martes, 19 de junio de 2012
Migas de pan
"Los Hombres Sensibles de Flores, en sus nocturnas recorridas por las calles del barrio, planeaban volver (...)" A. Dolina
El día de mañana, cuando revuelvan entre todas esas cosas amontonadas, podrán verlo con sus propios ojos.
Van a sacar todas las cajas de debajo de la cama y a abrirlas, una por una.
Entonces por el aire van a volar los sonidos que me acariciaron los oídos, y a saltar como disparados por un resorte todos los nombres que alguna vez nombré y me nombraron, los nombres que quise y escribí hasta en las paredes para que no fuera a olvidármelos nunca más.
Encontraran mis papeles amarillos, la tinta apurada de mis amigos, sus dibujos con intención de futuro.
Las líneas de una mano, el escudo de la escuela prendido al cuello del delantal, el guiño de un par de ojos tristes, los primeros que me torcieron el rumbo, el hueco de su risa y los detalles de su espalda.
No estaré para verlo, pero a todo me lo sé muy de memoria.
Ahí dentro va mi vida encartonada, abrigada con las bufandas mal tejidas de las clases de ''actividades prácticas'', hechas por mis manos, las menos prácticas de todas.
Ahí la primera zamba, mis dedos lastimados, el callo que dolió, cuando dediqué una canción con la mirada, cuando me desperté con una en la boca y eso fue la magia, la primera magia de una canción.
En esas cajas están los libros que he leído, los de las páginas marcadas y los que nunca terminé porque el mundo tiró un poquito más para su lado. Mis letras tartamudas. El desamor mojando los apuntes de agua salada y café. Los huecos de tiempo de mi vieja, esos en que me cuenta quién soy yo. Los juegos de mesa y el fuego bailando en todos los ojos.
Están los poemas que taché de cursis y los otros, los que me obligaron a bajar las armas y me enseñaron que también se puede arder de algo más que de rabia, que se puede arder y, sin quemar, hacer luz a cada paso.
Las pelusas, los boletos de colectivo, los caramelos de menta y chocolate, las fotos, las botellas con sus últimas gotas, guantes sin su par, muñecos de medias y botones, borradores sin tachones, tachones con verdad escondida debajo, arpegios, cajas de cigarrillos que no decían 'fumar mata', radiografías para ver los eclipses, la caligrafía de mis abuelos, los dolores de piernas que se alargan, la fiebre que me hizo decir cosas que no sentía, el apuro que me hizo decir cosas que no sabía, la canción que me hizo decir cosas que no podía.
Y adentro, al fondo de todo, también estarán los olvidos, los parciales y los definitivos. Mi corazón atado a tu parachoques, la cura de tiempo y amor, el final del cuento y el antídoto contra todos los males de este mundo. Todo eso y una máquina de hacer burbujas, una melodía silbada, un secreto que hace cosquillas en la oreja, una florcita azul-no-me-olvides y los cientos de deseos que fui ahorrando en cada cumpleaños.
Y al fondo, siempre más al fondo, las miguitas de pan. Ahí están, y ahí seguirán.
Cuando lleguen a la última caja, el último día, encontrarán esas migas que sobrevivieron a todos los pajaritos de todas las plazas.
Y entonces se sabrá que siempre las llevé en el bolsillo, por necia, por inocente y hasta por cobarde. Porque soy cabeza dura y un poco infantil y llena de miedo, por eso.
Se sabrá que ningún año fue el año que me convenció de renunciar al estúpido sueño del regreso.
Yo y la vuelta, siempre. Volver, como en el tango, a todo, a todos y a todos lados.
Yo atada a esa posibilidad, a esa remotísima pero probable posibilidad.
Por eso, y porque siempre viví de 'por-si-acasos' siempre tuve migas de pan a mano: para regar el suelo que me llevara de vuelta si alguna vez el mundo se tomaba una licencia y me dejaba soñar en paz.
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3 comentarios:
Gracias por compartir las migas desnudas de tu vida. Muy bonito.
No puedo más que recordar mis propias migas. Gracias.
Gracias!...Todos tenemos nuestras migas y la vida que fuimos dejando atrás...eso nos hermana a todos
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