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domingo, 3 de junio de 2012

Urgente

encontrado en mi cuaderno de tapas rojas. Era el año 2009.


En este mundo de apurados e infartados, lo urgente tiene mala prensa.
Los abuelos cuentan de cuando todo ocurría más despacio, casi en secreto, y se espantan de escucharnos comernos las palabras por llegar más pronto al punto final.
Dicen que lo urgente es cosa de ciudad grande y banda ancha, de ambiciosos y de exitistas.
Yo digo que quizá no sea tan mala palabra.
Al fin y al cabo, nos ciframos en urgencias. Nacemos sin que haya tiempo que perder, y a grito pelado exigimos de inmediato comida y afecto. Nos deshacemos para llegar a los plazos que nosotros mismos pautamos, porque es necesario marcar puntos de partida y de llegada, y porque saber que hay una última parada obliga a viajar con la ventanilla abajo para tragarse todo el paisaje del camino.


Habría que aprovecharla como el motor que es, y hacerla parte de nuestra rutina, aunque más no sea por eso de que 'si no puedes con ellos, úneteles'. Aplacar como se pueda tanto estrés, tomar profundas bocanadas de aire, no apurar ningún  paso y manejar la ansiedad efervescente mordiéndose los labios.
Digo que, sin sirenas ni corridas, habría que vivir en la urgencia. 


Porque todo es urgente: todas las cosas de este mundo buscan ganarle al reloj, y eso las hace más escurridizas y más hermosas.
La urgencia de hacerse fuertes contra la muerte está atravesada por la urgencia milenaria de vivir al día con pasiones y sudores. Es necesario hacer durar los momentos y, a la vez, es imperioso dejarlos partir.
La urgencia de compartir, la de dejar todo dicho. La urgencia de quemar las naves y hacer agua el helado, y la de atarse a los pies de la cama para que nada se mueva.
Mi amor es urgente, esta cosa de ahora o nunca, con sus besos que ni se compran ni se venden, pero que vienen con fecha de vencimiento. Urgente es que nos encontremos, que deje de correr tanto viento entre tu mano y la mía, y se rían los pajaritos que te conté.
Es urgente la canción que dice a los gritos lo que nadie se anima a hablar. El coraje tiene urgencia, porque más tarde en el mismo día será inútil. Y el olvido, esa tormenta que limpia la vereda una noche de verano.
Hay urgencia por crecer cuando el mundo nos queda grande, y urgente es volver a ser los de siempre cuando se derrumban los castillos en el aire. 


Para mí es urgente escribir, todo, lo que sea. Si dejo que pase mucho tiempo sin hacerlo, algo se me desarma adentro, pierdo la memoria, la voz y dejo de soñarte, como un castigo cruel y absurdo.
Escribir y dejarse escribir: por los demás, por los días, por lo que vaya a venir. Hacerse marcar por los años y su sello de cicatriz.




Estar vivos es urgente. Despertarse también.


