miércoles, 25 de abril de 2012
Cambiar la voz
Hoy van a venir a verme los que se hayan ido.
Y voy a encontrar flores lejos de las tumbas,
más allá de los arreglos para casamientos y galardones,
fuera de los canteros de las tías abuelas;
yo voy a encontrar flores en los ojos de mis amigos
y hasta de los tuyos desenterraré algún que otro tallo
a ver si crece para mí en el frío
y me cuida el corazón.
Hoy van a cantar conmigo hasta los muertos.
Ellos me van a enseñar
a decir como desde el fondo de algún hueco
(que es la garganta, que es el pecho)
una cosa maravillosa de algún color
que llegue a dormir a las sirenas
y les regale dejavues a los hombres sin sueño.
Sin saber porqué aprenderé un canto
que incendie momentos
y escriba con cenizas el tiempo que vendrá.
Este día va a ser mío desde la punta del primer pelo en la cabeza del amanecer
hasta la última uña del dedo del pie de su noche cerrada.
Todo mío como el corazón que me inventaron,
como la palabra que no he de negociar,
como la estrella que nadie más pudo ver.
Todo mío como los hilos de esta marioneta que hace canciones
para quien las quiera escuchar.
Este día será mi refugio en la intemperie
de una semana de huracanes y otras tempestades.
Será mi válvula de escape,
la Roma de todos mis caminos
el corazón de estas tripas
y la curva que siempre le ha faltado a mi mueca
para reír bien.
Hoy voy a cambiar la voz.
Y en la nueva,
tanto más honda que la usada,
el mundo tendrá que acostumbrarse
a sonar diferente.
Hoy voy a cambiar la voz:
otro color se me hace agua en la boca
y cuando saco la lengua,
destiño.
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