miércoles, 15 de agosto de 2012

No duermo


Mejor no duermo más.
Mejor no duermo.Guárdeme, señor de los sueños, el mío en un lugar secreto donde no lleguen los curiosos ni los terapeutas. Guárdeme el sueño en una cajita: yo pasaré a buscarlo cuando mis párpados no den más.

Y haga con el cartón del que están hechos lo que usted más quiera, no me importa. Tírelo, recíclelo, dónelo o entrégueselo al mejor postor, por mí es igual. Puedo prescindir de su material, son las horas de descanso las que me gustaría conservar para llevarme con intereses cuando sea el momento.
Lo soñado no me preocupa, eso va y vuelve, energía renovable, motor infinito, cuento de mil finales, un elige-tu-propia-aventura de interminables posibilidades.
Yo quiero amontonar el tiempo de ojos cerrados para cuando sea la hora del desmayo y estén todas las canciones hechas, todas las cartas enviadas, todos los amigos abrazados y todos los besos besados en donde mejor los llame su impulso.

No duermo más. El tren de las coincidencias siempre pasa después de las diez. Hay un temblor en la esquina del pasaje y Las Piedras que espera por mis pies para hacerlos saltar.
Alguien tendrá que hablar de los ronquidos por fuera y hacer un boceto de lo que pasa cuando nada estalla, cuando no están pagando justos por pecadores, cuando mi amor descansa en los zaguanes más prohibidos y los amantes infelices dejan de mentirse hasta el día después. Voy a quedarme despierta para sentirlo todo, yo, insomne y mirona. 

No duermo más, no existe la máquina del tiempo que devuelva el momento en que me perdí de mirarte por encerrarme con los ojos a mi cueva de ensueño.
Y yo quiero querer, palpar con los ojos, escupir la calle con los pies y que el viento me quiebre la piel. Yo quiero tus manos a toda hora, y la posibilidad de que lean las mías cuando no las delata ninguna luz.

No duermo más porque si duermo se me escapa el mundo. Porque, de dormir, corro el riesgo de codearme con la apariencia de las cosas, con la mentira organizada del inconsciente, con pagarés en blanco, y bichos que me muerden los pies.
Que el pícaro sueño no quiera venir, a mí lo mismo me da. Ya no espero por su bálsamo que sólo cura sobre un colchón y a la orilla de una almohada. Que no venga el sueño a distraerme de los días, su sonido ya no me acaricia, ya no surte ese efecto apaciguante, ya no me acuna.

Ya no duermo más. Todas las horas son mías. 
Guárdenme el sueño para cuando haya agotado el anhelo, para cuando el cielo se olvide de cómo llover y no quede nadie más a quién hacerle una canción.




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