viernes, 9 de septiembre de 2011

Todo el acaso



¿Qué pasa cuando todo es acaso 
y no me quiero ir a dormir?
Si quiero taparme el frío y, de frío, no veo claro
y voy a acurrucarme a la esquina equivocada,
qué pasa con las cosas que, de tan sombras,
me dan miedo
y no me animo a preguntarle a la noche
qué cosas me inventa en la oscuridad
que a la mañana se me pierden
o se me burlan
o se van.


Todo vive bajo tres capas de tierra
nada hay que no haya que desempolvar
el mundo se me da en un laberinto,
la gente está vestida de carnaval
y yo misma dudo de mis palabras
que se atoran,
que se anudan
o se empacan
y no quieren ser más.


Ni yo me creo ya cuando digo nada,
no me quiero creer 
''hay ventanas que por dentro se nos cierran sin remedio''
y cuando intento abrirlas aparece el vendaval
de polvo, pájaros y humedad
el caos de lo que estuvo guardado
porque hacía ruido
y ya no me hacía sentir, como antes,
pececitos de colores.


Todo es acaso,
que es como decir casi nada.
La sed que no se calma ni desaparece
la mentira blanca que lo mismo lastima
que ayuda a andar,
el placebo que es la duda
y nada más.


Yo quisiera que otro fuera el cuento
no más fácil (no me engaño)
pero sí más sincero
y sin tanto reverso.
Que bastara con tirar del cordel 
que nos vino enganchado al corazón,
y seguir por donde su trayectoria nos marque.
Que las sombras se parecieran a lo que queda
cuando vuelve la luz.
Y verte las manos
antes que las formas que hacés
sobre la pared.


Por si acaso,
sólo eso quisiera.


Pero nadie me preguntó.

No hay comentarios: