lunes, 1 de marzo de 2010

Entre rieles


Cuando amanezcas yo estaré todavía entre las sabanas, pensando, siempre pensando cómo hacer para dormirme otra vez. Finalmente me daré por vencido y juntaré fuerzas, pero hasta entonces ya serán seguramente las 9 de la mañana, hora en que estarás comenzando tu viaje.

Hay quienes dicen que el domingo es el día en que verdaderamente empieza la semana. Yo, en cambio, siento un cansancio de fin de mundo, una cosa que no me aguanto y eso que intento: intento dormir toda esta fatiga.

Decía entonces que serán las 9, yo y mi desayuno, vos y tu viaje. Vos atravesando países y yo la manteca con un cuchillo, para untarla en una tostada casi quemada de un descuido. Después, justo después, haré esa estupidez de derramar casi todo el azúcar y quedarme solo mirándola como a una cosa triste y previsible, el azúcar despilfarrado blanqueándome la mesa, las manos y el suelo. Toda el azúcar al suelo, y las nubes que no se mueven a pesar de la méteo que decía que tocaba ya el buen tiempo.

Vos, en cambio, miras por la ventanilla y te saluda el sol. Vos misma estas más soleada allá al sur, ahora que todavía es tu idioma el que podes hablar y entender sin esfuerzo.

Cruzar de un país a otro tiene lo suyo, es curioso eso del 'de aquí para allá...', y una bandera y un idioma y una idiosincrasia solo por estar un poco mas aquí que allí. En eso irás pensando, y en como es que te sentís más cómoda de un lado que del otro, si es solo tierra y bandera.

Yo, mientras, y por pensar menos, prendo un cigarrillo y me largo a mirar por la ventana, a ver si sale la vieja a comprar pescado y otra vez se da con que en domingo no abre el mercado, y vuelve con las manos vacías medio refunfuñando con la vista en el suelo. Y ahí está, claro, otra vez.

Si fuera otro hombre, yo debería hacérselo acordar, para que no salga con el frio y los problemas de huesos: si fuera otro me preocuparía más, aun cuando la sola idea me parezca ya imposible.

La vieja vuelve y me mira con asco la cara, el cigarro, la forma que tengo de mirarla. Es como si supiera que yo lo sabía y no se lo dije a tiempo. Enciendo otro cigarrillo, con las cenizas del primero, y que el humo tape a la vieja, a la calle y al mercado que no es hoy, que como tantas, muchísimas cosas, no es hoy.

Vos llevas casi cinco horas sin fumar, de país en país, sin siquiera una seca...Mira que hay que joderse, eh?!

Vas queriendo llegar para tragarte aunque mas no sea uno de esos cafés de máquina, imposible y secretamente envidiando mi café fait-maison, de cafetera italiana, porque a los gustos hay que dárselos en vida, digo yo. Era mi vieja la que los hacia mejor, antes del cáncer, todavía con ánimos y todo eso, porque después, como para dedicarse a hacer café...

En la gare de Montpellier, beaucoup de monde...pero, claro, bien sûr, es el tránsito vacacional, todo el mundo con ganas de estar en todos lados menos en casa. También yo.

No hay frío como el de mi casa, un frío que nadie cree, ni la vieja del mercado, ni la mía (que hoy tendrá más frío), ni la mujer que hasta hace algunas semanas me calentaba la cama. Quizás se fue porque se me moría de frío, la pobre. No lo sé. Y en ella pienso bajo la ducha, y siempre que puedo. Ella se me hace el vapor que se levanta de mi piel cuando me envuelvo en la toalla bordada con mis iniciales, como para que la use solo yo.

Y vos te subís a otro tren sin asiento o, mejor, con asiento "selon disponibilité", o sea, ça veut dire: no te pongas demasiado cómoda que en cualquier momento llega el legítimo dueño del lugar donde tenés estacionado el culo. En cualquier momento llega alguien y te tenés que mover. Es la misma sensación, también me pasa, y eso que yo no pagué un euro, o si, qué sé yo, depende de como lo veas. Yo un día me enamoré y lo pagué casi todo, aunque al cine y a cenar hayamos ido una o dos veces y pagando a medias. Yo pagué otras cosas, vendí algunas tantas y regalé unas cuantas más...

