martes, 28 de febrero de 2012
visionaria y bisiesta
Hace cosa de 4 años y un día (nada de 'cosa', exactamente eso) me desperté con un ardor en la frente que era, ni más ni menos que un don.
Lo supe enseguida: ese día iba a saber yo todo lo que estaba por pasar.
Fue el último 29 de febrero, ese día de yapa que hace bisiesto a un año, que trastoca energías y vuelve supersticiosas hasta a los gatos negros.
Supe esa mañana todo lo que en cuatro años iba a ocurrirme, mi futuro como un paréntesis entre dos veintinueves de febrero.
Raro. Ridículo. Absurdo. Pero totalmente cierto, como que me llamo como me llamo, fumo lo que fumo y detesto madrugar. La pura verdad.
Tuve accesos de llanto, espasmos espantosos frente a la muerte, las heridas, las ausencias transitorias y las definitivas.
Me aburrió la rutina hasta el sueño. Me caí del culo con las novedades, los exabruptos, los excesos.
Escuché músicas nuevas, olores nunca idos, revisé mis prioridades, redescubrí el porvenir como una cosa que ya había sido, como algo que nunca dejaría de ser.
Vi paisajes imposibles para mi presente de ancla, de ánimo de auto estacionado, de callada quietud.
Vi por dentro la soledad y el abrazo. Me acuné en un poema que aún no había escrito, un poema que vendría a salvarme la vida (¿para qué otra cosa, si no?).
Lo vi todo junto. El tropezón y la sangre derramada. Vi mi corazón atado como latita a un parachoques, haciendo ruido contra la calle.
Y después de mirarlo todo, lo dejé pasar. Con la más estúpida y torpe resignación.
Ni a Casandra le hubiera salido peor.
Fui visionaria por un día, lo vi todo como desde la copa de algún cielo, desde la cumbre más azul, desde la primera nube.
Pero a mí los ojos no me sirven y nunca, nunca, me han alcanzado.
Yo quería sentir. Sentirlo todo.
Entonces dejé que los cuatro años se me escurrieran entre los dedos.
Fueron tristes, aburridos, desvelados, atorados, estridentes, abrazadores, hermanos, idiotas, escritos, borroneados, cantadores, mágicos, gastados. Fueron un dolor y una caricia.
Pero fueron todos míos.
Si los he visto, no me acuerdo. Yo los viví.
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