martes, 20 de diciembre de 2011
No es lo mismo pero es igual
Le dije que sí. Se abrió la calle y el vapor del pavimento se desprendió en lluvia.
Yo empecé a resbalarme por dentro, a hacer equilibrio en los bordes de mi entraña, de su boca, del espacio entre todo eso, entre la verdad y el ruido.
Duró el abrazo hasta el invierno, nada cambió realmente. El frío se me hizo agua en las manos y chapoteando en las suyas me quise quedar. Pensé en nadar de noche en el Círculo Polar, en enamorarme bajo el agua y ser el batiscafo de tu abismo, si se me diera el tiempo y la razón.
Pensé también en las cosas que no vuelven y en las que no podemos hacer nacer. En que para mi corazón no basta tu pecho, por mucha poesía que haya en las mentiras dulces y blancas. En que vivo y vuelvo a vivir en los huecos, en las treguas, en los ratitos, en las grietas de lo que está roto. Quiero decir que respiro en donde me dejan y es todo tan frágil como un sueño de fiebre o una promesa de borracho a las 5 de la mañana.
A veces quiero escribir de mí.
Otras, quiero desterrarme completamente y que ninguna palabra me dibuje el momento.
Al final, todo se engancha y se enreda y ya no sé por quién hablo, si miento o digo la dura verdad; si me escondo o levanto la frente al sol para que me queme el cuerpo y la poesía, el amor y otros demonios, la vida y todo lo demás.
Siempre escribo para no quedarme callada. Y siempre después de escribir, hago silencio en duelo por todo lo que dejé caer.
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1 comentario:
"...y que ninguna palabra me dibuje el momento."
Me encantó :)
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