lunes, 13 de septiembre de 2010

Creo vernos

A mi amigo Juan

Casi que nos veo. Casi. Con el esfuerzo cosido a puntadas brutas.

Nos veo dormidos, despertando en los huecos, el de mi guitarra, el de tu silencio. Y no estamos lejos pero hay tanto adentro...Ya sabrás que mirarnos es a veces perderse en los espejos, que desafinamos con el tiempo. Y eso también es una forma de hacer el intento, de ver más claro.

Pero a mí me parece vernos. Y hemos crecido tanto desde allá, desde los ojos grandes de mirar el mundo, desde que nuestras casas se mezclaban y cambiábamos los juegos por palabras. Me parece ver que no estamos tan viejos y, en cambio, lo que pesa es sólo estar.
Nos veo en la misma mueca, en el tiempo muerto, en llorar sin soltar la lágrima sobre el banco de la plaza.

Casi que nos veo. Tan borrosos, tan opacos en una ventana de lluvia.
Nos veo, casi, casi en un soplo. Fugaces e intermitentes somos. Y eso nos asusta hasta el fondo.

La mañana siempre se levanta y necesita testigos. Casi que nos veo de mañana, buscando madrugar al tedio, romper a golpes secos la nostalgia y que se haga viento. Que se haga viento y se vaya.
Nos veo en la mañana y en ese sentido de posibilidad. Nos veo en la ternura, en la escena de esa película que te hace llorar.

A veces creo verte. Creo verte y en la misma sintonía me muevo yo, enamorada de lo que nos corta al ras, de los sinsentidos, de todo al revés. Creo vernos andar sin fundamento. Y eso duele. Me duele creer vernos, hermanos en las miserias y el mal tiempo.

Casi nos veo y no estamos muertos.Es solamente la sensación de un momento, de no encontrarnos el centro, de escarbarnos la entraña vacía. Casi que nos veo con la vida.
Con vida y con las flores, al borde de todos los altares.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Lugar de pensar

He vuelto al punto muerto, a desconfiar de los espejos.
Volví a la poesía con nombre y a esta segunda adolescencia del 'quién soy' bordado en las solapas, clavado en el pecho, tatuado en las torpes manos que no saben a qué cuerpo obedecer.

Otra vez el universo se viste de mi barrio y todo lo demás son cosas que quedan lejos, la plaza es mi kilómetro cero y me olvidé del yo aquí no me quedo por el estate quieto.
¿No te digo? ¡He vuelto al punto muerto! A temblar de noche, al nudo en la garganta, a recordar el sueño, a volver a temblar.
De nuevo sin saber qué quiero, ni cómo salirte a buscar.

He vuelto a aprovechar todo el día que tiene la noche y a llorar toda la noche que tiene adentro el ojo añil, la ropa sucia, la postal de donde ya no estoy.

Volví a decir tu nombre. Tu nombre. Tu nombre que no se llama para mí y sin embargo me dice tantas cosas...

He vuelto a cuando me asustaba la oscuridad pero hoy ya nadie me arropa ni me abre el placard para que vea yo que no hay nada adentro, que estoy solamente yo y el monstruo que me invento.

Cumplí para atrás, deshice lo andado y todavía no me siento a entender porqué.

Debe ser que ya serán casi diez años de mi primer despiste, del despertar de amores, de la primera corazonada fuerte de la vocación, de la vez que se me ocurrió que todo se me escapaba y que quizá escribir y retener fueran las dos cosas, las mismas cosas, que convenía aprender a hacer. Para vivir, quiero decir. Para vivir.

O será que se me resbalaron los hemisferios, o que se me cayó el planisferio y se me mezclaron los husos horarios, las lenguas y las ventanas que daban a horizontes que yo tan convencida estaba de querer abrir. O será que comprobé falsas algunas canciones, y ciertos autorizados adultos resultaron no ser tan sabios...

Todo eso y que para mí toda brisa es un ciclón, que me pierdo aún camino a casa, que no es sangre lo que tengo sino aceite hirviendo, y que de sola digo cosas que tal vez no siento.

He vuelto al punto muerto. Es arrancar o quedarse quieto.

martes, 31 de agosto de 2010

Llevame

Llevame. Llevame.
Me cuelgo de tus pantalones como los nenes y me vas arrastrando mientras te acercás a la puerta, mientras te vas conmigo agarrada.

Llevame, te prometo que me acomodo en cualquier lado. Este es un corazón que ocupa poco espacio.
¿A dónde me dijiste que te ibas? ¿A cualquier lado, a dónde sea, a la mierda de aquí? Llevame. Hasta el fin del mundo, no importa, no existe para mí el vértigo si subo de tu mano.

Llevame al primer día, a donde te escapes, hagamos ese viaje tan merecido a los espacios donde no hemos estado, donde nos vimos las sombras y completamos los blancos, cantando... How I wish how I wish you were here...