martes, 10 de enero de 2012

Aquí

agosto de 2007

Aquí dentro, un arlequín. Aquí, una sombra leve que te quiere y que te miente por necesidad. Aquí, el ombligo que no es centro de ningún mundo, sino apenas el submundo, sucio y extraño, que te tiene por único cielo.
De este lado los besos, todos, el gusto a almendras tostadas y mi tobillo atado a tu parachoques.
En este rincón el que pierde hoy por puntos, mañana por knock-out, el que pierde y tiene una flor mordida en la boca y un álbum de invernos con las figuritas difíciles por completar.
De este lado de tu corazón está este loco sin calesita ni balada, y una tabla de ouija que no dice nada o deletrea silencios como si supiera otra cosa o quisiera decir...
En este pedazo de la noche vive el embrujo que te mantiene joven y hermosa, tu nombre acurrucado en las peores horas, hecho un nudo sin poder huir de los atascos y las malas intenciones.
Sobre esta mesa destartalada, la pesadilla que te sueña despierta, el buen amor atragantado de pasiones, los nocturnos de Chopin haciendo cola para arrullarte en la siesta o en la noche que vos prefieras.
En esta cajita de cartón, borradores y volantines, y cachorros sin collar y primaveras sin lapachos pero con tus lilas y tus blancos, tus amarillos brillosos y tus rosas entregados.
Acá se quedan tus asuntos más privados, tus dientes apretando los labios, los infartos sin buenos resultados. Y se quedan también mis espasmos, eso de no verte, el cuarto en plena mudanza y una foto tuya, juntando polvo detrás del placard.
Aquí dentro,el mundo todo, la quintaesencia de un delirio, las ruinas muertas de lo perdido.
Aquí, enterrada, la piedra última de un imperio, un abanico de alivios haciéndote juego, y la mejor vista de la ciudad, lista para tus flashes de buenos recuerdos.
Acá, en este extremo del tubo del teléfono, ese al que siempre le da ocupado en tu casa, o contestador aburrido, o un tono eterno que nunca afina con la nota dominante (aunque no autoritaria) de tu voz.
Debajo, en este sótano, el inventor sin taller, triste de proyectos fracasados; el que cuando era un enano te vio pasar por esa feria y quiso convidarte de su algodón de azúcar y pedirte que lo esperaras a que creciera para empezarlo a querer.
Atrás, al final de la fila, la duda disfrazada de certeza irrefutable, la luna en cuarto creciente, siempre a un paso de ser hecho y completo, como te merecés vos.
La exacta trayectoria de tu risa, desde el principio hasta la carcajada; el despiste intuitivo de pensar que estás; la habitación limpia de medias y culpas ajenas; mis dedos sin tu espalda y el olor a barniz de la madera que tallamos todos estos años.
Acá, el juglar que se duerme sin que le cantes, aunque cueste.
Aquí, quien busca siempre la vuelta de tuerca que lo deje en tu órbita de planeta autosuficiente.
Aquí, sentado en un callejón de lluvias, hace guardia el más perdido, el que espera el guiño, el brillo, el silbido que te haga aparecer.

Y allá...¿cómo sigue todo por allá?

miércoles, 19 de octubre de 2011

Aunque no estuviera en mis manos (escribir el cuento)

febrero de 2007


"Siempre que por fin me suicido le entran ganas de vivir" (J. Sabina)

- ¡Hola! ¿qué hacés?
- Escribo...
- ¡Qué raro! ¿Salís a la calle de vez en cuando?
- Sí, a comprar puchos y lapiceras cuando me quedo sin tinta.
- Pensé en visitarte...hace tiempo que no sé nada de vos.
- Acá me tenés ¡Cómo has cambiado! Te sienta bien la madurez, de verdad. Te diría que ahora te quiero un poco más...si cabe.
- ¡Qué decís!
- Digo lo que digo, lo que nunca te gusta oír.
- ¡Cómo que no! A quién no le gusta escuchar esas cosas...
- ...
- Che, y ¿de qué escribís?
- De nosotros... (dale, ahora te toca decir de nuevo '¡Qué raro!'
- ¡Qué raro!
- Eso pensé.
- Pero, ¿cómo 'de nosotros'?
- De nosotros, nosotros, los dos, justo ahora, en este segundo. Corren las palabras, corre la tinta y yo escribo que escribo y que corren las palabras y corre la tinta.
- No entiendo.
- "No entiendo" escribo que decís. Y es todo, todo, vos y yo. No hay escapatoria. He aquí la gran prestigiadora que pudiera hacerte hacer una reverencia pero prefiere mantenerte a la altura de sus ojos.
- ¿Todo está escrito?
- ¡No, nene! ¿Qué parte no entendiste? Todo está por escribir, lo estoy por escribir.
- O sea que éste no soy yo.
- Claro que sos vos, sos mi vos más querido. Te tengo en la punta de los dedos.
- Pero, ¿no pienso por mí?
- Por supuesto que sí...Yo digo que pensás por vos y pensás por vos. Mi palabra es la ley, y yo no quiero autómatas, yo te quiero pensante e independiente, capaz de mantener una buena charla sin mandar todo a la mierda. Así todo es más sencillo.
- ¿Más sencillo que qué?
- Más sencillo que eso, lo de siempre, de hablar diplomáticamente como si estuviéramos haciendo política.
- Es que es un poco como la política.
- Más bien digamos que vos lo convertís en la guerra.
- Eso fue duro, me querés golpear...¿te duele algo a vos?
- El oído, cada tanto. Y el cuello, será que dormí mal.
- ¿Y yo? ¿Yo no te duelo?
- Perdón, creí que hablábamos de dolores circunstanciales, no crónicos...Mirá qué pregunta: claro, siempre.
- Entonces, ¿qué hacemos? ¿Qué vas a decidir que hagamos? Al menos dame el beneficio de saber el final del cuento.
- Y...nada: vos te vas caminando, yo me quedo aquí. Como siempre, yo me quedo.
- Podés venir conmigo, si querés.
- No...gracias, pero no. Vos me querés de compañero de aventuras, de Sancho Panza...y yo busco más el lugar de una Dulcinea.
- ¡Qué personaje aburrido! ¡La eterna ausente!
- Yo siempre lo pensé al revés.
- ¿Cómo 'al revés'?
- Que el ausente era el Quijote, que él le faltaba a ella, que no se animó a hacerla real.
- Mirá vos...Nunca lo había pensado así.
- Sí, suele pasarnos eso: vos y yo nunca "pensamos así"...
- No entiendo...¿"así" cómo?
- ¿Ves?...Nada, no importa.
- ¿Me voy, entonces?
- Sí, te vas. La historia ya está escrita. Te ibas cuando escribían otros y hoy, que soy yo la de la pluma, también te vas.
- ¡Esperá! ¿Qué estás diciendo, que vas a resginar un final más feliz ahora que podés manejarlo a tu antojo?
- Y...sí. Es que me decidípor el cuento realista, ¿viste?, donde no hay lugar para la fantasía o el divague.
- Me decepcionás. Yo creía que tu imaginación tenía más alas.
- Tenía, pero es que están medio ajadas las pobres. Además esto no es falta de imaginación, es elección de una estética, de un argumento, de un final.
- Es muy triste tu elección.
- Sí. Pero a vos no se te rompe el alma ni aunque te haga llorar ahora misma. No lo voy a hacer,a ver si encima quedás de mártir.
- Bueno...¿entonces?
- Te vas. Termina en que te vas caminando solito por esa vereda...Chau, que te vaya bien.
- ¿Puedo saber si vuelvo alguna vez?
- No si yo puedo escribirlo.
- Pero fuera de tu cuento yo soy yo, y vuelvo si quiero.
- Ése es el problema: que no vas a querer.
- ¡¿Quién dice?!
- Lo digo yo, o sea, lo decís vos:
- "Lo digo yo".