Y te estarás enamorando ya, a segunda vista y de soslayo de tu compañero de asiento robado, mientras que yo me desenamoro por vez numero tres mil, y con los ojos bien abiertos, mirando de frente a todas las cosas que me dejan de esperar...tantas cosas!..Qué paciencia nos tienen y les tenemos nosotros...Yo, que me visto despacio aunque sea tarde y yo sienta que se me condensa el tiempo y el lugar se me fuga, toda la casa se me fuga por el cerrojo de la puerta. Quedo sólo yo, yo solo, adormecido por el calor de la calefacción y el sonido sordo de los cuervos chillando en el invierno, afuera.

No le decís nada, ¿por qué? Es tan difícil, yo sé, hablar cuando hay tanto para decir. No es culpa de nadie pero hay quienes nos callan con solo mirarnos, tan fuerte, tan levemente, como a través de nosotros. Y en cambio, vos y yo siempre nos chocamos con todo: perforamos, taladramos la entraña, entramos para verlo todo y en esa arriesgada aventura quedamos vacíos nosotros, sí, nosotros mismos. Por eso me toco por sobre la camisa, me busco los huesos y el cuerpo me jura que sigue allí. Me jura que no ha de traicionarme, como ella. Que no se me retoba, como ella. Que lo toco, como a ella, y no hay más que ese tacto. Y no hay más que carne, que sangre, que lunares, que cicatriz y curvas. Como ella.

Y el tuyo (tu cuerpo, quiero decir) ya maltratado de trajines y valijas, hace parada casi que en casa, con mate y con eñes, con tonada y norte, eso que hace falta aunque sea tan poco políticamente correcto sentir que lejos algo se estruja cerca del corazón.

Y a veces cerca también. A veces cerca de todo hay que largarse a correr o a llorar y esperar que eso alcance para que se termine el año y venga otro más.

Ya esta oscuro, tan rápido. Se van haciendo las luces de la calle y sus sombras, y dicen que a la gente le da por decir la verdad mientras que se los vea poco y no llegue a adivinarse bien qué mueca llevan sus palabras. Yo no sé. Vos tampoco, pero todos los días te lo preguntas, ahora que vivís donde las palabras son sonidos, artículos de diccionario, vaquitas de San Antonio que te caminan por las manos, que se te escapan o se resbalan justo cuando toca jugar la carta ganadora, mover la reina o, en fin, comunicarse sin balbuceos de bebe o adolescente enamorado.

Ahora, que vas camino a la estación a las corridas, atropellando gente sin apelar demasiado a lo que habría que decir ("permiso" en francés demora mas en pronunciarse), pensás solo en el tren y luego la comida y al fin la cama. Y, bueno, a qué negarlo, en el que viajaba a tu lado en el asiento auto-adjudicado, al que juraste hablarle (otra vez las palabras!) sí, y solo sí, bajaba en la misma estación que vos. Hasta que el muy arruina-azares-cuasi-cósmicos, porque sí que se bajó en la Part-Dieu, habló con su copine, que es una palabra que se aprende rápido a fuerza de desilusiones de la boca de estos que las chicas quieren y no pueden tener.

En él pensás más que en la cama, y un poco te alegra tener eso adentro, esa espina clavada, una espina tonta y sencillita, y no aquella vieja y profunda con nombre lejano y olor a tiempo tapado de naftalina. Te alegra pensar en el anónimo francesito que se bajo en tu misma estación y luego nada más. Nada más.

Entonces te subís al tren, arrebatada, puteando entre dientes la demora que te hizo correr tanto en vano.

Yo sí que salgo puntual, despacio y sin apuro. Me gusta llegar con tiempo a todas las cosas, llegar antes y estudiar si vale la pena esperar a la hora de la cita. Qué ironía que a mí todo me quiera llegar tarde, que nada avise que se demorara, que la vida sea conmigo tan informal. Ya no me peleo, y mientras camino también pienso en alguna que no me miro como yo a ella, en alguna que me desvistió con desgana, en la que me regalo un reloj donde contar el tiempo que me quedaba a su lado. En la que me soltó la mano y me dejó a que solo me mordiera la cola, envenenado de mí y mis cosas. Y después, vino su cáncer, dejó de hacer su café y yo no nunca pude hablarle de que me sentí sin techo, de que me hizo frio, de que la quise igual.

