martes, 2 de noviembre de 2010

Tropezada


Qué musical será la caída:
Una hoja en otoño pero con estruendo,
ruido de vidrios rotos al tocar el suelo.
Al volar, al mecerse, los violines,
musical muerte mía,
tan llena de todas las bandas de sonido.

Qué rotundo será el viaje de vuelta,
esquivando todas las señales de stop.
No podré acariciar el aire.
No podré soplar un camino para los pájaros,
para que sepan que les deseo un vuelo seguro.
No podré atajar con una mano los dientes de león,
aquellos que quizá salieron de tu boca,
del impulso brujo de tu respiración
que va y vuelve
allá abajo.
No podré ni siquiera verte ir y volver
allá abajo.

Qué anónima será la caída
aunque mi nombre lleve.
Aunque lleve mi nombre o el nombre propio de una precisa,
concebida y felizmente esperada ilusión.
Ilusión hijo, legado,
dueño de toda una franja de futuros.
Tendrá la tristeza de mil tropiezos
y sonará a niño
con las rodillas partidas de un golpe.
Caída sin dueño,
cuerpo que nadie querrá reconocer.
Caída a lo bruto y en silencio
de fiesta que no se puede disfrutar.
Cuando caiga será el día más viejo del año:
viejo como un par de zapatos de andar infancias,
viejo como el gusto a sangre que tiene el fracaso.
Viejo como los viejos más olvidados de los asilos,
como las ruinas muertas,
como la desnudez
y el adulterio.

Viejo será ese día
y no habrá más nada que hacer.

1 comentario:

Silvina dijo...

sencillo, profundo, triste, hermoso... ya te dije todo lo que tenía que decirte..