viernes, 13 de mayo de 2011

Persianas abajo (yo no quiero saber de nada)

Yo no quiero saber de nada.
No quiero saber
si es que me cerré o me han cerrado
la puerta, el pecho.
No quiero saber si corre el viento
desde donde sos vos.

Yo no quiero saber nada
que no sea algo así
como el perdón de mis pecados
el final de la espera
el itinerario del beso demorado
(dónde estabas vos cuando yo...
dónde estabas...)

No quiero saber
el futuro de mis cartas
ni qué haré para no enviártelas
ahora que digo que pienso
que ya no quiero escribirte más.

Yo no quiero saber de nada
que no sean enviones,
nada fuera de los saltos
que doy para bajar de la cama
y arrancar el día
(y arrancar de día
y arrancarle al día alguna cosa),
nada que no sea espejo en sonrisa,
nada que no venga indocumentado
desde el fondo mismo del corazón signo-de-pregunta
que soy de a ratos.

No quiero saber del rencor guardado
o del afecto embarrado de obsesiones
que ni se resuelven ni se truncan
en amor desinteresado.

No quiero saber de lo que no vuelve,
no quiero soñar más ciudades que no existen
ni inventarme un encuentro definitivo.
No quiero saber tu nombre,
ni leer lo que leeríamos de compartir la biblioteca,
la página, la siesta con mandarinas
que me hace tan bien.

No quiero saber sus números de la suerte,
sus recetas ready-made,
la respuesta correcta,
el miedo ajeno
la canción impermeable,
la mentira a cara limpia,
las verdades estratégicas.

Yo no quiero saber de nada.
No por ahora.
No hasta previo aviso.
No mientras se me seca la ropa
de la tormenta que hubo ayer.
No mientras, sin fuego
voy quemando algunas naves,
algunos restos.

Yo no quiero saber de nada.
Nada de nada.
Bajé las persianas
y ya es tarde.
Y hace frío.
Y hace rato que no duermo.

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