Mientras camino voy pensando en la calle Lamartine y en un beso, un solo beso que yo di con tanto placer, entregado y convencido de ir a parar a esa boca esa justa tarde en que no había nada mejor que hacer que salir a buscar amor. Qué poco nos quisimos pero qué grande fue ese beso cuando besarnos era la mejor manera de perder el tiempo. Hoy, en cambio, no hay tiempo para perder.

Ya llego, nada es tan lejos por acá. De nuevo estoy antes de tiempo, yo con los ojos tan abiertos y vos, cabeceando contra la ventanilla, acunada en la música que te canta donde solo la entendés vos.

El frío se me hace hueso y entraña, qué más da, hay que saber llevar el invierno, el infierno, a donde uno quiera ir, por impreciso que se nos figure el destino.

Me agacho, me hago bolita y me protejo del viento, del tiempo y del caminar pensando en un beso y una mujer que una vez me soltó la mano cuando había que cruzar la calle. Aquí, tan cerca del suelo, con el frío de los metales anestesiándome las rodillas y los codos, casi que puedo escuchar las voces de lo bajo: entonaciones de raíz, ecos de otras lenguas, quizá la tuya, y esa canción que llevas en el oído dormido...Y son horas de partir lejos de este perro mundo...

Te sacude el golpe, y terminas por despabilarte cuando se detiene el tren. Corren de un lado a otro los controladores y el chófer se agarra la cabeza diciendo que no ha visto nada, que qué habrá podido ser...

Cómo saberlo, cómo saber lo que ha sido...Tampoco vos lo entenderás.

Solo digamos que dormías, y cuando abriste los ojos, yo ya no estaba más.

lunes, 18 de enero de 2010

La Virgen de Occidente

Anoche tarde ardió mi frente
bañada en fuego artificial.
Era la Virgen de Occidente
era la Virgen infernal.

Vino con todos sus ungüentos,
vino fingiendo ser la luz,
vino con átomos sangrientos,
vino demócrata y con cruz.



Qué van a hacer con la muerte...
Donde carajo les cabe la tristeza....
Y el hambre, como se revuelve el hambre hasta que se les olvide, comer, rogar, vivir.
Qué esperan los desesperados? A que vengan los semi-dioses de las promesas a decir "Aqui estamos, esto somos nosotros", y hagan algun gesto comedido. Y pongan su firma, y agreguen humanidad a su curriculum, y hagan y deshagan como es su deber, el de quién sabe quién les destino a ellos y solo a ellos.
Los semi-dioses son cortos de vista y no ven lo que pisan, lo que pisotean con el placer de la omnipotencia. Y tan fuertes, tan fuertes son, que hacen pactos con la tierra para que les de la razon y la oportunidad de salvar el dia.
Pero el dia, los dias, hace mucho que vienen muriendo, hace mucho que nacen muertos en algunos rincones del mar.



Todo lo dicho


Tercos. Inquietos. Absurdos cuando la realidad deja mucho que desear.

Temperamentales. Desestructurados. Famélicos del mundo que hay mas alla.

Caseros. Sencillos. Inutiles en el sentido practico, como un cuadro o una cancion. Hechos, como el arte, de la imaginacion y la belleza que falta por hacer.

Ortodoxos en todo menos en la religion. Jugadores. Mañeros. Expertos en desentender lo cierto.

Despiertos. Vueltos del revés. Marcianos. Extraños de los protocolos y la etiqueta.
Gritones. Cantores. Carne de cañon cuando la causa es justa.
Pasionales. Caoticos. Desarmados. Marionetas del antojo.
Agridulces. Comicos...y espantosamente sublimes.

Quijotes. Llorones. Errantes. Dubitativos convencidos.

Encendidos e incendiarios. A veces flores. A veces besos. Amuletos. Faros de lo probable. Intrépidos dejos de ternura.

Cosmonautas de la nostalgia. Bichos de luz. Rompecabezas incompletos, tres mil piezas sin vértice ni aristas, sin por donde empezar. Relojes sin agujas ni arena, puro tiempo que no se quiere medir.
Espejismos o promesas de que espera algo mejor.

Secretos a voces. Hijos prodigos de algun sub-dios del amor con carne y sin culpa, de la vida con placeres y sin miedo. Del dios que perdio.
Abrazados. Abrasadores, quemantes amigos mios.

