Cierro los ojos y puedo verlas tan claras como la primera vez.
En una de ellas, Toto le prometía a Elena esperar 100 días con sus noches bajo su ventana: iba a esperarla hasta el día que lo quisiera. Ese día en que ella por fin abriría su ventana y así, tan simplemente, se lo diría todo.
Además de enamorarla, Toto soñaba con el cine y había hecho su nido en la cabina del Cinema Paradiso.
Aquí sentado, el viento me pasa de largo. Juro que a veces me susurra cosas, dichas al pasar, y yo soy el cajoncito de todos sus secretos.
Aquí sentado he aprendido el ritmo de las estaciones, la canción que cantan con sus superposiciones, su discusiones encarnizadas. He aprendido que primero el frío nos hace olvidar las manos y luego el calor las vuelve húmedas y nada se sostiene, todo se nos resbala y cae al suelo, sucio de todo, inutilizable.
También supe prometer. Por primera vez hice promesas, promesas de verdad, con vistas a ser cumplidas. Como esta misma, de sentarme y no moverme, de quedarme esperando todo lo que haga falta.
Hice promesas que voy a cumplir. Las cumpliré, como que soy éste que soy, el que se alimentó de tanta pantalla, de tantos prometidos sueños que iban a cumplirse siempre al final y con un beso.
Aquí voy a crecer, entre los adoquines y la vereda, detrás de la mirada preguntona de los vecinos, tus vecinos que se preguntan qué hago aquí. Yo espero, señora. Yo espero.
Aquí voy a inmunizarme contra la intemperie y los chismes, contra el desamor y el desasosiego. Aquí, bajo la sombra que hacen los faroles de tu calle.
Ya tendré tiempo de ser otro. Ya podré ser uno nuevo de una vez y para siempre el día que me creas. Que me creas y veas que soy el soldadito inmóvil aquí abajo, a donde no llegan los ruidos de tu patio, el revuelo por el vestido que te han regalado, que te hace más grande, que te da la razón.
Ya sabré cómo domesticar tanto demonio, tanta cosa suelta y oscura haciéndome guiños en la noche, la noche de tu calle, que no es cualquier noche, que es un fragmento preciso y azulado de noche, uno que yo me conozco tan bien.
Todo eso vendrá el día que descorras las cortinas y abras tu ventana.
Eso será cuando la luz de tu habitación se les adentre a las luciérnagas que juegan con mis zapatos.
Eso será cuando dejen de perder hojas los calendarios. Cuando pasen los 100 días y haya sido mentira el cuento de ese soldado que se fue con el tiempo malgastado y el amor a la altura de los tobillos. Cuando el mundo y sus recompensas sean para siempre de los corazones nobles que hacen promesas, de los que esperan, de los que sueñan con el amor entre cintas de cine con todos los besos recortados, los que la gente no pudo ver.
Ya será el tiempo de crecer a tu lado.
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