Poema, hecho de retazos de muchos otros. Acompañó una muestra de dibujos llenos de infancia y colores. Los dibujos eran de una amiga, las palabras de los dibujos...Y yo, yo con una sonrisa de media boca, nada más me senté a mirar.
Te debo las cosas breves,
las simples cosas,
el avioncito que lastimaba el
aire
con su trayectoria de papel en
blanco;
Los barcos que
iban a hundirse siempre
al mar del sur de una calle
en el diluvio universal de mi primera infancia;
Volantines a tu nombre,
sobrecitos de colores,
y en la lluvia sos las cosas que digo y lloro,
que digo y digo,
y cuando callo
es porque me has florecido,
en un recuerdo me has florecido
y te hacés más fuerte, tallito,
gajito mío.
Teníamos secretos
a voces
entre estirones y bicicletas;
Confesiones descalzas
que hacían llorar a los paraguas más olvidados
sus gotitas guardadas.
Dibujos,
tierra mojada,
sombreros que ya nunca voy a usar,
los que voy a guardar en los cajones
entre botones, nubes grises y otros azares,
como ese de cruzarnos al borde
de un banquito vacío
en alguna estación.
Hacíamos hogar en
las alturas,
allá donde solían vivir las luciérnagas de todos los veranos,
y que eran a veces los farolitos que yo prendía
para ayudarte a amanecer.
Por eso te vas amontonando
en los rincones,
pelusa limpia de mi acierto,
y yo siempre intentando hacer pie
y todavía contar el
cuento.
Te debo esos
detalles,
la imaginación y la duda,
que me hamacan,
que me anudan
y casi siempre
se me vuelven canción.

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