Ya escribí muchas veces el otro cielo, la imaginación no me cuesta, se quedó conmigo el día que tiré todo lo demás al suelo...y con eso se fueron días, secretos, muchos besos y ardores...Y con eso se fue mi casa y lo que de propio tenía.
La llevo también, para contártela en el camino. Pero llevame, cargame lejos del frío.

Allá, donde quieras, vamos...Vamos, de equipaje alcanza el ombligo, y el paisaje que viene enredado a los ojos. Llevame al lugar secreto, a la palabra que es mentira y que tan hermoso suena...Yo quiero ese viaje con vos, el de las cosas últimas, que serán las primeras: el paseo a la raíz de un árbol grande o a la piedra de ese templo al que no pudimos ir de noche.
Llevame a donde nunca duele. Hacé de cuenta que soy un recado, el mensaje de otro, un favor a corto plazo...Soy ese papelito sin rayar que no podés dejarte olvidado.

No sé si llegaremos muy lejos, la distancia y yo hemos cortado por lo sano: yo no la acorto, ella no me lo recuerda...Pero, quizá, con vos baje un poco la guardia y te deje correr y seas del viento y te empujen a vivir las hojas y los peces te hagan brillos en los lagos de todos esos parques allá donde te vayas...y me lleves.

Llevame...contá conmigo para hacer llorar a ese almanaque, te juro que hoy le tengo menos miedo... Que te tengo menos miedo, aunque casi siempre quede demasiado tarde o sea demasiado lejos para desandar en versos lo que de noches y de esquinas caminé.

Llevame, ¿no ves cómo te lo pido? Si me llevás me decido a ese destino, yo que no tengo ningún mapa por miedo a encariñarme de otra latitud sin ningún motivo...
Llevame, dibujame otra vez los colores, esta vez lejos mío.
Llevame a ver lo que hay de nuevo en la rutina, en otro lugar, allá donde el sol se anima.

Llevame y ayudame a darle tregua a las flores, que no las arranque de preguntas, que no las comprometa en amores. Llevame junto con el pétalo que ha dudado.

Llevame. Llevame con vos, atame a tu parachoques...Voy a hacer mucho ruido, como las latas y el tiempo que compartimos y es este alboroto adentro, que me suena tanto, que tanto tanto me quiere sonar...

Llevame...¿no ves cómo te lo pido?

jueves, 26 de agosto de 2010

Hice un sueño

Robarte fue sencillo: hice un sueño.
Y de allí en más, de noche en sueño y de sueño en otro más profundo, fui apareciéndote. Aquí. Para mí, y conmigo.

Es un poco bruto, yo sé, pero fue un último recurso. Hice un sueño porque otra cosa no pude hacer, porque el mundo de lo diurno se lava las manos o mira para otro lado y no nos deja encontrarnos en simultáneo, decirnos las cosas sin apuro y hablar de lo que vamos a comer mañana. El azar de los despiertos no se hace cargo de que podamos coincidir vos y yo.
Fue por eso que hice un sueño. Uno en que sincronizábamos nuestros relojes, y vos me dabas la hora, quizá porque yo te hablaba así como hablo siempre, en una lengua menos intermitente.

Hice un sueño de poesía, porque un día antes de soñarlo lo rimé, hablé de tu sombra y de encontrarte a oscuras...Será que es lógico que si de día te escribo, de noche no pueda más que soñarte.
Y ahí, adentro de mis párpados o detrás de ellos, estábamos de paseo, tan campantes.
Hablábamos, todo el tiempo hablábamos, no sé bien qué, no lo pensábamos, no nos deteníamos a desarmar nada, todo era un hacer, y hacer nuevo.
Pero antes era mi cumpleaños, o algo por el estilo, y me llevabas sobre un puente (no era París pero tenía sus puentes, eran esos, todos juntos) para hacerme un regalo. Me decías que era importante, que tenías algo para darme, para decirme, algo que era mío. Y me llevabas de la mano, con urgencia porque estaba por llover, pero para agarrar la lluvia más que para evitarla.
Una vez en el puente me regalabas no sé qué palabras que tenías en un machete de papel de servilleta. Pero antes de que terminaras yo te daba un beso, uno inocente, uno de jardín de infantes. A ojo y sin cálculo te daba el beso del lugar exacto, uno al borde de la boca, tímido como esa lluvia nuestra, como tu papel de servilleta y como yo.

Hasta ese momento duraba el día o será que mi beso aproximado hacía la noche. El caso es que de ahí en más nos la pasábamos corriendo. Nos escondíamos en los zaguanes, en los callejones y era todo una película en blanco y negro,de la mano y entre abrazos.
Nos reíamos un montón vos y yo, porque teníamos un secreto aunque fuera a voces, y nos escondíamos para que no lo supiera nadie. Y yo no salía del asombro de saber que mi secreto era también el tuyo.

