miércoles, 21 de marzo de 2012

Nicolás

'...pero supón que hablo sin parar
supón que el tiempo viene y va
supón que sigo original
supón que no nos desnudamos
y supón que ya eres mi canción...'


Nicolás tiene una nariz chiquita, enterrada en unos libros que no puedo ver bien de qué son.
Escribe con tinta azul y letra de molde, subraya con resaltador verde. Y tienes unos ojos preciosos.
Yo digo que estudia historia, o filosofía. Nada lo delata, pero a mí me da esa sensación: que justo está leyendo sobre la Revolución Francesa, Dantón, Marat y todos esos. O a Descartes y ese genio maligno que nos quiere dudosos.
No lo sé. Yo vuelvo a mis libros que me hacen ruido en la cabeza. Así pasa en las bibliotecas, hay tanto silencio que lo que aturde es el transcurrir de los hechos dentro de las novelas,las palabras amontonadas dentro  los tratados y sus capítulos soporíferos de teorías y análisis.


Pero el panorama ahí dentro no es tan interesante como la posibilidad de mirar a Nicolás.
Dan ganas de pedirle una lapicera, un chicle, un rato y un café. Así, en secreto, como vive la gente en las salas de lectura.
Dan ganas de escribirle una notita en el cuaderno, decirle cualquier cosa, hacer que levante la vista y entonces quizá mirarse y que se calle el ruido.


Me hace acordar a alguien que no sé, esa barba tímida, ese corte de pelo, los gestos de estar leyendo (somos muchos los que hablamos con los ojos mientras leemos todo, lo que sea: Nicolás también).
Me hace pensar en los que no están nunca en el mismo lugar, en los ojos del mundo, en algún poema viejo, en la verdad.


Nicolás lee no sé qué cosa, estudia no sé para qué. Y sonríe de lleno, que es como llorar del revés.


Se levanta, se calza su mochila, y alguien tal vez lo espera a almorzar.


No sabe que le he escrito estas palabras. En una de esas mañana se lo vaya a contar.



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