Y se fue caminando por esa vereda sin poder creer que su boca no le obedeciera y, mucho menos, que ella lo escribiera yéndose lejos, lejos porque sí.


martes, 6 de septiembre de 2011

Omnipresencia

octubre de 2008


Practico la omnipresencia porque no me decido del todo en dónde estar. Por eso y porque permanecer en un lugar queriendo estar en otro es, al fin, estar parado en ninguna parte. 
Estoy en todos los sitios porque así no tengo que renunciar a mis lugares soñados por mis lugares obligados.

Igual, no te creas, tiene sus serias complicaciones. A veces, por ejemplo, laburo y vacaciono al mismo tiempo: tomo sol en las playas del norte más impensado del Brasil y, mientras, me encierro en una oficina tapada de papeles y tazas de café. 

El problema es que, de vez en cuando, me desfazo de tal manera que termino bronceándome con rigor de cumple-horarios y acomodándome con reposera y jugos tropicales junto a mi escritorio. No es gracioso, sobre todo cuando la sorprenden a una las quemaduras de tercer grado o los jefes indignados.

Sé, de todas formas, que es un generoso precio a pagar si tenemos en cuenta las tremendas ventajas que ofrece elomnipresentismo. 


Los sábados, el mejor plan es tenerlos a todos juntos.
Uno de tantos, volví a casa borracha de un fernet en lo de un amigo, cinco cervezas en un pub, dos vinos del asado familiar y cinco copas de champagne del brindis por el comienzo de las vacaciones. Es fantástico disfrutarlo todo sin tener que renunciar a nada (a menos, claro, que eso se prefiera). 
Ni qué decir de las mañanas de lunes: no hay placer como el de ir al laburo sin dejar de levantarse a las doce. Nunca llego tarde a ninguna parte porque no tengo nada más importante que hacer o, mejor dicho, lo estoy haciendo de cualquier manera.


Las satisfacciones de este método son, como verás, inmumerables e inmejorables. Todo es más sencillo para quienes no dejamos de estar en ningún lado. Se podría decir que explotamos la vida y sus rincones como nadie o como todos al mismo tiempo.

Pero, en fin, esto no es una publicidad de un servicio que debieras adquirir urgentemente (aunque, también: te lo recomiendo, te va a encantar). 


