a mezclarnos y eso era el último resabio de cualquier oscuridad.
- Ya me estoy arrepintiendo de mi juego.
- ¿Te asusta lo que veo?
- Un poco sí.
- Bueno. No tenemos que jugar más. Abro los ojos y ya te has ido.
- No...tampoco los abras tan rápido. Me quiero quedar un ratito más.
- ¿Querés saber qué es lo que siempre me gustó de vos?
- Ya me lo dijiste, mi nariz.
- Además de tu nariz...Que fueras un desafío, que buscaras lo que yo no, que intentaras hacerte fuerte. Y estas ideas de dibujarte con las manos. Y la ternura que, de a ratos, me contagiaste.
- Eso es casi como si te acordaras de mis ojos...
- Casi.
- Qué mecanismo raro el corazón. A veces parece que tuviera unos engranajes un poco cachuzos. Será que hay que tenerle un poco de paciencia, hasta que las averías se arreglen solas... 
- ¿Y eso qué quiere decir?
-  Que a lo mejor éste sí sea el mejor momento para que abras los ojos.
- A lo mejor...







"¿Quieres saber qué me gusta de ti?...Que me rechazaste, que eres delicado, que estás asustado, que eres guapo, que estás fuera, que me provocas ternura, que me excitas, que estás igual de atrapado que yo..." 
Azul oscuro casi negro



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