En fin, ahí está, ya lo dije. Me da un poco de culpa haberte raptado así, haberte sacado a empujones del sueño que por tu cuenta hiciste, al tuyo que habrá tenido otros besos o menos puentes o algo menos improvisado que una servilleta de papel.
No te ofendas si te robé una noche. Solamente hice un sueño, que nada tiene de nuevo y eso siempre se rompe cuando le da el sol. Que eso de ser en blanco y negro y escondernos es mentira, como mi beso exacto y correr a donde la lluvia cae mejor.
Hice un sueño, uno o dos. No hay nada que hacer, es parte de los días y de estar despiertos cuando no somos dos... Qué más puedo decirte...que el mayor bien es pequeño, que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son.

sábado, 21 de agosto de 2010

Tu sombra


A tu sombra
rompen fila los soldados
y yo te hablo
políglota
un poco en cada cosa

'¿en cada cosa?'
sí, en cada cosa
un poco en la tierra
un poco, poquito,
en los diarios
y otro poco en la puerta,
cuando te digo chau, nos vemos
(que no lo sé pero lo espero)
y nos vamos a dormir.

A tu sombra,
quise decir,
todos descansan
y siempre hay paisajes
que nadie conoce
aunque a veces es París
o tu sillón
todo eso que tan bien me sé.

A tu sombra,
no te cuento,
pero a veces me duermo
y me despierto oscura
de tu ausencia
oscura y sin techo

a tu sombra
que hace lunas
me duermo yo.

Tan chiquitas

Son tan chiquitas, tan chiquitas, que todas las cosas les quedan grandes.También mis puertas y las mesas en donde me siento yo.

Son mínimas y luminosas, como luciérnagas, con ese brillo tan envidiable y al mismo tiempo tan propensas a quedar enfrascadas en su luz. Lucecitas, como cuando me parpadeaban la noche para que yo supiera por dónde ir. Pero chiquitas.

De tan chiquititas que son, aún no aprenden a hablarme con todas las palabras. Entonces, me hacen muecas o me matan con firmeza en un silencio. Me quiebran con desaires y con todo eso que callan, y así me confirman, otra vez, que todo lo cierto habrá de hacerse por lo bajo.

Son pequeñas y, claro, es normal que haya mucho que no sepan. No saben, por ejemplo, que lo que aprieta, ahoga, y lo ahogado se hunde. No saben, no pueden saber, que a veces hacen falta espacio y tiempo. Y que el tiempo no es la medida, de nada (que la medida es uno, o quizá el largo de un abrazo con tanto que no se ha dicho). Y que el espacio es incapaz de torcer nada firme, que los mapas son mentira (que la verdad es quizá el espacio entre dos brazos con tanto que todavía se dirá).

No saben que no se nos ha perdido nada, y que lo que más fuertes nos hace está bien guardado allá donde tiene que estar.

Son nenas. Qué poco han andando…Desde aquí, desde mis balcones de música y vinos franceses, se las ve como diminutos puntitos de colores, colores para joderme el gris, el mío y el de mis días, todos tan iguales.

Las veo desde aquí, siempre. Las veo perderse en disquisiciones que empiezan y terminan siempre allá donde lo dejamos todo: el alma, la camiseta y hasta el nombre. Allá donde había una escuela y estábamos todas tan enteras y tan nuestras. Nuestras y de nadie más.

Las veo cruzar, cruzando un bosque, diría la canción. Y, por momentos, de tanto que se alejan y de tan chiquitas que son, las pierdo de vista. Y no las veo más.

Será que son tan chiquitas, tan pequeñas para mí, que por momentos me da por abrazarlas…para cuidarlas del desamparo, quizá.

martes, 17 de agosto de 2010

Sin querer


Yo no quise ser poeta
porque hubiera tantos
ni por el libro
y la tapa con mi nombre.

Yo quería hacerme dueña de la lluvia
y que todo lo que ella arrastra
y que su olor y su nube de color,
que todo lo que ella toca
con su caricia de humedad
también me pertenezca.

Yo no quise ser poeta
por la letra con sangre
(que no entra)
No quise para mí el título
el epíteto de la mano extendida
la obsesión por la palabra
ni siquiera porque fuera el arte
la única salida decente.

Yo quería masticar el silencio
de un año que se me perdió.
Quería desarmarlo
y encontrarle el mecanismo
para romperlo y que nunca más...
Quería una voz que oliera a estruendo
que saliera
que quebrara
que supiera abrir la puerta
para ir a jugar...

Yo no quería ser poeta
porque lo fueran mis mayores
No fue la necesidad de la mentira
ni el mejorar la ortografía
No fue querer revertir el hechizo
y volver
siempre volver
y que todo tiempo pasado
estuviera hecho de papel.

Yo quise que el acero se doblara
y no fueran todos colores primarios.
Quise la magia
y tu mano
(sobre todo quise tu mano)
todo de un solo golpe
y como envuelto para regalo.

Yo no quería ser poeta
ni por los acantilados
ni en la ternura.

No quería ni la pasión en cada espejo
ni el desamparo;
ni el frío de toda la tinta
ni el consuelo de ser de ayer.

Yo no quería ser poeta.
Será por eso que no lo soy.

Sin embargo algunos días
siento que todo eso que quería
se me desborda
como una estación

y las palabras se hacen solas

como incendios

de algún fuego escondido.