miércoles, 30 de noviembre de 2011
como un antídoto
Hoy soy el bufón de la corte. El arlequín de siempre, haciendo muecas entre Pierrot y Colombina.
Digo y entretengo. Arranco sonrisas y distraigo la atención de las cosas que duelen, las que calan hondo y profundo, como una cicatriz.
Soy el parche perfumado. El perfume sin la flor. En mí caben todos los paraísos posibles, y sin embargo, no hay ninguno: soy los espejismos que alguien más se inventa en su desierto. Los oasis que ves es tu pupila que te confunde, aquí no agua para tu sed.
Soy la mariposa de un día. El verso huidizo que esta noche parece tan justo, y mañana por la mañana será el resabio de un sueño, agua entre las manos, de la que no has de beber, de la que te saca del apuro y después...
Soy la parte de una duda, y una excusa que no deja pensar. Fabrico luces artificiales a cambio de algunos besos. Soy experta en los consuelos, sé soplar suavecito las heridas para que parezca que ya no duelen tanto, que ya no laten como infecciones de otro tiempo, como esas rodillas raspadas que, en el fondo, no queremos curar (porque dicen que hemos corrido, que caímos, que nos gustó ese vuelo, que no renunciaríamos jamás a él).
Y, al final de todo, no soy más que una mentira. Lo que queda detrás de una palabra bonita. El silencio incómodo que nos legó una linda canción.
Soy la sombra de olvido sobre el perchero que alguien se pone de abrigo antes de salir a la calle.
Soy como un antídoto que intenta revertir viejos hechizos.
Hoy soy esa sustancia del efecto contrario.
No sé qué hacer conmigo. Pero alivio. Alivio.
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1 comentario:
Cuánto te entiendo... Hermoso texto. No sé si ya lo he dicho, porque no soy de comentar mucho, pero me encantan las cosas que escribís.
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