Tantas cosas que nos dijimos y, aun asi, nunca encontramos las palabras.
Hoy hago inventario de todas.
Que cantidad no es calidad, ya lo sé bien, sabios, certeros amigos. Pero sabran entender, una echa mano a lo que puede para decir lo que nunca alcanza.
Todo eso.
A menos que baste con decir que los quiero.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Lleno de mar


El caso es que no me acuerdo como se llamaba.

Sé solamente que merodeaba la estacion y era facil adivinarlo en los andenes aunque nunca fuera a partir a ningun lado.

De su borrachera se colgaban madrugadas mal dormidas o amanecidas casi siempre sin techo. Hablaba con los turistas en todos sus idiomas, en todas sus culturas, porque él habia estado en todos esos lados de joven, cuando corria sucio y con mochila, persiguiendo a una mujer.

Recordaba piropos ajustables a cada tipo de fémina y a cada nacionalidad y, a veces, solo a veces, recibia de vuelta alguna que otra media sonrisa.

Olia a whisky y a puertos, aunque nadie pudiera saber de qué parte de esta ciudad sacaba el mar.


Los mas poetas apostaban que se bañaba en el mar de adentro, porque lo llevaba en todos sus discursos, porque eran esos los trenes que nunca llegaba a tomar: los de la costa norte, alli donde el pais termina en horizonte y el viento frio nos devuelve al mundo que es.

El caso es que no me acuerdo como se llamaba, creo que no lo supe jamas.

Sabia, si, que estaba loco y que no sabia nadar.

Y sabia, porque ese dia yo esperaba en el andén, que se tomo por fin el ultimo tren rumbo a Saint-Malo.

Y sé, porque me contaron, que beso las piedras de la ciudad amurallada, y salto.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Dos sueños

El de mi amigo


En el sueño de mi amigo estoy yo, al borde de algo, encerrada. Y se me puede visitar. Pero ahi estoy, esperando alguna cosa.

Sin creer del todo en los sueños creo, eso si, en mis amigos y sus impresiones. Creo en sentirse encerrada, y en la espera. Creo en que a veces hay solo puertas en medio nuestro y cada historia propia es una habitacion de hotel privada, algo que no llegamos a ver.

Cuando mis amigos me cuentan los sueños me asusto. Me da por pensar que estan hablando en lenguas que no entiendo, que dicen sin decir, que la cabeza no termina de saber lo que el corazon piensa.

Me cuentan lo que sueñan para que no se cumpla y sea mentira, para que la pesadilla se quede pesadilla y no lamentemos ningun resto de mal sueño.

En el sueño de mi amigo, no me puede visitar.


El mio


Anoche soñé que volvia.

Es probable que ya lo hubiera soñado antes pero solo hoy me desperté con el sueño en la boca (recordar lo soñado nunca fue lo mio).

Volvia pero solo por un tiempo limitado, porque tenia vacaciones y, evidentemente, muchos euros para gastar. Estaba en mi casa y reencontraba a toda la familia, incluso a los vecinos y a esos tios que hace años que no veo. Pero ninguno de mis amigos estaba ahi. Ninguno sabia de mi vuelta : o se olvidaron o yo nunca les dije nada. Y yo pensaba en visitarlos, en decirles que ahi estaba y tomarnos unos mates o unas cervezas o en ese orden, pero siempre dudaba.

Era como si mi partida fuera inminente, al dia siguiente o algo asi, y quedara siempre poco tiempo para hablarnos, para vernos, para contarles todo lo que habia vivido, todo lo que tenia tan atorado.

Siempre dudaba porque tenia mi pasaje de regreso y mucho miedo: miedo a que luego partir costara el doble, miedo a llorar de emocion y, otra vez, miedo de despedida.


Era como volver tristemente. Era como ser fantasma en silencio, por no levantar la perdiz. Era como quedarse en Francia con paisaje de Tucuman. Y era agridulce, y un poco ajeno: daban ganas de levantarse y andar, hasta donde sea pero andar, hasta sacudirse esa sombra de regreso.

viernes, 20 de noviembre de 2009

El amor de cualquier sentimiento

Las cosas que tienen vigencia vienen siempre de parte del amor. Llaman a la puerta diciendo que tienen un recado suyo, un mensaje ultimo, una palabra consuelo. Y a menudo es cierto. Y a menudo es una vil mentira que solo entendemos cuando quedamos con la casa desvalijada mirando al sudeste.
Lo mas parecido al amor es un encuentro, un momento del mas vasto intercambio a una hora en que suele esconderse el sol.
Lo mas parecido al amor es tambien perder el camino a casa, son las sobras y la ancestral costumbre de andar juntando los pedazos.
Vérselo venir es tarea de verdaderos expertos, de gente con el camino resuelto, de visionarios o amantes de nacimiento. Los demas somos solo espectadores o extras sin guion en el film.
Nosotros no sabemos reconocerlo detras de los disfraces y le abrimos la puerta a cualquiera que no tenga abrigo. Porque el sentimiento es uno solo, porque no podemos dividir el afecto y somos sensibles en todos los espacios de la vida. Nos educaron para creer en los demas, aun a riesgo de criarnos ilusos. Nos dijeron esas cosas que nadie se atreve a decir, y asi nos abrieron una puerta, y nos cerraron varias ventanas.
Y crecimos, para arriba, aun sin alas. Crecimos, hijos de la imaginacion y la magia blanca, luces de los espejos cuando los pilla el sol. Crecimos hermanados a desconocidos, otros que, como nosotros, también creian en creer y en la posibilidad de hacerse fuertes con miradas.
Crecimos sin manual para el amor, llenos de cicatrices, la piel curtida de olvidos.
El amor siempre nos encuentra de frente, de porrazo, doblando una esquina, y a menudo (por no decir 'siempre', que aqui es 'nunca'), no lo vemos venir. Lo tuteamos y le hacemos bromas de mal gusto en vez de tenderle una alfombra larga para que pueda pasar.
Somos tan torpes que lo dejamos partir sin la mas minima nocion de pérdida, sin derramar una lagrima, sin tirar flores, sin mirar para atras. Eso es porque nunca lo vemos venir.




sábado, 14 de noviembre de 2009

Los dias tristes


En los días tristes no quiere ver a nadie.
Vuelve a escribir una y otra vez la misma línea y le da bronca no tener el talento para hacerlo bien.
En días tristes no puede hacer ninguna canción. Dice que de los destrozos sólo pueden nacer ruinas, grandezas que ya llegan comidas por el tiempo, muertas antes del primer grito de nacimiento. Dice que las canciones sin alas no llegan nunca a ningún lado.
Son sus días de no encontrar sitio, sus días de buscar la noche y extrañar el día. En esos días se le vuelven a morir todos sus muertos y los vivos no saben hablar. A veces tienen alguna ventana por donde mirar el recuerdo, paisajes que se le pasan como si viajara en un tren de alta velocidad. Sólo a veces logra manotear alguno, tomarlo, olerlo profundamente, apretarlo cerca del pecho y dejarlo ir, más ancho, más hondo ahora que antes de recordar.
Pero en general los días tristes coartan cualquier posibilidad de vida plena, cualquier sesgo de amor, ese que salva.
Los días tristes se escriben siempre en un dialecto intraducible porque vienen de otro planeta o de una región gris y sin nombre.
Traen consigo una tristeza contagiosa, lejos de los romanticos y la palidez creativa. Son portadores de la mala sombra y el acorde menor. Cuando amanecen, los días tristes llueven las lágrimas que vendran, y salir a la calle es mojarse de llantos porvenires, de penas aún esperándonos en el tintero.
Es triste mirar a los ojos pues dentro, o detrás de ellos, se descubre un mundo de ausencias y pérdidas, un sendero de silencios y esperas.

Por eso, en los días tristes no quiere ver a nadie. Se pelea con el mundo y sus urgencias; dice que no para no lamentar más escombros. Sabe que son días que lo sacan a uno de órbita. Días que lo envuelven en crisálidas de mala muerte, en promesas de mariposas que no llegan porque no asoma la primavera.
Prefiere, entonces, no apostarle nada a las estrellas. Prefiere dormir todo el mal tiempo, y soñar.
Sueña que pasa el frio y los entierros. Sueña que llegan las mariposas y los duendes en añejo de la canción. Que a las melodías les crecen alas, que los recuerdos se quedan a vivir y que una gota de lluvia la riega y vuelve q crecer.