No puedo prometer nada. Sólo decir que soy ésta sin sorpresa. Que tengo heridas anchas y hay días en que soy un caracol: me asusta el mundo fuera de mí.
No conozco más refugio que el hueco de mis manos. Ahí sobrevivieron los pajaritos de mi infancia, con vértigo de alas mojadas. Ahí guardo las palabras antes de que sean tuyas o de cualquiera, mi conjuro contra el frío, mi intento por ser mejor. En el hueco de mis manos están las canciones que debo y las que no puedo hacer nacer.
No puedo prometer nada, y eso me hace, probablemente, la peor de varias opciones. Tengo un ejército de cosas perdidas, de desvelos, de dudas que se me hacen nudo y ni yo me entiendo. Tengo papeles rotos, la última palabra que debió ser silencio, el abrazo guardado que no pude dar. Tengo, para qué mentir, recuerdos que primero fueron sombra y después cicatriz, que me habitan con ardor de quemadura. Y aquí sigo.
No soy, seguramente, la mejor inversión. Me enredo en las cosas que intento decir, me río con boca chueca, y el vino se me delata en los labios morados. Soy una vergüenza si no estoy en mi elemento, como pez fuera del agua, y he llorado de la impotencia de estar tan lejos.
No puedo prometer nada. Pero sí puedo arriesgar algunas verdades, mi costado más amable, el lugar mío a donde van a posarse los bichitos de luz.
Porque soy curiosa en medio de mi duda, y me empujo hasta donde me da el envión, por pisotear al miedo y ganarle, aunque más no sea por una tarde, la larga partida.
Porque, con todo y mi torpeza, sigo la ruta de mi estrella, intentando hacerle honores, dibujarle su trayectoria con mi dedo más mío, atarla a mi tobillo y no dejarla ir.
Y entre tantas ausencias, tengo palpitantes presencias que me llenan los sueños y las canciones.
Los tristes somos gente que ha sabido querer hasta el colmo, y la tristeza se nos hace brillo en los ojos que queremos regalar a quien nos quiera hacer un guiño y merecérselo.
No puedo prometer más que el hueco de mis manos. Estas dos o tres palabras. Y alguna que otra canción.
2 comentarios:
Lo que para uno es poca cosa, para otros puede ser un universo.
Tenés tanto (y mucho) más...
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