sábado, 28 de abril de 2012

De otoño

Tenés de otoño cosas que no me sé (yo no sé cómo cruje una hoja, no sé cómo hace para sonar arrastrada por el suelo y hacerme vibrar). Quiero decir que tenés mañas de estación que llega sin preguntar a dibujarme los días, a darles una tónica, un acorde luminoso, iluminado.


Tenés de otoño algún poema que late otra vez, ensimismado, mi lu mi lubidulia mi golocidalove, como si Oliverio me dijera al oído has llegado para crecer en sus versos. 
De otoño tenés que estás aquí cuando él está, y que te parecés a los recuerdos que me invento y a los que fueron verdad sin remedio. De otoño, el espacio entre nosotros, cortito y al pie, siempre al borde de la cama o del sillón por miedo a pisar el suelo, a pisar el frío, por miedo, en fin, al sosiego de estar un poco como muertos.


Yo cada vez hablo menos, me he atado un silencio con cintas rojas a las muñecas. Me fui dedicando a otros infalibles alfabetos: hasta este otoño yo no sabía que hablaban por mí las nubes deshechas de llover. Hasta que me limpiaste el verano de la cara, yo pensaba que mi silencio estaba vacío. Ahora resulta que dentro de él hacen remolino las hojas de todos los otoños juntos, en una orquesta que vas dirigiendo con mirada inquieta de recién nacido.


Tenés de otoño que me despertás la calma, el respiro hondo de acomodarse a este tiempo, un vientito fresco que baja por la garganta y me cura los pulmones del alquitrán y el humo.
De otoño, tu manera de revelarme cosas mías. Como que no miento más que en canciones, como que no canto si no es por volver (atrás, allá, a nunca jamás), como que mi mueca que no es sonrisa se achueca para el lado que me hace bien, como que mías son las cosas que toqué porque mío es el envión que me acercó a todas ellas.


Del otoño hemos heredado gestos, mañas, el pantalón, la camisa limpia y una bufanda que nos amontona desde el cuello.
Respiramos esta estación como si no existiera otra ni hacia atrás ni hacia adelante, y como si otros otoños no nos hubieran cortajeado ya la piel. No nos importan les feuilles mortes que se quedaron en el camino, las de la canción arañada de fracasos, las que nos costaron puñetazos de olvido. No nos importa el contrato ni el horario, el otoño hoy es acurrucarnos para que la formalidad y el tiempo pasen de largo.


Todo esto es cierto, cuando miento siempre digo la verdad.
Pero no se lo cuentes a nadie: este otoño va a ser nuestro secreto.


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