A lo que quería llegar: si estoy en tantos espacios a la vez es también, o sobre todo, porque siempre, o casi siempre, me gusta estar a tu lado. Cada vez que estoy en simultáneo en los lugares más dispares, siempre en algún pequeño refugio, en una esquina, en un zaguán, en un callejón o en un colchón, estoy con vos. 
Yo me divido (¿o me multiplico?) porque no me gusta que pase un rato sin tenerte a mano. Porque ya quisiera tener algún control del tiempo para volver a todo el que hemos perdido sin conocernos, sin mirarnos, sin hablarnos del clima, del mundo o del amor. 


Ahora que ya nos encontramos, no me queda más que ganar tiempo visitándote a todas horas y jurándote que aunque tu abrazo no me deje ir, no tengo planes de moverme en esta vida de donde te quedes vos.

Ahora mismo, mientras te escribo, espero el colectivo hasta tu casa, te llamo desde el laburo, y nos besamos en el balcón de un hotel.





Estar en todos los lugares se siente más o menos así...
(El carnaval de Arlequín, Joan Miró)

sábado, 13 de agosto de 2011

Por curiosidad


Recorte del viejo blog, septiembre de 2006.



“Si saber no es un derecho, seguro será un izquierdo...” (Silvio)


Yo no sé, pero a mí me da curiosidad
lo que hacés cuando estás solo una tarde de domingo.
Me pregunto cómo te verás colgando la ropa,
cómo serás cocinando
o hablando en alguna reunión,
y cómo sonarás en portugés.

Quisiera saber cómo te queda el pijama,
cuántos son los lunares de tu espalda,
la sensación térmica del día en que naciste,
aunque ni la sepas vos,
Yo quiero saberla.

Y averiguar lo que escribís en tu agenda,
si hablás con las manos
(como lo hago yo)
los nombres de tus perros,
el último número del boleto de colectivo
que tiraste sin mirar
ayer al bajarte.

Porque quiero saber de vos,
Todo,
Las muecas y los tics nerviosos,
El nombre de tu bisabuelo
Y de tu primera novia;
La novela que tenés en la mesa de luz,
Tu dibujo animado favorito,
Dónde quedó el cabo de la flor
Que deshojaste sin buenos resultados,
Y el sueño
Que te olvidaste de contar.

Saber tus notas en el boletín,
El gusto de helado que pedís.
Si Borges o Cortázar,
(Decí que Julio, decí que Julio)
Si River o Boca
(Decí que Boca, decí que Boca)
Si yo o cualquiera
(Decí lo que sea, lo que prefieras).

Decime que no me meta,
Mandame a ocuparme de mis cosas,
No sé.
Pero no me pidas que no quiera saber,
No me exijas que renuncie a
Especializarme en tu piel
Licenciarme en tus gustos
Doctorarme en todos tus rincones.

Y llamale curiosidad malsana,
Me da igual.
Y llamame curiosa y malsana,
Pero llamame,
Un día de éstos,
Quizá mañana:
Hay cosas que te quiero preguntar.



martes, 1 de marzo de 2011

Calíope

Septiembre de 2008


Los dioses se unen torpemente o mutilan parte de su cuerpo y así engendran semidioses que fundan imperios, construyen caballos e inventan la civilización occidental.

Calíope, en cambio, se pasea entre ellos, envidiosa e inocente.
Le hubiera gustado nacer diosa, pero falló la genética de papá Zeus, y la hija de la Memoria salió musa. Calíope es la justa venganza para el dios del orden y la razón.
Ella, la musa sin vocación, que es como nacer corazón y querer ser cabeza. Es musa, as de la manga del poeta, amuleto y amante, secreto y faro, testaferro de las artes y baúl de la imaginación.

Calíope susurra versos para domar hasta a las estrellas, trabaja a horario corrido y está de guardia para los desvelados.
Tiene algo de triste y de sola. Se gasta cuando besa, y cuando desama, sangra manchando el papel, sin Olimpo que sirva para sanar ese cuerpo sin privilegios.
Tan joven y con huesos milenarios.
Tan nublada y escondiendo toda la luz.
Tan de todos y tan de nadie, Calíope espera un azar que la revuelva y la vuelva la canción de los náufragos y los puertos, de los adioses y los cielos que han de quedar más allá.

No sabe unirse y engendrar: ella hace el amor con pasiones, con miedos y con mortales. Se deja llenar y se olvida de dictar versos que él nunca escuchará.
Pare hijos musicales, sátiros, sirenas y mortales. Orfeo es el niño de sus ojos, el más suyo de todos, por mortal y por enamorado, el mismo que durmió con su canto a la bestia que guarda los infiernos por devolverle la vida a una mujer y fracasó, por de poder dejar de mirarla.

