martes, 6 de septiembre de 2011

Omnipresencia

octubre de 2008


Practico la omnipresencia porque no me decido del todo en dónde estar. Por eso y porque permanecer en un lugar queriendo estar en otro es, al fin, estar parado en ninguna parte. 
Estoy en todos los sitios porque así no tengo que renunciar a mis lugares soñados por mis lugares obligados.

Igual, no te creas, tiene sus serias complicaciones. A veces, por ejemplo, laburo y vacaciono al mismo tiempo: tomo sol en las playas del norte más impensado del Brasil y, mientras, me encierro en una oficina tapada de papeles y tazas de café. 

El problema es que, de vez en cuando, me desfazo de tal manera que termino bronceándome con rigor de cumple-horarios y acomodándome con reposera y jugos tropicales junto a mi escritorio. No es gracioso, sobre todo cuando la sorprenden a una las quemaduras de tercer grado o los jefes indignados.

Sé, de todas formas, que es un generoso precio a pagar si tenemos en cuenta las tremendas ventajas que ofrece elomnipresentismo. 


Los sábados, el mejor plan es tenerlos a todos juntos.
Uno de tantos, volví a casa borracha de un fernet en lo de un amigo, cinco cervezas en un pub, dos vinos del asado familiar y cinco copas de champagne del brindis por el comienzo de las vacaciones. Es fantástico disfrutarlo todo sin tener que renunciar a nada (a menos, claro, que eso se prefiera). 
Ni qué decir de las mañanas de lunes: no hay placer como el de ir al laburo sin dejar de levantarse a las doce. Nunca llego tarde a ninguna parte porque no tengo nada más importante que hacer o, mejor dicho, lo estoy haciendo de cualquier manera.


Las satisfacciones de este método son, como verás, inmumerables e inmejorables. Todo es más sencillo para quienes no dejamos de estar en ningún lado. Se podría decir que explotamos la vida y sus rincones como nadie o como todos al mismo tiempo.

Pero, en fin, esto no es una publicidad de un servicio que debieras adquirir urgentemente (aunque, también: te lo recomiendo, te va a encantar). 


A lo que quería llegar: si estoy en tantos espacios a la vez es también, o sobre todo, porque siempre, o casi siempre, me gusta estar a tu lado. Cada vez que estoy en simultáneo en los lugares más dispares, siempre en algún pequeño refugio, en una esquina, en un zaguán, en un callejón o en un colchón, estoy con vos. 
Yo me divido (¿o me multiplico?) porque no me gusta que pase un rato sin tenerte a mano. Porque ya quisiera tener algún control del tiempo para volver a todo el que hemos perdido sin conocernos, sin mirarnos, sin hablarnos del clima, del mundo o del amor. 


Ahora que ya nos encontramos, no me queda más que ganar tiempo visitándote a todas horas y jurándote que aunque tu abrazo no me deje ir, no tengo planes de moverme en esta vida de donde te quedes vos.

Ahora mismo, mientras te escribo, espero el colectivo hasta tu casa, te llamo desde el laburo, y nos besamos en el balcón de un hotel.





Estar en todos los lugares se siente más o menos así...
(El carnaval de Arlequín, Joan Miró)

1 comentario:

Val dijo...

Nunca la pierdas. Es algo mágico la omnipresencia. A mí a veces se me da.