domingo, 25 de marzo de 2012
Tan pero tan
Era tan pero tan frágil, que en la misma mirada reflejaba fragilidad. Cuando te ponía sus ojos encima, te volvía vidrio y a larga, pero a la corta, te quebraba en mitad de una calle.
Era tan pero tan frágil que construía castillos en el aire, mundos inventados que nadie más se quería creer. Flores de un día, burbujas de bañadera, palabras que son duda antes incluso de dejar la boca.
Tan frágil era, créame usted, que se rompía al tacto. Un soplido, tenue, de los míos, le torcía la piel. Unos versos bien puestos causaban derrumbes en su estructura de papel manteca.
Cuando afirmaba, el sí se le desarmaba en las manos. Cuando decía que no era a tirabuzón.
Nada duraba a su costado, las cosas se deshacían, se diluían, se perdían como un dibujo en el agua. Todo pasaba como desde arriba de un tren. Así miraban sus ojos, y así veían lo que querían ver, hoy sí, mañana quién sabe.
Probablemente venía con advertencias de fragilidad, como las cajas de cartón que viajan sobre el mar. Ocurre que, por miedo a romper el hechizo, nadie mira la letra chiquita, o casi que ninguna, en realidad. Y luego, cuando decide uno ponerse los anteojos, ya está envuelto en carnavales ruidosos con coloridas máscaras de cera que irán a deshacerse de mañana, cuando vuelva el sol.
Verá, se trataba de una especie de extraño Midas: a su paso, iba convirtiendo todo en cosas que se rompen, que se quiebran, que no pueden durar. Vidrio. Papel. Aire de bocanada. Luz intermitente. Incluso uno mismo a su lado se volvía borroso y se iba desdibujando de a poco. Porque la verdad es que la fragilidad es un espejo donde nunca conviene mirarnos: sin entender cómo, nos volvemos su reflejo a pesar de que sabemos que el mundo no es de cartón ni el futuro tan difuso, ni todo tan leve, tan bobo, tan ni chicha ni limonada.
Entiendo que le cueste hacerse a la idea, pero se lo juro por el nombre que tengo y las cosas que se quedan, era así tal cual le cuento, tan real como usted y yo.
Pero, bueno, ya sabrá cómo son estas cosas, lo frágil se nos hace polvo en las manos y en un abrir y cerrar de ojos ya no es nunca más lo que era: los castillos se derrumban, las burbujas explotan y las flores se secan sin más.
Lo que intento decirle, al fin, es que era tan pero tan frágil que era mentira. Nada tenía de cierto un mundo que no terminaba de empezar y ya se acababa. Ninguna verdad, pesada verdad, cabía en una boca tan frágil, tan vidrio, tan viento, tan quién sabe. Eso de vender gato por liebre, ¿vio?
Era mentira piadosa, blanda mentira que se desarmaría de intentar ser cierta, que de decir se quedaría sin voz, que de hacer terminaría por quedarse inmóvil.
Pero mentira al fin.
Un día se hizo cada vez más aire y se perdió, en un 'plop' chiquitito que, de tan frágil que era, no sé si fue o creí oír.
¿Yo?
Siempre he sido frágil. Luego supe otras cosas, firmes, llenas, ciertas como el piolín de un barrilete. Supe barcos de papel con una fragilidad sana de certeza y manos temblorosas que no pueden mentir.
Siempre he sido frágil, mire usted. Pero nunca tan pero tan. Nunca así.
Y con esa semi-fortaleza me despierto a los días más claros, tan pero tan de mí.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario