sábado, 14 de abril de 2012
Conversaciones IV (libertad)
- Y dígame, ¿qué es para usted la libertad?
- ...
- ¿Qué pasa? ¿Le hice una pregunta muy difícil?
- Me tomó por sorpresa. Pero no es muy difícil, no.
- Entonces...
- Bueno, es bastante simple. Es una cosa pequeñita la libertad, o una suma de cosas pequeñitas. Míreme a mí, que salí un día a la calle porque a eso me llamaban los pies. Y después quise mirar llover bajo un alero y alguien más quiso lo mismo. Y después caminamos juntos, y me convidó de su paraguas. Y nos reímos con ganas, queriendo reírnos, quiero decir, queriendo caminar bajo un paraguas, queriendo la lluvia y la charla, queriéndonos.
- Es una bonita historia...
- Está hecha de libertades, sencillas y chiquititas...Y no es que yo sea un privilegiado, ¿eh? No se crea... Todas, o casi todas las historias que puedan contarle llevan la misma receta.
- No termino de entender...Hay libertad en todo, eso quiere decirme...
- Sí. Pero no es eso lo que quiero decirle...Verá, ahora mismo por ejemplo. Aquí, en este bar. Con el simple acto de tomarla de la mano, así, como ahora, estoy hablándole de libertad. Yo la tomo de la mano y, con esa inocencia, estoy quebrando el tiempo, el curso normal de los acontecimientos. Estoy trazando una línea imaginaria, un hilito transparente, entre aquél que era y éste que soy, ahora, de su mano.
- ...
- No se sonroje, no pasa nada. Es apenas un ejercicio de la libertad. La mía, y la suya, que, pudiendo sacar su mano, la ha dejado ahí, debajo de la mía.
- Puede ser...
- Tal vez usted no esté muy segura de hacerlo. Quizá yo tampoco. Es probable que nuestras manos se equivoquen, como ya se habrán equivocado tantas veces antes de usted para mis manos, antes de mí, para las suyas. Pero lo que hacen es lo más parecido que yo conozco a la libertad.
- Así que, según usted, libertad es darse la mano
- Sí. Y mirarse. O dejarse de mirar. Quedarse en casa a llorar, o salir a bailar. Mear en la vereda o en el baño del mejor hotel. Da igual. Es tomar el hilo de la marioneta con toda la seguridad o todo el capricho y hacer que se mueva, a donde la queramos llevar.
- Quebrar el tiempo, dijo...
- El tiempo, claro. Y el espacio. De su mano, ya lo sabe, este bar es otro, diferente. No sé cómo se le figurará a usted, pero para mí de pronto se ha convertido en muchas cosas. En todos los bares en los que estuve de la mano. En una noche que leí en una novela. En la escena de una película de cuyo nombre no me puedo acordar. Este bar es ahora todo eso y seguramente algunas otras cosas que se me escapan. Y lo será por un rato, incluso después de que su mano vuelva a ser sólo suya...
- Pero, entonces ¿cuándo este bar volverá a ser sólo este bar que siempre ha sido?
- Quién sabe...Por lo pronto, en la memoria de mi mano quedará este lugar como el bar en el que usted me preguntó por la libertad y yo le dije que era una cosa chiquita que podía quebrar el tiempo.
- Mire usted...tan nuevo que parece y ¡cuánta historia tiene ya este lugar!
- Ya nada es lo que era... Tiene toda la libertad para irse ahora mismo, antes de que empiece a aburrirla y mañana en su balance sienta que ha perdido el tiempo y que éste es el bar del aburrido que le dio la mano.
- Ja... Y usted, que también es tan libre, ¿qué haría?
- Probablemente nada, la dejaría ir...Pero el hombrecito libre que tengo adentro andaría, seguramente, dándose golpes contra las paredes pensando en la frase justa que la hubiese retenido aquí.
- ¿No la intentaría, ahora, aquí?
- No me saldría ninguna.
- No soy muy exigente, una sola, cualquiera...
- Le diría... le diría que se quedase conmigo, al menos hasta el café. Que está muy cómoda mi mano en la suya...Que lo de quebrar el tiempo es mentira, si no me ayuda usted.
- Eso es muy bonito...
Volviendo a la libertad, no sé si es tan cierto lo que dice. Ahora mismo lo que siento es que mi mano no se quiere mover.
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