martes, 30 de agosto de 2011

podrá ser...

A veces me parece que siento algún brillo, uno que quisiera perseguir por las paredes, como las hadas en los cuentos para chicos.
Empiezo a caminar detrás de él, juego a no perderlo de vista, y a veces, incluso, a atraparlo entre las manos, como si le hiciera una casita aquí, de donde sale mi hacer en este mundo.

Le devuelvo los guiños, le sigo la corriente...hasta que me acuerdo.
Me acuerdo de que olvidé cómo se jugaba, de que ha pasado mucho tiempo, de que a mí la duda siempre me revuelve y me anuda, de que tengo miedo, terror, de perderme en la oscuridad, cuando la lucecita me abandone o se aburra de mí.

Entonces cierro los ojos con la fuerza de una tormenta para que se vaya el brillo, para no sentir que ahí está, que lo estoy dejando escapar.

Tanta, tanta fuerza hago, que ya no estoy segura si en verdad estuvo alguna vez allí. Si aún está. Si es quizá la excusa que me invento para llamarme cobarde. O es, tal vez, la verdad que se me escapa, haciendo lucecitas sobre mis paredes.

No hay comentarios: