Vamos a ver, ésta es una carta de amor. Al corazón no lo ves, pero está sobre la mesa y no se piensa mover hasta que yo deje mi punto final (que ojalá sea más punto que final).
En realidad, partiendo del estado de la situación, no tengo mucho que agregar. Más bien lo que tengo para decir es que me gustaría que otra fuera la historia, que yo te conociera desde siempre o, en todo caso, desde algún viaje en que pensábamos que los besos durarían nada más que hasta febrero. Yo quiero el asunto de la primera mirada y las entradas de cine guardadas entre las hojas de un libro, y enamorarme como el joven Werther y pedirte que me salves, que te quedes conmigo.
Pero la cruel realidad es que apenas si nos vimos, y el tipo alto y de espalda ancha, que resultó ser tu novio, me ganó al truco y se llevó a su casa mis diez pesos y mi chica. Me ganó de mano el juego y el amor.
La verdad es también que no soy un poeta con casi tanta pasión como estilo, que laburo de fotocopiar palabras de otros (desde la Anatomía de Grays hasta las églogas de Garcilaso), y de doce a dos almuerzo y me echo una siestita.
Pero a mí me gustaría no trabajar a la hora en que vos te desocupás y pasarte a buscar o esperarte en casa con una cena, que vivamos juntos y saber cocinar. Y después, no sé, conocer a tus viejos, ponerme una corbata y ser algo así como un abogado exitoso que te llame desde Tribunales para decirte que ya te extraña (aunque nos hayamos despedido una hora y media atrás) y preguntarte cómo está tu panza, si tenés algún antojo, si querés que te busque ya. Porque, eso también: estás embarazada y estamos felices, repitiendo que sólo esperamos que salga sano y fuerte. Y en mi laburo, probablemente mi secretaria esté muy buena y me tire algunos palos pero yo solamente te querría a vos y a esa primera hija que está por venir (porque, secretamente, yo querría que fuera nena y se pareciera a vos).
Yo sé que el amor anda despacio y que lo mío es una autopista de desquiciados en hora pico, pero en la historia que yo quisiera todo es tan normal... En cambio esto de verte por casualidad cuando me pedís de la página 223 a la 310 doble fas, o perdiendo por un falta envido del tipo que te vio primero, no sé...En esta historia no me gusta vivir.
Entonces, escribo que somos otros, que tendremos una casa grande de fin de semana con flores de alfalfa, azules bien azules, y una acequia para mojarse los pies mientras comemos mandarinas a la sombrita de la siesta. Vos vas a quedarte así de joven y hermosa, siempre con tus mismos ojos de espantar inviernos, y vas a trabajar hasta que quieras y a pintar a tus anchas en el atelier que para alguno de tus cumpleaños te voy a regalar. A cambio, me darás mil hijos que se te parezcan, con nombres simples de gente que ama lo sencillo, que corta flores del vecino y se enamora sin manual.
En esta historia mía con forma de carta de amor, de promesa, nos hacemos viejos juntos y dormimos abrazados en una cama de madera oscura, y nos vamos olvidando de lo que hicimos un minuto atrás pero todos los días recordamos cómo fue la primera mirada, eso de ser tu amigo de siempre o el hombre que en un viaje te enamoró para todos los veranos.
Y cuando ya tenemos muchos años, somos cenizas sobre la acequia donde tantas veces nos mojamos los pies, mientras nos poníamos una sonrisa de gajo de mandarina, yo en tu boca, vos en la mía.
Necesitaba escribirte una carta de amor pero pensé que, las cosas como están, no había material suficiente. Se me ocurrió entonces que nuestra mejor historia de amor es la que nos está por pasar.
Por eso aquí voy: en honor a nuestro futuro, a lo felices que vamos a ser, y en nombre de nuestros miles de hijos sencillos y profundos, ¿no te enamorarías, aunque fuera por un ratito, hoy de mí?
Collar de flores - Me darás Mil hijos
No hay comentarios:
Publicar un comentario