miércoles, 28 de diciembre de 2011
Agridulce
Tengo un problema con lo agridulce.
No lo trago. Me cae mal. Me deja un gusto feo en la boca.
Me molesta que no se decida: que me pasee por tantos sabores y tan dispares. Que me desacomode el instinto, las papilas gustativas; que me engañe ese sentido (el tercero, el cuarto, cuál será), lo maree y lo deje del revés.
Me hace mal lo agridulce. Mi boca de extremos se desperdicia en esas medias tintas. Y pierde las ganas de probar y saborear.
Me voy a dormir con la panza vacía y el corazón descontento de no encontrar qué llevarme a la boca. Con tanto agridulce, no hay nada más que hacer.
Nunca me gustó lo agridulce. Tampoco en cuestiones de comida.
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