Calíope vive en las palabras, de ellas bebe y se emborracha, en ellas se hamaca con gracia de equilibrista.
Ella se queda siempre aferrada a los delirios de la imaginación, a la torpeza de las quimeras, a los anhelos trasnochados que buscan en las oscuridades los sortilegios infalibles para el amor.
Ahí está ella.

Sólo se duerme la noche lejana en que el hombre deja los papeles y sale a buscar.

viernes, 25 de febrero de 2011

Poniéndonos a salvo

Otro refrito



De querernos partirían todos los trenes, caería toda la lluvia.
Los trenes que te hacen ver difuso desde las ventanillas, la lluvia que nos humedece hasta desarmarnos. Los trenes que escribí y la lluvia que me corrió la tinta.
De querernos, de coincidir, llorarían los disfraces y se abrirían los arcones y los recuerdos, enfermos de flor y de primavera.
De olvidarnos viviríamos en la alcantarilla, en los subsuelos del mundo, en una mancha, en los ecos de los más leves suspiros. Si nos olvidásemos no alcanzaría la noche y la vida se contraería, como un bicho bolita asustado. Estaríamos de más en el espejo y seríamos plato que se sirve frío en cualquier cama.
Por eso nos reservamos la pena y la suprema dicha. Nos alargamos la duda cada vez que nos esquivamos, cuando nos guardamos en los rincones y no nos dejamos hacer piedra libre, cuando somos eternos por una noche y por un zagúan, cuando vemos las estrellas y tomamos de más. Por eso nos aturdimos de excusas y nos mandamos a la mierda todos los quince de cada mes, y no nos encontramos en los espejos viejos y caemos en la tentación, amen. Por no estar tan solos como sólo se está cuando se corre el riesgo de caer del mismo cielo; por no firmar papeles y atarnos a los garabatos antes que a los sentimientos, por no maltratar al buen humor y porque el único que no pierde el equipaje es el que pasa sueltito con su cuerpo por la aduana.
De tenernos, de querernos, de olvidarnos, ¿a dónde iríamos a parar?
Nos preferimos solos que abandonados.

Septiembre de 2008
(www.estamosasalvo.blogspot.com : el viejo callejón)

jueves, 24 de febrero de 2011

Reciclajes


Esto escribía yo hace muchos años. Las idas y vueltas, los azares, los círculos y las musas que se divierten con todo eso, lo han hecho volver, insistente y musical.
Volver a su primera versión me hace volver también un poco a mí. Era septiembre de 2005, y a mí se me escapaba el mundo, un mundo, que me apuraba en despedir.

Versos por un tiempo que no fue

“…Se ha perdido mi forma de amar,
se ha perdido mi huella en su mar…” (Silvio Rodríguez)

No está bien decirlo pero
Qué más da:
Cómo hace una para ver escaparse
Del bolsillo un tiempo bueno
Que nunca fue.

Pudimos ser eternos,
Pudimos atarnos los cordones y los pies,
Ceder al impulso de volar bien alto
Por quedarse en la tierra
Y pisarla de a dos.

Cuántas verdades al oído,
Cuánto cariño desparramado,
Habremos dejado en ese tiempo que no fue.

Me hubiese ahorrado este terrible tener
Que buscarte en otra piel.
Te hubieras salvado de la duda insomne
Que decidir encrucijadas
Te deja en los pies.

Pero estos no son más que versos
Nostálgicos, perversos
Por un tiempo que no fue.
.....

La nota al pie, decía así:

Nota:
Un desliz. Se supone que a través de la literatura una puede usar máscaras y disfrazar el yo para no tener que decirlo todo tan de prepo, tan de golpe, o para divertirse aunque sea un poco en el camino. Yo hice caso omiso a todo eso y me dejé llevar, vomitándolo todo sin siquiera un tamiz que atajara todo lo que que no era estrictamente necesario mencionar, entregar.
Un arrebato, otro más. En cualquier momento perderé la cuenta.

martes, 19 de octubre de 2010

Te puedo contar todo lo que te pasó...

julio de 2008


Te doblaron todas las esquinas y recibiste todos los gatos por liebres sin que te importe que maúllen en vez de brincar. Y no quisiste comer brócoli y lo mismo dio. Y no quisiste ir a clases y lo mismo dio. Y después quisiste, todo, casi todo, y entonces sí se movió el mundo, y nada volvió a dar igual.

Te remaron lejos de la orilla, te cosieron 7 puntos suspensivos de la espalda a la planta de los pies y de entonces anduviste chapoteando entre los charcos.

Te aspiraron, fuiste merca en rebaja. Te masticaron el amor, y hasta el sexo. Te reivindicaste haciendo cartas a documento a la autoridad superior.
Te llamaron nombres del amante anterior,te escondieron bajo la cama. Malgastaron un 'mi vida' y cuando te querían se olvidaban el verbo en la alcantarilla o en la mesa del comedor.

Te chicanearon, te torcieron desde el verso hasta la luz, se te retobaron las defensas, te fallaron los amuletos y, en mitad del parque, fuiste la estatua de un prócer que la patria olvidó.
Te coimearon la tentación y en un tango te marearon con tres vueltas y una quebrada.
Te comieron el coco y el corazón, te enfermaron de utopías venéreas que te obligana decir antes de ir a la cama que quien quiera tus extremos habrá de querer también, y sobre todo, tu costado, porque lo que cuesta vale y el valor es darse completo y sin plazos fijos.
Te pincharon cerca del chaparrón, te mearon las tapias y tu enamorada del muro se resignó a no crecer más.
Te divorciaron los sentidos, te cerraron en las narices las taquillas y los bares, te ganaron por tres pasos el capicúa, viajaste al fondo dando tumbos y en los números jamás te salió su nombre.
Te desafinaron, te postergaron, te pagaron el rescate y a la vuelta de un secuestro express te extrañaron los libros, el invierno y tu colchón.

Fuiste una novela negra, Trilce y La Educación sentimental, fuiste simiente en la cima de un gemido, te hiciste leer el futuro por compartir un retazo con el adivino.

Te manchaste hasta la piel, heredaste de rebote y te dejaste llenar. Y te dejaste llevar.

Y otra vez te vaciaste, y otra vez, en un suspiro, te quisiste volcar. Y te dejaste llevar.

viernes, 1 de octubre de 2010

Vine, viendo


Será que sigo hecha del mismo papel, que se hace tan necesario reciclarme.

Ésta fui yo en diciembre de 2006. Ésta

sigo siendo yo, más aquí que allí, pero yo...porque los círculos, porque las gentes, porque es imposible sacarse del medio, cambiarse el adentro, mudarse de lleno, romperse de un vuelo. O no, y la verdad sea otra que no me sé.'Si lo entiendes, dímelo tú...'


No sé si me llamaron, pero yo vine igual.

Quise otro nombre, uno de nadie más, a estrenar. Después escuché que a alguien le dijeron que se llamaba así para que su vida se llenara de suerte, y como dios se había muerto mucho antes que yo (allá con un alemán de bigote ridículo), me aboqué a ese extraño credo.
Vine con una curita en las venas y la sangre alborotada.

Me cantaron una canción sobre el país del nomeacuerdo, donde el trabalenguas traba lenguas y después no hay quién las sepa destrabar. Y tuve mucho miedo (todos los chicos se mean en la cama alguna vez, es normal, sólo que yo no quise decir porqué).

Hubo que andar con cuidado, aprender un abrazo, algo que atara mi alma de barrilete y la convenciera de quedarse por aquí. Y los amigos aparecieron detrás de alguna esquina, todos con su mundo tan redondo y las ganas de empujar el mío, atascado en un pecho sin mucho envión.

Supe que los trovadores dicen la verdad, y que la trova sin trago se traba, y no hubo más que hablar: yo quería para mí una guitarra y poder gritar....¿cómo alguien puede querer más?

Y después de un buen tiempo de hacerme a esto de estar, revisé el bolsillo y me di con que sólo guardaba ese nombre que no elegí, el capicúa, el de la suerte. Hubo, entonces, que empezar a hacer para guardar, y a apasionarse hasta por el perro que acaricié en la calle, por el día en que en vez de seguir derecho doblé (a la izquierda, siempre a la izquierda) porque lo vi en una película, quizá, y entonces, a falta de viejo sabio, me lo aconsejé a mí misma. Lo que hagas, amalo, como amabas la cabina del Paradiso, cuando eras chica.

Y quise escribir, escribir como cualquiera: escribe la lluvia sobre el asfalto, el llanto de un chico y una foto en la pared...¿por qué no iba a escribir yo, la sin brújula, si todas las direcciones me venían bien?

Y en eso estoy, arrimándome a alguna sombra, viendo a qué vine, más allá de la trova, el abrazo, los amigos, llenar el bolsillo o escribir como cualquiera.

Viendo venir lo que se viene,
como vine,
como siempre,
como otra vez.