No voy a dejarte en la oscuridad. Es una promesa.
Yo voy a prender la luz. Yo y los que vienen conmigo, que somos varios...No muchos, pero yo digo que suficientes. Tendrá que alcanzar con nosotros. Con nosotros y los que con nosotros quieran venir, los que se dejen pintarrajear de memoria, los que se contagien de esto que duele sin reposo pero que tan vivos nos tiene...tan vivos...
Y si la luz es mucho, si se me escapa por las manos, si se derrite antes que llegar a vos, haré lo posible, lo otro, lo que sí esté en mis manos. Voy a ser la de las antorchas, los fósforos, las luciérnagas. Voy a ser la que invente el fuego, pero a oscuras no te vas a quedar.
Ya sé que suena a que no, a qué estás diciendo...pero si me conocieras mejor, me creerías.
Es que, de mí tenés que saber algunas cosas. Unas pocas cosas que me pintan de cuerpo entero, así de sencillo es mi mapa, unos cuantos caminos y todos a Roma (o a París, que me gusta más).
No sé hablar. Las palabras se me enredan todas, se alborotan por salir o se retoban, según el día y el interlocutor. A veces tengo un mundo en la boca y otras me anulo por miedo, por respeto, hasta por amor.
Y como hablo mal y pronto, entonces escribo. No lo elegí. Me vino como una pulsión primera, el acto reflejo del martillo en la rodilla, no lo sé. El caso es que cuando escribo siento que me escuchan, que algo se mueve dentro mío, que del otro lado hay algo más que viento.
Soy torpe para casi todo, y exagero. Tengo más miedos que años y sigo buscando, como en el fondo de un pozo, las razones que me pegan a la tierra, las cosas que me rompen en pedazos y las que me vuelven a armar. Me asusta tener que bucear para encontrarlas pero me aterroriza la posibilidad de que siempre hayan estado en mis manos y la verdad sea, al final, esta forma que tuve siempre de mirar a todos lados o la primera luz que se ve desde la ventana de mi cuarto.
Me envicio, me desvelo, me deshago fácilmente, me pierdo el rastro de vez en vez. Y también canto, cuando todo eso o cuando no, para curar o para que duela más, como una caricia o un alarido, canto...tan débil soy que cantar es mi mano alzada y fuerte...
Con todo esto nada más quiero decirte que no tengo fórmulas del éxito, pero juego a que me las invento. Así somos los tercos: cuando hemos perdido hasta el nombre, seguimos revolviendo el polvo. Con los ojos gastados de tierra y el corazón en la mano, seguimos, casi siempre, porque no hay otra. Por eso y porque hay algo que nunca nos quitan, que no se nos ensucia, que no se nos pierde. Y es la pasión. La tinta roja con la que escribo, la de mis banderas y mis puteadas, la que me empujó a hacer el camino inverso cruzando el mar.
La pasión de ser lo que se pueda, pero con fuerza y hasta el fondo. La pasión que me une los apasionantes, apasionados amigos míos. La que me mareó de colores algún día en la primera infancia, o más tarde, cuando el mundo se dio vuelta y quedé con los pies en el aire, bocabajo a un tiempo de sangre y cosas que no conocía yo.
Y con eso, con tan poco, voy a prender la luz. Será quizás intermitente y tenue, pero toda mía. Toda tuya. Yo te lo prometo. No sé hablar pero tengo palabra. No me conocés pero yo te sé de memoria. De memoria: ahí te guardo y te acuno.
Ya no me quejo, es una tristeza heredada y compartida; la historia es, dolorosamente, mucho más larga que vos y yo.
No me quejo pero tampoco me duermo. Cuando me descuido me despierta la sangre y su cauce que suena, a cosa vieja suena, y me da un sacudón. Me despierta para recordarme que mi compromiso es la luz. Cargarla. Y llevártela. Para que no te quedes en la oscuridad.
La memoria me prohíbe apagarme. Hay que alumbrar todos los frentes, el camino por delante y hacia atrás.
Y si todos se cansan, voy a quedarme igual. Yo voy a ser la del frasquito de luciérnagas, para que no te pierdas de vista, para que no te quedes en la penumbra que no elegiste, en la que te arrojaron sin preguntar.
Yo voy a cuidar que no te quedes en ninguna oscuridad.
Es una promesa.
No me conocés, pero es verdad.
5 comentarios:
Te mando una luciérnaga para tu frasquito. Y meto un fósforo en tu bolsillo. Para cuando quieras encender más luz.
Me ha encantado el post y descubrirte poco a poco mientras te leo.
besotes de esta peke.
pd. te esperopor mi rincon con tu taza de cafe, siempre que quieras...
Tu fuego siempre andará ardiendo...
y de tanto en tanto avivará, carbones que pierden la memoria de cando andaban soltando chispitas al sol...o encendiendo otros, que ni sabían que podían....
y yo no te conozco...pero algo me dice que es verdad.
Y me sonrío.
Y te mando un abrazo
A todas, muchas gracias por la luz...gracias por el fuego. Hacen falta muchas manos para iluminar mejor,para ayudar a iluminar.
Gracias, Valebé, por la luciérnaga y el fosforito. Cuando vaya de recorrida prendiendo farolitos, te aviso así me das una mano!
Seguro que andaré por allí, peke, a un café no me niego nunca :)
Gracias, violeta...tampoco te conozco, pero si te gusta avivar la memoria y dar un abrazo, entonces es como si te conociera, y qué bueno que sea así.
otro abrazo!
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