Somos gente de extraños recursos, somos bestias sensibles con la sangre en el ojo.
Somos gente de bien, de viento a favor. Somos la herencia de los bienaventurados ancestros nuestros, espuma de un mar que nos ha quedado grande.
Somos gente confiada, salimos a esos que dieron la mano y les tomaron el codo. Salimos a la mano de los sin mano, a los que hicieron del arte una derrota y fueron los artistas que nos pintaron las paredes y, de un descuido, el corazón.
Somos los hijos de las buenas sombras, de la gente que se empeña en leerse la buena estrella en la borra del café de todas las mañanas.
Yo soy hija de las banderas rojas que ellos izaron, porque entendieron que entonces era eso lo que había que hacer. Y antes de ellos, de las banderas blancas que otros levantaron, otros que amaron la vida al sol, acariciar la madera fuerte del quebracho, o las páginas viejas de un libro de poemas. Soy hija de ese compendio de posibilidades haciendo espirales en el agua quieta de un río en donde alguien se atrevió a meter un dedo curioso.
De vos me imagino otro tanto. Te veo saliendo de una estirpe cantante y luminosa, de gente que exploró la entraña del mundo, que se preguntó qué había más allá del jardín, o si el verde no podía compartirse de muchos, ser de todos.
A vos te veo en los detalles que hacen la tela del sueño.
Vos también sos un rabo de nubes, parte de este mecanismo con falla que tanto nos cuesta entender, que anda lento y a los tumbos. Pero que anda al fin.
Y con eso basta.
Basta.
1 comentario:
y si... con eso basta. Que bonito!
un abrazo...
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