viernes, 18 de noviembre de 2011
A Roma...y más allá
Crecí para verte.
Es ése el poema de amor que no encontraba en los libros. Uno que dijera que no me hacía mayor para mirar desde más alto, sino para llegar a cruzarte la mirada, con todo lo cursi que eso suena y que, de hecho, es, sobre todo cuando tardas en llegar y son sólo un par de letras amontonadas llamándote.
Perfeccioné la lengua para que nos entendiéramos y para que la mía bailara con la tuya como sin gracia, con torpeza principiante, pero un baile al fin (a eso sí que lo vi escrito por ahí, fue el brujo de Julio Cortázar).
Me hice grande para aguantar tus inviernos y la hora en que ya no pasa el tren; para cuando parece mucho y es tan poco; para cuando tuvieras prisa o te hubieras ido, dejándome los portazos y el beso en las manos.
Rompí a llorar para que se inventara en el mundo tu consuelo, para que en algún hueco del tiempo existiera tu mano y un pañuelo, sólo eso, el llanto no me hubiera servido para ninguna otra cosa. Fui frágil para que te enterneciera, quizá, mi derrumbe, mi miedo temblando en la noche, mi corazón hecho de entreveros, de luces quebradas disparadas a cualquier parte.
Me quedé aquí, sin saber, casi sin querer, para que en esa tarde del desmayo, nos cruzáramos y se enredaran nuestros pasos, y las palabras hicieran agua y costara irse a dormir. Me quedé para no llegar tarde a nuestro encuentro, que no estaba agendado en ningún lado pero que latía, desde el principio, en el viento que me mecía la cuna.
Es algo así como lo de los caminos y Roma. Aunque después Roma resulte una ciudad llena de recovecos que no nos pertenecen, y sus aire nos aplaste y sus calles nos rechacen el andar arrastrado. Y se vuelva dolorosa y ardiente, como un raspón en las rodillas. Y se vuelva triste y gris, como una de esas desilusiones de los muy pocos años.
Crecí para llegar a Roma y disfrutar de todo el paisaje que hay en el camino.
Pero sigo creciendo. Y hay más caminos. Y más ciudades.
Crecí para verte. Ahora mis ojos saben volar.
* Texto encontrado en un anotador de hojas amarillas, de algún día del año 2010. Pulido, cerrado y terminado de pensar/sentir, hoy mismísimo *
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1 comentario:
pero qué bonito esto! siga revolviendo cuadernos niña... si hay cosas así, no se le vayan a extraviar... abrazo largo!
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