La última vez fue allá.
Yo me había encerrado en mi habitación y, en tinta roja, había desgajado meses y meses en algunas líneas. Vino con paisaje en movimiento, alguno que entrara en la ventanilla de un tren, y con un punteo pegajoso adherido a ella como una flor en la solapa.
Vino bajita, como si apareciera en puntas de pie. Con cuidado la arropé y la traje conmigo.
Al principio le fue difícil acomodarse. Claro, ella tenía otros aires y la timidez propia de una novata (más le gustaría 'amateur') y de una extranjera.
Con el tiempo, ya más en confianza, tomó altura y fuerza. De nombre sencillo y sin mayores pretensiones, se ganó los oídos, se dejó compartir, se hizo entender y se quedó.
Desde entonces, en su compañía, no hice más que preocuparme. Yo la quería, con el afecto repartido que he tenido siempre. La quería aún cuando algunos fines de semana me aburriera, por lo repetitiva y, pobre, qué culpa tenía, por mis ansias de novedad.
La quería pero asustaba que fuera ella la última, que yo me hubiera secado ese día que llegó y ya no tuviera nada más para dar.
Fueron meses de buscar algo nuevo, de volver a los papeles viejos, de tararear melodías atoradas. Fueron meses de frustración repitiendo viejas fórmulas y casi tirando la toalla.
Pero esta semana, entre el calor y el tedio, se torció la racha y por fin vino.
Era la siesta y me había sentado escribir lo que creía que era alguna que otra frase atascada, de esas que sueño o me bailan en la cabeza como queriendo salir. En cambio, eran versos rimados, contados, casi cantados. Eran un regalo o un beso secreto de alguna de todas esas musas que tanto nombré.
Y así llegó ella: apurada y urgente, acelerada, llena de cosas para decir. Se declaraba inútil pero prometía el universo si se le daba su tiempo, y su lugar.
Llegando tarde pero revolviendo todo al pasar, hablando con seguridad, sonando a 'aquí me quiero quedar yo'. Así llegó.
Me alegra, cuánto me alegra su venida que no anunció ningún colibrí, que fue por la puerta de atrás y haciéndose esperar.
Cómo me calma y me despierta, cómo me consuela y me enamora que venga una canción.
Que vengan las que siguen. Que vengan otras, muchas más.
2 comentarios:
:)
comparto la alegría! además ya tuve el honor.. y, ¡qué bonita es!
nada de secarse, son tiempos, y ahora vendrán unas cuantas, estoy segura!
abrazo grande!
No te seques todavía, la vida siempre tiene algo que regalarnos, y tú tienes capacidad de sobra para comerte el mundo, y para llenarte de cosas bonitas.
Que te rieguen con amor de bueno y cariño, eso es lo importante, y que una, si los demás no lo hacen, busque dentro de sí misma, ese es el secreto, es dificil, pero se consigue. Todo está dentro de cada uno. Sólo hay que potenciarlo, y sacarlo. Un beso fuerte,
Publicar un comentario