No entiendo bien cuando la gente habla de las pasiones. Supongo que una palabra como esa, tan grande y tan decidida, me anula un poco y me da miedo usarla.
Sin embargo, sí que conozco apasionados, esa gente que cuando hace lo suyo a mí me hace temblar.
Cuando me preguntan por las mías miro a un costado. Creo que las tengo en la punta de la lengua y no sé decirlas. En cambio, me pongo a hablar de otras cosas, de lo que me hace pasar buenos ratos, de lo que me vuelve en el tiempo, de lo que me calma y me levanta sin esfuerzo.
Hablo de un juego.
No sé explicarlo, es como un paréntesis que no dan ganas de abrir, el resto del texto es siempre prescindible. Es el detalle, esa aclaración que me explica casi por completo y en cambio a mí me cuesta tanto entender.
Cuando juego a mi juego yo siento que despierto, que empiezo de nuevo el día y aún el rumbo largo y definitivo, ese que estrené a principios de un mayo. Planto bandera y hay una tregua que dura lo que la canción, una musicada tregua entre el mundo y yo. Juego y se acaba el ruido, el alboroto de lo que hay que hacer, de lo que está roto, de lo que no vuelve.
Me abstraigo cuando juego, como los nenes, y nunca sé qué ocurre afuera. Soy lo más primario de mí, no me molestan las luces ni las miradas, por dentro cierro los ojos y juego.Quizás viajo, sobrevuelo con la voz todo lo que extraño, a mis muertos, a mis lejanos. Acaricio la espalda de algún amor vencido, porque en su nombre también canto y en el nombre de todo lo que no fue.
Cuando juego me entran unas cosquillas desde las manos y hasta todo el cuerpo, entonces la voz sale sola, empujada por no sé qué fuego, por no sé qué cauce de cuál río. Cuanto canto siento luces creciéndome por dentro, latiéndome fuerte en alguna parte que no puedo ver.
Cambio papeles y me tomo licencias para gritar lo que me embronca o develar la ternura que se me esconde, para decir las ausencias callando los ausentes, para denunciar sin carta a documento, y llorar salpicando sin derramar una lágrima (o derramándola en secreto, y ahí está la magia).
Como con casi todo, me cuesta jugar sola. No es que no pueda, es que no tengo ganas: necesito compartir la sensación, el paréntesis, las cosquillas, la tregua y la voz. Para que mi juego sea completo necesito que alguien me acompañe y suene conmigo.
En mi desorden, me hace falta quien me recuerde de qué iba el juego cuando en el apuro me olvido o cuando me mareo y lo hermoso empieza a perder sentido. Porque ocurre a veces que el cielo amenaza con tormenta y a mi me da por levantar todo y tirar los tableros, cerrar las cajas y preguntarme qué hago yo, si sólo me entretengo, si no es mejor entender que nada serio se hace jugando.
Para no perderme en el camino y seguir jugando es que canto acompañada. Entonces a la magia del juego se le suman otras magias. Por ejemplo, los colores. Una siente que las cosas cantadas de dos salen de colores, que me mezclan y se revuelven y el todo se vuelve mucho más que la suma de las partes. Por ejemplo, el envión, la fuerza doble que empuja todo lo que va saliendo, todo lo que hay por decir. Por ejemplo, los encuentros.
Porque hay alguna magia, yo sé, en sentir que la canción es un barco, un barquito frágil, que hay que hacer llegar a buen puerto, que siempre ayuda pero que también tiene que dejarse ayudar.
Yo necesito que me lo recuerden. Que, de vez en cuando, me cuenten porqué me gusta tanto este juego y qué hay de mí en todo esto, que es como decir qué cosas mías se pierden sin me falta, si decido que es el final del juego.
Necesito creer en mi juego y seguir jugando. Necesito creer y seguir cantando.
5 comentarios:
creo que estas equivocada, nunca hay un último tren, pq hay trenes que pasan fuera del horario establecido y si sigues esperando en el andes es pq has llegado tarde o pq realmente quisiste dejar escapar el tren que esperabas pq te gusta más el andén.
un abrazo
No sé si sea cuestión de tiempo... No siento que sea tarde o temprano para jugar, sino que a veces me pregunto si debería jugarlo o no...
De todas maneras, siempre me gustaron más los andenes que los trenes.
otro abrazo
que lindo lo que dice, y que lindo que ese pequeño espacio de magia sea compartido... a mi también me gusta más de a dos, es el empujón que falta pa largarse, es el hombro que sirve de apoyo, es la mirada cómplice, es saberse acompañada en ese juego, es una vez más coincidir y creer.. gracias por eso, se la quiere...
Creo que de eso se trata una
pasión .
De jugar eso que nos hace bien .
El juego propio ... que no necesita ser recordado más que por nosotros mismos... porque a veces se puede parecer al del otro, pero siempre va tener matices propios, que lo hacen único.
Espero lo mismo... No te olvides de jugar.
Besitos.
La tristeza se suaviza,
la turbulencia del enojo se arremansa.
Sé que olvido no hay,
me consta el rigor de la memoria.
El tiempo es mi aliado,
su paso imperturbable
adormece la herida.
Los suspiros funcionan
como un gas que me alivia.
Las fibras laceradas
zurcen un nuevo tramado,
elaboran el cableado elemental
que me revive.
Las voces del pasado palidecen.
Un nuevo canto empieza.
No todo ha sido en vano.
El corazón recupera su músculo.
bolaños.
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