lunes, 4 de mayo de 2009

Desgajando otra espera


Qué duras tus costuras, los huecos por donde siempre hacés agua. Qué duro que sabiendo que es una locura te vuelva a esperar.
Y que otra vez resten las horas todo lo que se hacía extrañar. Y que otra vez sume motivos el desencanto, que se queda como una pelusa, pegada a las esquinas más sucias, de tan olvidadas, del corazón. Y otra vez duele, pero de otra forma, nunca verte llegar. Duele adivinarte, mirá qué cosa, como una pitonisa que ve la muerte en la mano de quien había querido querer, ya hace tanto que, quién sabe, quizá ya no valga de nada.

Qué jodido que haya dejado de correr el viento que te arrastra y te hace remolino donde no pueda sufrirte yo. Y qué jodido que la que solía llevarte de mascarón de proa, siempre tan cerca del pecho, sea la misma que se decida a quemar las naves y la misma que, por fin, se quede a morir con el barco, la capitana en su naufragio, igual de sola.
Me da por lagrimear tanto desencuentro, especie de yuyo invasivo que no deja crecer las flores, tanto que yo las había cuidado, tanto y tanto de esperar la primavera. Y me preocupa que esta tierra quede yerma, cansada de crecer brotecitos quebradizos que ahí abajo siempre se quedan.

Me da miedo, tanto miedo me da, que no me quede nada más que dar cuando además se me vuelen, del miedo, el llanto contenido y hasta la palabra agolpada de puro maltrecha en el corazón. Miedo de que ni la palabra prospere en el vacío este que se me empieza a hacer piel, que se me empieza a hacer voz, a ser vos.

Cómo aturde que quede el mundo dado vuelta, con lo complicado que se está haciendo enderezarlo y echarlo a andar. Yo no sé cómo se le da una muerte digna a las cosas que debiéramos de una vez enterrar, no sé cambiar de aires y por eso es que vivo intoxicada. Yo no sé y no sé con qué ganas aprenderé la ciencia del tropezón mil veces con la misma piedra, no sé siquiera si quedarán ganas todavía de andar. Y andar, y andar, llamando por lo bajo al niño de mis ojos, haciéndolo canción, como si la flor hiciera primavera...y no, eso sí que no.

Qué duro que faltes otra vez allí donde alguna vez te esperaba.
Qué jodido que eso remueva tanta agua turbia.
Qué miedo que toda esa oscuridad se me quede dentro.
Y cómo aturde, cómo aturde saberlo todo así.





3 comentarios:

Anónimo dijo...

"Habrá que creer" y hay tantas cosas en las que creer, como también hay muchas otras de las que descreer. Y de éso se trata, de no "parar el reloj infantil", de no anclarse y de no dejar que el viento deje de correr y de arrastrar, porque lo que el viento se llevó a veces es preciso que siga lejos. Por lo pronto acá hay alguien que siempre llgará a cualquier lugar :)

lu dijo...

bueno, yo sé de esperas. las viví siempre, y ahora, como sabrás, también vivo una, y muygrandes.

el otro día pensaba, cuánto sufrí esperando, de haber sabido qué pasaría, habría estado más tranquila. tanto tiempo ahogada en la incertidumbre...

y ahora, pensé, no se lo que va a pasar, realmente no lo se, pero quiero esperar tranquila. todo llega un momento u otro mientras no hayamos dejado de esperarlo.

no desesperes en tu espera. que el rato menos pensado, lo que te desvivís ansiando, va a estar a tu lado.

Mel dijo...

:) jajaajja, qué lindo es repasarte y repsarnos, en los comentarios!!!!