jueves, 4 de noviembre de 2010

Sombrero y nubes


A nuestras nubes negras y porque las soplemos lejos de aquí.


Mientras exprimo mi nube negra y dejo que chorree todo el gris, de manera que quede margen y nube para el día que empieza, tarareo, lagrimeo y pego el estirón. Todos los días crezco centímetros que no salen en ninguna regla, que rayo en los marcos de las puertas que van de este día al que viene después. Todos los días descubro, con sorpresa, otras manos en mis manos y nombres que se me han quedado enganchados al tobillo, nombres que he caminado, nombres que arrastro.

Canto agua y te acaricio. Canto y así debe ser que es la tristeza, así será llorar desde una esquina, la historia y oficio de la garganta: sacarse todo el dolor sin humedad, con cadencia musical de río.

Camino la última calle y suben desde una alcantarilla los olores viejos. Así me perfumo yo, y por allí ando, oliendo a tiempo. Todo por si, suspendida en un segundo, planea sobre mi cabeza la felicidad , la misma que fue una vez un móvil de barcos, nubes y peces colgando sobre mi cuna.

No paso por las puertas de las academias. Sólo quepo en los bares y en las cervezas sin olas ni espuma que me sirven en vaso inclinado. No paso por las aduanas, no llego a tu casa ni en horario a ninguna parte: me quedé dormida y cambió el aire.

Me arrimo a esas sombras como un perro de la siesta. Me hamaco y levanto el polvo de este vuelo frustrado, mi despegue de alas empapadas.
Estos son los días subterráneos. Los dibujo con vapor y aliento en todos los espejos, los dibujo para poder borrarlos de un manotazo. Yo y mi manía de querer limpiar los días.

Y sin embargo, mientras exprimo mi nube negra siento las cosquillas del cielo despejado. Quiero decir, nobleza obliga, que no me queda más que sacarme el sombrero ante los azules que distraen mi tormenta inminente. Me enseñaron a agradecer el aire y los regalos, a aplaudir las treguas y firmarte siempre la paz.
Por eso me saco el sombrero. Ante los espejos que no hemos roto aún, los que hacen durar la tarde como si todo fuera empezar. Ante la canción salvavidas que nos naufraga y, de un sacudón, nos rescata para decirnos que hay que saber nadar la noche.

Ante la paciencia del mundo que abre el abanico de posibilidades sin que aún me anime a elegir yo. Ante el beso que tenés guardado y, por las dudas, fuera para mí. Ante la voz ajena que me completa y me suena a que queda mucho por cantar. Ante los techos y su debajo, donde siento y escribo más de burbujas que de piedras, más de sueños que de fórmulas, más tus ojos que la cúspide de los monumentos. Ante las manos de los otros, las del cansancio de ofrecerme asilo en el espacio de un pañuelo. Ante la verdad vergonzosa de que fuiste mi puerto una vez, de que eras mis versos, mis reveses y el embrujo que quería aprender.

Me saco el sombrero ante su sentido de la justicia y la memoria de la que cuelgan todos mis ausentes. Ante la ternura milenaria de mis amigos y la torpeza con que lo demuestran. Ante el hueco de la guitarra, allí donde vive el deseo peligroso de torcernos el rumbo.

Mientras exprimo mi nube negra y hago cuentas, mientras me envuelvo en sábanas hechas de puros retazos, no puedo más que sacarme el sombrero.

Aunque no tengo, me lo invento para mostrar mis respetos. Que es como brindar a la salud de lo que espero, de lo que dura y de lo que tengo.
Me saco el sombrero pero siempre lo devuelvo: corren vientos de agua, si se me volara ¿que sería de todo lo que llevo debajo?

2 comentarios:

Unknown dijo...

hermoso tu relato como todos los que he leido de ti!!! me inspiras a soñar y esos sueños me hacen muy feliz,, gracias por escribirlos y darme la oportunidad de poder leerlos....

Val dijo...

Tenés cada ocurrencia... y ojo, que no lo digo como cuando un mayor se lo dice a un niño ante ideas que ellos consideran demasiado locas, o quedan pensando en cómo se les podría haber ocurrido. Te llevo un poco a la historia del Principito, por ejemplo. Tenés cada ocurrencia... cada combinación mágica de palabras. Unís dos palabras que no sé si a alguien más alguna vez se le podría haber ocurrido colocar juntas, y ese par tan distante ahora es una sola cosa, es magia. Pura magia. Y por eso vuelvo, y sigo volviendo a este borrador. Porque salgo siempre con una sonrisa, un suspiro, y una especie de calma en el alma. Gracias.